Premio Princesa de la Concordia a la UE: Una osadía escandalosa

 

 

Por lo visto la Unión Europea, después de haber recibido en 2012 el Nobel de la Paz  con el beneplácito de gente tan distinguida como Felipe González, Ana Patricia Botín o Ignacio Toxo, deseaba este año un nuevo galardón. Su deseo ha sido satisfecho por parte del Premio Princesa de Asturias otorgándole el Premio Princesa de la Concordia 2017.

 

Si en 2012, el Nobel ya era inmerecido, – la UE no solo ha sido observadora impotente durante la guerra de los Balcanes que duró una década (1991-2001), sino que países miembros de dicha UE, como Alemania e Italia se declararon favorables a la independencia de Eslovenia y Croacia para ganarse sus favores mientras que Francia e Inglaterra se posicionaban en contra intentando ganarse los de Serbia –, el galardón Premio Princesa de la Concordia, no lo es menos.

 

El premio le reconoce a la UE el mérito de haber contribuido en la difusión de valores como libertad, derechos humanos y solidaridad. Sí, incluso los más distraídos de entre nosotros nos hemos dado cuenta de la alta estima en la que la UE tiene dichos valores.

 

Además de haber multiplicado, en un siglo, el número de fronteras por dos, esta Europa “idílica” se ha fortificado detrás de muros y alambradas, en la cumbre de las cuales han añadido concertinas, multiplicando así los obstáculos para protegerse de las víctimas, que sus guerras y sus pillajes continuos, a lo largo de la historia, han esparcido por el mundo, hundiéndolas en la miseria. Esta Europa que ha convertido el Mediterráneo y la periferia de sus fronteras en fosas comunes.

 

La UE está más preocupada por los negocios que puede proporcionar a ciertos países miembros vendedores de armas, (Alemania, Francia) mimando las relaciones, los acuerdos y alianzas con países dictatoriales o monarquías absolutas en los cuales la única ley vigente es la impuesta por el poder establecido: sigues la corriente o mueres.

 

El único logro de la UE, representante supranacional de la burguesía europea, – que en ningún caso justifica el galardón otorgado –, es la unión perfecta de los diferentes países miembros, y  sin discusión, para instaurar una política de austeridad nivelando la legislación laboral por abajo, a fin de incrementar la explotación del conjunto de la clase trabajadora europea. Por una parte, una manera de concentrar la riqueza en manos de una minoría, mientras que por otra se incrementa el deterioro general de las condiciones de vida de la mayoría productora: abaratamiento del trabajo, paro, precariedad y pobreza.

 

Este año, más allá de la tradicional concentración en Oviedo, plaza de la Escandalera, en contra de los Premios Princesa, las Marchas de la Dignidad Asturias (22M Asturias) hace un llamamiento, y con razón, a una movilización para clamar la indignación, la vergüenza y el vómito que provoca la concesión del Premio Princesa de la Concordia a la Unión Europea.

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