Las mociones pasan, los problemas perduran

 

Una cosa es la política otra la politiquería, y casi siempre, en la mayoría de la prensa, se utiliza principalmente la segunda pasando por alto la primera; también es algo que suelen hacer los pretendientes a gestionar el Estado. El espectáculo al que hemos asistido estos 13 y 14 de junio en el Congreso lo ilustra perfectamente.

 

Desde el registro de la moción de censura de Unidos Podemos hasta su debate en el parlamento transcurrieron 25 días, periodo durante el cual, ésta, ha ocupado la mayor parte, no solo de la prensa escrita, pero también de los informativos y tertulias, tanto radiofónicas como televisivas.

 

Hoy, la moción de censura pasada a la historia, las páginas de periódicos, los informativos y tertulias siguen dándole vuelta a la cuestión al derredor del resultado. Resultado, dicho sea de paso, conocido apenas anunciada, pues el conjunto de los partidos con representación parlamentaria habían, en ese momento, sentenciado su posición.

 

En realidad, el objetivo de esta moción de censura no era nada  más que una respuesta táctica, por parte de Unidos Podemos, a la hipotética victoria de Susana Díaz en las primarias del PSOE, y esto digan lo que digan sus líderes. Como mucha gente, yo incluido, Unidos Podemos se equivocó vaticinando la victoria de Díaz.

 

El hecho de haber considerado la posibilidad de retirar su moción si el “nuevo PSOE”, bajo la dirección de Pedro Sánchez, presentaba la suya, dice lo suficiente sobre la intención de Unidos Podemos. Pablo Iglesias, según sus propias declaraciones, está dispuesto a apoyar una eventual moción de censura del PSOE y ve lógico que sea Pedro Sánchez el futuro presidente del gobierno.

 

Entonces, en qué quedamos, ¿Nos representan o no nos representan? Como siempre, Unidos Podemos se tambalea entre quiero y no quiero, aunque esta actitud lo conduzca a aceptar hoy lo que refutaba ayer y viceversa. El veto a Ciudadanos es únicamente el pretexto que le servirá para escapar de la ratonera si no puede comerse el queso con tranquilidad. 

 

Una moción de censura debería ser a la vez la consecuencia y la espuela de una movilización creciente en las calles, por parte de la clase trabajadora, oponiéndose a las condiciones impuestas por la patronal vía el gobierno. Pero está claro, por lo menos desde mi punto de vista, que los intereses de la clase trabajadora no son la prioridad de Unidos Podemos en la moción de censura presentada.

 

De la misma manera que hasta ahora las decisiones políticas tomadas por Unidos Podemos tienen, exclusivamente, un carácter táctico y con un objetivo esencialmente partidario, la aplicación de su máxima “un pie en la calle y el otro en las instituciones”, además de haberla utilizado concretamente con escasez, cuando lo ha hecho, también ha sido con un objetivo partidista.

 

Quizás esta situación no sea ajena al millón de votos perdido por Unidos Podemos entre dos elecciones y que la confianza depositada en él, por una parte de la Izquierda, se esté erosionando. Por muy vieja que sea la idea, la clase trabajadora no tiene que olvidar, que con pactos o sin ellos, con mociones abortadas o llevadas a cabo, hasta ahora, todas las conquistas y cambios reales, han sido el fruto de las movilizaciones en la calle.

 

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