Cataluña: ¿Problema u oportunidad?

 

El problema de las relaciones entre Cataluña y el resto de España, así como su encaje en el estado español no es un problema de hoy, sino que lleva siglos pendiente. El hecho de que las elites españolas ahogaran siempre por la fuerza las experiencias liberadoras y democráticas tanto del Siglo XIX como del XX (Cortes de Cádiz y las dos experiencias republicanas) hicieron imposible que en España se configurase una noción única para un estado y ha venido marcando una realidad plurinacional, donde las respectivas oligarquías tanto centrales como periféricas, unas veces peleándose, otras pactando por el reparto del botín, han dejado siempre al pueblo al margen de las decisiones importantes. El modelo de estado central con un concepto de España único, con una lengua, una religión y un Rey, diseñado desde el centro, pese a la sangre y fuego usado en épocas diversas, no logró eliminar ese sentimiento de pertenencia a una comunidad nacional diferenciada de diversos pueblos de España, en particular del catalán y del vasco.

 

La Constitución de 1978, con el llamado Estado de Autonomías, sólo sirvió como una tregua a un problema de encaje territorial y político, que funcionó mientras los corruptos de ambos lados, los Bárcenas y los Pujoles, y el gran capital central y periférico, pudieron repartirse lo que mutuamente obtenían de la explotación de las clases populares. Pero la llegada al gobierno de Jose María Aznar, con mayoría absoluta, y la posterior impugnación del PP del Estatuto de Autonomía aprobado en Referéndum en Cataluña, que previamente ya había sido cepillado por un acuerdo entre Mas y Zapatero, al margen de la legitima representación del parlamento catalán, hizo tambalearse dichos frágiles acuerdos. A la par, vino la crisis económica de 2008, el desmantelamiento de lo poco que había de estado del bienestar y ello hizo que mientras en gran parte de España dicho descontento popular se canalizó primero en el 15-M y luego en Podemos, en Cataluña se derivó hacia el independentismo, obteniendo una importante victoria y logrando eliminar de la primera escena política a personajes que antes parecían intocables como Pujol o Mas.

 

En ese contexto se produce la crisis actual, que ha tenido como reflejo mayor el Referéndum del 1-Octubre, en el que las derechas españolas, y en parte el PSOE, lejos de buscar una forma pactada y con garantías, han preferido usar la vía de la imposición para impedirlo. Pese a ello, y no alcanzando el mismo una forma de referéndum con garantías, porque no se les dejo hacerse así, el 1-O ha sido una muestra de movilización popular como no se recordaba en Europa Occidental desde hace décadas. Y la respuesta de la derecha española ha sido la de siempre con los problemas nacionales y sociales: mano dura, policía y guardia civil.

 

Todo ello nos lleva a una tesitura muy complicada, que se puede complicar más si el 9-O el Parlamento de Cataluña aprueba la Declaración Unilateral de Independencia y si el PP, azuzado por tertulias irresponsables de Madrid, por Cs y el señor Rivera y ahora parece ser que también por el Rey, optan por suspender la autonomía, vía Art. 155 de la Constitución, mientras el PSOE se pone de perfil,  o si deciden enviar más cuerpos policiales e incluso militares para doblegar al gobierno, al parlamento y a un sector muy importante de la sociedad catalana.

 

Por lo tanto, nos encontramos ante un problema, pero a la par ante una oportunidad para aprovechar el momento y resolver de una vez por todas, con imaginación, comprensión mutua y dialogo, el encaje de Cataluña en el estado español. No es la hora de llamar a la confrontación entre españoles/as y catalanes/as, sino de mirarse a la cara y discutir como podemos entendernos y sobre todo, como podemos colaborar los pueblos, dado que los/as caciques y corruptos/as parecen no hacerlo. Creemos que es el momento no de incendiar más, sino de enfriar el ánimo, y de abrir mesas de diálogo que permitan que se pueda decidir, en Cataluña y en España, sobre cosas que nos han impedido en los últimos años. Una, sobre dicho encaje territorial, que entendemos que sólo puede solucionarse con un referéndum pactado, con garantías, con mayorías suficientes etc., al estilo del de Quebec o Escocia. Pero también que podamos decidir si queremos que este estado sea o no una Monarquía, si queremos un estado laico o aconfesional, si queremos recuperar la soberanía que nos limitan burócratas desde Bruselas, si queremos decidir sobre qué y cómo producimos etc. Es una oportunidad que se abrió el 15-M y que ahora los sectores más conservadores de la sociedad quieren cerrar aprovechando la crisis de Cataluña. Nosotros/as creemos que es el momento de todo lo contrario, de apostar por la fraternidad entre los pueblos y entre las personas de abajo, que las elites siempre han despreciado, y de solventar problemas históricos de nuestro estado o país, como cada uno quiera llamarlo. Apostamos por un cambio constitucional amplio, que contenga una reforma integral del modelo de Estado, que incluya además de la organización territorial la forma de la Jefatura del Estado y también la forma de ejercer la Democracia. Un cambio que solo será posible con amplia participación social, pues no puede volver a ser de nuevo un pacto de elites económicas y políticas. Si por el contrario quienes buscan la confrontación llevan la batuta lamentaremos en mucho tiempo no haber salido a la calle a marcar la agenda política la ciudadanía, dejando que la marcasen los/as que siempre han sido patriotas sólo cuando les interesó a su cartera o a sus cuentas en Suiza y demócratas sólo hasta cuando tenían que demostrarlo.

 

VERONICA RODRIGUEZ LOPEZ (CONCEJAL DE XIXON SI PUEDE)

RAFAEL VELASCO RODRIGUEZ (ABOGADO)

RUBÉN MONTES LÓPEZ (ARQUEÓLOGO)

ALBERTO MANUEL CABALLERO CARABAL (TRABAJADOR DE HOSTELERIA)

AMAYA ALONSO FERNÁNDEZ (TRABAJADORA SECTOR SERVICIOS)

JESUS FERNANDEZ AGUADO (FUNCIONARIO)

CLARA DOLTRA TAPIOLA (ADMINISTRATIVA)

CARLOS GOMEZ PALACIOS (LIBRERO)

EDUARDO VILLAR RIESTRA (JUBILADO)

ANDRES DIAZ BERNARDO (MECANICO DE FERROCARRIL)

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