Dialéctica de la cantidad y la cualidad (o la medida en Hegel)

Marxismo & Economía

 

En el curso de los debates que he tenido sobre la cuestión nacional señalé que la necesidad de mantener cierto “el sentido de las proporciones”. Por ejemplo, cuando alguien homologó la actual situación de Cataluña con la opresión de Cuba en el siglo XIX. Pero el tema de las proporciones es más general, y surge en los más diversos casos. Por ejemplo, cuando se sostiene que el ejecutivo de una empresa que recibe un salario de 10 millones de dólares anuales “pertenece socialmente a la clase obrera, explotada por el capital”; o cuando se afirma que un país como China es socialista, a pesar del alcance y profundidad que alcanzaron el capital privado y el mercado en las últimas décadas. Es claro que en estos casos –y los ejemplos se pueden multiplicar- aparecen cantidades, que de alguna manera, parecen afectar a la cualidad de los fenómenos que estamos analizando. Así, podemos hablar de una cierta cantidad de ingreso que lleva a caracterizar a un asalariado como perteneciente a la clase obrera, o a la clase capitalista. O de una cierta cantidad de relaciones mercantiles y capitalistas, que nos llevan a caracterizar un régimen social como capitalista (o no capitalista). Es evidente que en todos estos ejemplos estamos lidiando con una cuestión de “proporción”, o medida, que afecta la naturaleza política o social de lo que estudiamos.

En esta nota profundizamos en la cuestión. Tiene que ver con lo que se llama el salto de la cantidad en calidad, o cómo la cantidad afecta a la cualidad. Se trata de una relación clave para la crítica de los enfoques gradualistas –esto es, que niegan la existencia de saltos-, sea de la naturaleza o de la sociedad.

Antes de entrar en el tema, repito lo que escribí en una nota anterior, dedicada a la dialéctica (aquí): no soy experto en Hegel, y mis lecturas se apoyan en los especialistas. En consecuencia, no tengo pretensión alguna de originalidad. El objetivo es facilitar a estudiantes y al público en general el abordaje de una idea clave del enfoque dialéctico.

El tema de la medida es el tema del cambio suficiente

La relación entre cantidad y cualidad es tratada por Hegel principalmente en la tercera sección del libro primero de la Ciencia de la Lógica, dedicada a la medida. La medida constituye la última categoría de la doctrina del ser, y es el puente hacia la esencia, que se estudia en el libro segundo.

De manera significativa, Carlson (2003) comienza el estudio sobre la medida en Hegel señalando que, a pesar de ser un tema extremadamente difícil, se lo puede describir de manera sencilla diciendo que se refiere al cambio suficiente. O más precisamente, las páginas de la Lógica dedicadas a la medida constituyen en realidad una exploración de la diferencia entre el cambio cualitativo y el cambio cuantitativo. Pero, como también señala Carlson, el mismo cambio, en esta sección dedicada a la medida, cambia con relación a lo expuesto por Hegel en los capítulos precedentes. Es que en esos primeros capítulos el cambio es transición, mientras que en la medida el cambio es de cualidad. Para comprender la diferencia, expliquemos brevemente qué quiere decir con “el cambio es transición”; esto también nos ayudará a definir la noción de cualidad, y su primera relación con la cantidad.

Las transiciones hacia la medida, cualidad y cantidad

El ejemplo más sencillo y accesible del cambio que es transición lo encontramos al inicio de la Lógica, en el pasaje del ser a la nada, y de la nada al ser, que da como resultado el devenir (para una explicación sencilla, véase la nota referida antes, Asimismo tenemos transición en las figuras lógicas que vienen a continuación del devenir. Por caso, del devenir Hegel deduce el ser determinado, un tipo de ser que se opone a otro ser (sigo en esto a Stace, 1955). Con lo que llegamos a la cualidad. La cualidad es idéntica con la determinación que define al ser. En otros términos, es idéntica al ser de una cosa y no puede ser separada de él: “… la cualidad de una cosa es una determinación que es idéntica con el ser de la cosa” (Stace, p. 141). Por ejemplo, la propiedad del oxígeno de ser combustible constituye una cualidad sin la cual no existe el oxígeno.

Sin embargo, la cualidad encierra en sí misma lo positivo y lo negativo. Es que por un lado, la cualidad de una cosa constituye su ser. Una cosa tiene tal y cual constitución física, peso, color, etcétera, y en este sentido podemos decir que son rasgos “positivos” que definen a la cosa. Pero al mismo tiempo, la cualidad es negación. Por ejemplo, las cualidades que hacen  que una cosa sea oxígeno también hacen que no sea hidrógeno. Por eso, la cualidad de una cosa, considerada en su aspecto positivo, alude al carácter inherente de una cosa, tal como es aparte de todas las otras cosas, y la cualidad, considerada en su aspecto negativo, es el carácter de una cosa negando alguna otra cosa. Lo cual nos lleva a efectuar la transición al límite. Es que las ideas de determinación y límite se implican mutuamente (pensemos cuando decimos “pongo límites” porque quiero afirmarme, esto es, me determino negando, y por eso mismo me afirmo). De manera que la categoría de límite se deduce (o sea, tenemos otra transición) de la cualidad (Stace, pp. 142-3). Y de aquí la transición a lo finito, ya que lo finito es lo que tiene un límite. Pero si algo está limitado, se sigue que más allá del límite debe de haber “otra cosa”. Por lo tanto aparece (otra transición) el “otro”. Y más adelante en el desarrollo lógico (nos salteamos varios pasos), llegamos al uno y los muchos. Esto es, llegamos a la cantidad.

Un aspecto importante para lo que nos ocupa es que a diferencia de la cualidad, la cantidad en principio aparece como indiferente a la cualidad. Así, por ejemplo, podemos aumentar o disminuir la cantidad de oxígeno, sin afectar su cualidad de oxígeno. Por eso la cantidad se nos aparece como una determinación externa e indiferente con relación al ser de una cosa, esto es, a su cualidad (Stace, p. 141). Dicho en otros términos, en este estadio la cantidad no es cualitativa; sus partes residen una al lado de la otra, incluso como indiferentes. Por ejemplo, la diferencia entre 10 y 11 caballos es meramente cuantitativa, externa; para la cualidad del caballo es indiferente que sea un monto o el otro. Por eso, en este estadio de la Lógica, la cantidad es muy diferente de la cualidad, como si una fuera completamente separada de la otra. Mientras la cualidad es auto-determinación, esto es, tiene su determinación en sí misma, la cantidad es externa a la cualidad. Esta situación va a cambiar en la medida.

La medida, unificación superadora de la cualidad y la cantidad

Al comienzo de la sección dedicada a la medida, en la Lógica, Hegel dice que en ella se hallan unificadas la cualidad y la cantidad. Y en la Enciclopedia dice que la medida “es un quantum al que está ligada una existencia o cualidad” (# 107). Cabe preguntarse entonces cómo es que el quantum adquiere ahora un carácter cualitativo. La respuesta está en la relación. Lo explicamos con algún detalle.

Si, por ejemplo, tenemos dos cuantos, supongamos 6 y 3, que se relacionan de manera solo externa, ambos son mutuamente indiferentes. Sin embargo, si consideramos la expresión 6/3 = 2, el cociente 2 (Hegel también lo llama el exponente) pasa a ser un cuanto auto-determinado, auto-relacionado. Pero todo lo que sea una relación hacia sí mismo es una relación cualitativa. El lado externo puede ser variado (por ejemplo, 12/6) y el exponente no se altera, sigue siendo 2. Este no puede cambiar sin cambiar el otro lado de la ecuación. El exponente, o cociente, (2 en nuestro ejemplo) es, en primer lugar, un monto, un cuanto. Pero en segundo lugar, si el cuanto de uno de los lados de la relación está determinado, el otro se halla determinado también por medio del exponente (en nuestro ejemplo, si el primer cuanto es 12, el otro deberá ser 6). Por eso, ahora los cuantos ya no son independientes, están en conexión. Es que, como señala John Burbidge (citado por Carlson) el medir introduce un acto explícito de relacionar. O sea, al medir reunimos dos realidades que eran indiferentes una de la otra. Aunque es necesario precisar que esta conjunción solo es válida si cada término permite, o anima incluso, la asociación (no tiene sentido, por ejemplo, establecer el ratio entre el peso específico del cobre y la distancia de a la Luna). Pero cuando esta relación es legítima, estamos ante una relación cuantitativa que es esencial a la cualidad.

Para aclarar este aspecto del problema recordemos que la medida implica, en Hegel, proporción o balance (Stace). Por eso está en íntima conexión con la cualidad de la cosa bajo examen. Así, cuando decimos que algo (sea material o espiritual) está bien balanceado, bien proporcionado, estamos haciendo una evaluación también cualitativa, no solo cuantitativa. En ese caso estamos afirmando que sus elementos conservan una relación cuantitativa adecuada. A su vez, si las proporciones varían por fuera de ciertos límites, la cualidad de la cosa sufre un cambio. Por eso, la medida puede ser definida como la dependencia de la cualidad de la cantidad; o la cantidad de la cual depende la cualidad. En consecuencia, se trata de una cantidad que también es cualitativa.

“Todo tiene una medida”

 Lo anterior también lo podemos explicar a partir de la idea que Hegel rescata de los griegos, de que “todo tiene una medida” (CL, p. 287). Con esto está diciendo que la medida atañe a la naturaleza más íntima de la cosa; de ahí que Hegel afirme que “en la medida ya se halla la idea de la esencia” (ibid.). Por eso también dice que en la medida el cuanto no es indiferente a la cualidad. Es que el cuanto, en la medida, es cualitativo, “es él mismo la cualidad”  (CL p. 291). Dice Hegel que si de esto se quiere hacer un principio, se lo podría expresar: “todo lo que existe tiene una medida. Toda existencia posee una magnitud y esta magnitud pertenece a la naturaleza del algo mismo: constituye su naturaleza determinada y su ser-dentro-de-sí. Ese algo no es indiferente frente a esta magnitud, de modo que si esta fuera cambiada, no podría seguir siendo lo que es, sino que la variación de ella cambia su cualidad. El cuanto, como medida, ya cesó de ser un límite que no es tal; ahora es la determinación de la cosa, así que esta, aumentada o disminuida más allá de este cuanto, desaparecería” (p. 291; énfasis agregado).

El salto de cantidad en cualidad

Sin embargo, la relación entre la cantidad y la cualidad no es absoluta. Existe una relación de dependencia, pero con cierta soltura, ya que dentro de ciertos límites la cantidad puede variar sin que se altere la cualidad. Por ejemplo, la temperatura del agua puede subir desde más cero grado hasta menos 100° sin que se altere su carácter líquido. Las proporciones entre los elementos de un ser viviente pueden alterarse dentro de ciertos límites, sin que cambie su naturaleza. Y así de seguido (véase Stace, p. 171).

Por eso Hegel escribe que “…cada ser existente tiene una magnitud para poder ser lo que es, y en general para tener una existencia. Como cuanto [o sea, como simple cantidad, digamos 30, 40, etc.], es una magnitud indiferente, abierta a determinación extrínseca y capaz de subir o bajar en lo más y lo menos. Pero como medida es a la vez distinta de sí misma como cuanto y como tal determinación indiferente, y es una limitación de aquel ir y venir con respecto a un término” [esto es, ya hay límites en relación a cuánto se puede cambiar la medida, o las proporciones, sin que cambie la cualidad, esto se aclara más en el siguiente pasaje] (p. 292). De ahí la idea del salto de cantidad en cualidad. Escribe Hegel a continuación del pasaje:

“Dado que la determinación de cantidad es así, en la existencia, la doble determinación de que una vez es la cantidad a la cual está vinculada la cualidad, por otra vez es la cantidad donde puede sin perjuicio darse aquel ir y venir, ocurre el perecer de algo, que posee una medida, en el hecho que su cuanto ha cambiado”. Aquí Hegel dice que la cantidad, en referencia a la existencia de una cosa, tiene una doble determinación: por un lado, puede darse un cierto ir y venir de la cantidad (o sea, un aumento o disminución) sin perjuicio de la cualidad; pero por otra parte en ese cambio cuantitativo ocurre el perecer de la cualidad. Por ejemplo, cuando la temperatura del agua supera los 100° y repentinamente deja de ser agua líquida para transformarse en vapor. Para tomar un ejemplo puesto por Marx, solo a partir de cierta suma mínima de dinero el maestro artesano medieval podía transformarse en capitalista, esto es, transformar su cualidad social (véase Marx, 1999, p. 374, vol. 1). Sigue Hegel:

“Este perecer parece por un lado como repentino, porque puede cumplirse un cambio en el cuanto sin cambiar su medida y cualidad; pero por otro lado se vuelve en un todo comprensible precisamente por medio de la gradualidad. Es tan fácil asirse a esta categoría, a fin de volver representable o de aclarar el perecer de una cualidad o de algo, puesto que parece que así se puede ver casi con los ojos el desaparecer, porque el cuanto está puesto como el término extrínseco, variable por su naturaleza, y con esto el cambio se comprende por sí mismo como cambio solo del cuanto. Pero en la realidad con esto no se explica nada; el cambio es a la vez esencialmente el traspaso de una cualidad a otra, o el traspaso más abstracto de una existencia a una no existencia…” (pp. 293). En este pasaje Hegel polemiza con la idea de que pueda captarse el cambio cualitativo –o sea, “el perecer de la cualidad”- atendiendo solo a la variación gradual de lo cuantitativo. Esto es pensar que por esta vía se pueda comprender el cambio. Pero es imposible captarlo porque de esta manera se comprende solo como cambio de la cantidad, y no se entiende que el cambio es, en lo esencial, un traspasar de una cualidad a otra. Observemos que por eso este cambio se distingue del cambio que es transición, que habíamos visto en la deducción de las categorías previas a la medida. Ahora el cambio no es transición, sino cambio cualitativo. Se trata del cambio cualitativo desde adentro, del cambio cualitativo que depende del cambio cuantitativo (Carlson).

Hegel señala entonces que ya los antiguos habían prestado atención al hecho de que “un cambio que aparece como puramente cuantitativo se trastrueque también en cualitativo” (CL, p.  293), y que representaron en ejemplos populares “los conflictos que nacen del desconocimiento de esta conexión”.  Por ejemplo, puede considerarse que el arrancar un pelo de una cabeza la convierte a esta en pelada? ¿Puede un montón de grano dejar de ser un montón cuando se saca un grano? Si se saca solo un pelo, o un grano, la diferencia cuantitativa es totalmente insignificante; pero si se repite la operación de sustraer de a uno al final se muestra el cambio cualitativo. Por eso cuando se concedió antes que un cambio insignificante no hace a la diferencia cualitativa, se olvidó que las cantidades insignificantes por sí mismas se suman y que esta suma constituye el todo cualitativo, de modo que al final este [el todo] ha desaparecido, la cabeza es calva y el bolsillo está vacío” (CL, p. 393).

De aquí que afirme que al tomarse el cuanto como un término indiferente “es el lado por el cual una existencia ese halla atrapada y destruida de esta manera insospechada” (ibid.).  Nuevamente puede verse la necesidad de dar importancia a las variaciones cuantitativas, y estudiar si las mismas dan lugar, o no, a cambios cualitativos en las cosas o fenómenos estudiados.

Líneas nodales y saltos

En el Anti-Dühring Engels resume la idea de Hegel del salto de cantidad en cualidad refiriéndose a “la línea nodal hegeliana de las relaciones cuantitativas, en la que aumentos o disminuciones meramente cuantitativas provocan en determinados puntos nodales un salto cualitativo, como ocurre, por ejemplo, con el agua…” (p. 32; véase asimismo Dialéctica de la naturaleza). También en las combinaciones químicas se presentan tales nudos y saltos: los elementos se unen solo en determinadas relaciones cuantitativas, dando lugar a cambios cualitativos (véase CL, p. 322-3). En todas estas relaciones están implicados los saltos de cualidad. Escribe Hegel:

“Los óxidos metálicos, por ejemplo el óxido de plomo, se forman en ciertos puntos cuantitativos de la oxidación… No traspasan gradualmente uno al otro; las relaciones intermedias entre aquellos nudos no dan ninguna existencia neutral, ninguna específica”. Menciona luego los estados del agua, y dice: “Estos diferentes estados no se introducen gradualmente, sino que precisamente el simple progresar gradual de la variación de temperatura se halla de una vez interrumpido y detenido por estos puntos, y la introducción de otro estado es un salto. Todo nacimiento y muerte, en lugar de ser una gradualidad progresiva, son antes bien una interrupción de ella y un salto desde la variación cuantitativa hacia la cualitativa” (CL, p. 323; énfasis agregado).

Luego recuerda que “la representación ordinaria” piensa que en la naturaleza no se da ningún salto, y que cree haber comprendido un nacer o perecer “como un aparecer o desaparecer gradual”. Sin embargo, “… se ha demostrado que las variaciones del ser en general no son solo el traspasar de una magnitud a otra magnitud, sino un traspaso de lo cualitativo a lo cuantitativo y viceversa, un devenir otro, que es un interrumpirse de lo gradual y el surgir de otro cualitativo, frente a la existencia antecedente” (ibid, énfasis agregado).

Una consecuencia de la visión gradualista del nacimiento es la representación de que lo que nace ya está presente, aunque no sea perceptible a causa de su pequeñez. Pero con esto, “se elimina el nacer y el perecer en general” (pp. 323-4). No se puede comprender el surgimiento de lo nuevo; por eso la diferencia esencial, que es propia del nacer, “se cambia en una diferencia exterior, de pura magnitud” (p. 324),

Conclusión

La figura dialéctica del cambio de cantidad en cualidad permite, además, comprender la evolución, el hecho de que, a partir de una cierta variación cuantitativa aparezcan estructuras, o fenómenos, cualitativamente distintos a los anteriores. Un enfoque muy distinto al de muchos ideólogos burgueses que solo conciben el cambio social gradual. Se desprende también que pasar por alto la dimensión cuantitativa –y por lo tanto, pasar por alto la medida- puede llevar a errores importantes en análisis y caracterizaciones. La noción de medida, en tanto reúne la cualidad y la cantidad, superándolas, constituye una forma clave del pensamiento dialéctico, y por ende de la crítica social.

Textos citados:
Carlson, D. G. (2003): “Hegel’s Theory of Measure”, Working Paper N° 66, Benjamin N. Cardozo School of Law Jacob Burns Institute of Advanced Legal Studies.
Engels, F. (1968): Anti-Dühring. La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring, México, Grijalbo.
Hegel, G. W. F. (1968): Ciencia de la lógica, Buenos Aires, Solar/Hachette
Hegel, G. W. F. (1999): Enciclopedia de las ciencias filosóficas, Madrid, Alianza.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.
Stace, W.T. (1955): The Philosophy of Hegel, Nueva York, Dover Publications.

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