Los estúpidos estatutos del PSOE

- Primarias para elegir al secretario general del PSOE

- La voluntad de los militantes se refleja solo en el voto en urna de los militantes al elegir a su secretario general

- El aparato lo forman los militantes del partido que, con las normas estatutarias actuales, han conseguido alcanzar un grado de poder

- Si no se entierra este sistema matará al conjunto del partido, que ya no soportará dos fuentes de pretendida legitimidad

Reunión de la Comisión Gestora el pasado mes de marzo

Los estúpidos estatutos del PSOE amenazan con destruir al partido. A ningún votante de ningún partido le preocuparon nunca los estatutos del partido al que vota, bueno, miento, sí, a los aparatos y cargos públicos de todos los partidos sí les preocupan, es su biblia, el origen de su poder.

Los estatutos son las reglas internas, las normas de tráfico de la lucha de influencias, de la lucha por el poder y, con él, de sus privilegios: diferenciación, posición social, buen salario y sus accesorios: despachos, secretarias, coches oficiales, teléfonos, dietas, gastos de representación… Y sí, también de la mayor posibilidad de construir la sociedad en la que creen, de llevar adelante las convicciones políticas por las que muchos se afiliaron al partido.

Y cuando las normas de tráfico son malas, el caos está servido. El PSOE está en el caos: sus normas de tráfico son estúpidas, y son estúpidas porque en vez de ayudar al partido a crecer y ganar elecciones son generadoras de conflictos que debilitan y amenazan con destruirlo.

Los estatutos del PSOE, hoy, se debaten, como el propio partido, entre lo viejo, que se resiste a morir y lo nuevo, que aún no tiene fuerza para imponerse: entre la legitimidad de los viejos aparatos que se resisten a morir y la legitimidad de la elección democrática de los nuevos liderazgos que aún no tiene fuerza para imponerse en el seno del partido y quedan a merced, como demuestra el caso de Pedro Sánchez, del arbitrio de los aparatos

Los actuales estatutos del partido, mientras facilitan la elección directa en urna del secretario general, dan todo el control posterior del mismo al congreso del partido

En teoría, ambas fuentes tienen la legitimidad de proceder de los militantes pero, si así fuese, no habría contradicciones entre ambas fuentes de legitimidad y no se producirían los conflictos entre las mismas. Pero esto es solo en teoría porque, realmente, la voluntad de los militantes se refleja solo en el voto en urna de los militantes al elegir a su secretario general. Sin embargo, la elección de los órganos de control del elegido en primarias pasa por una serie de filtros normativos y prácticos, que hacen que su resultado refleje solo los intereses de los altos niveles del aparato del partido y de sus altos cargos.

Si ha quedado algo en evidencia en el proceso de expulsión de Pedro Sánchez de la Secretaría General del partido, ha sido el grave conflicto de intereses que ha conducido a que la mayoría del órgano de control del secretario general, el Comité Federal, rechazase la política del secretario general, elegido en urna por todos los militantes del partido. ¿Por qué se ha producido esa discrepancia?¿Por qué los intereses de la mayoría de los miembros del Comité Federal era diferente a la de su secretario general y al de los miembros del Comité Federal que votaron con el mismo?

Los actuales estatutos del partido, mientras facilitan la elección directa en urna del secretario general, dan todo el control posterior del mismo al congreso del partido. Los estatutos hacen que esté formado por los aparatos regionales, que tendrá que aprobar todo su equipo de gobierno, la Ejecutiva Federal, y la política a seguir por el mismo a través de las ponencias políticas que aprueba el congreso y, en extremo, los estatutos también les dan a estos aparatos regionales, la capacidad de imponerse al secretario general elegido por los militantes e, incluso, como acaba de verse, de expulsarlo de su cargo. Así pues, ante circunstancias complejas, como acaba de suceder, el caos que provocan los estatutos es inevitable y los aparatos regionales del partido se imponen ante la elección en urna invalidando la decisión directa de los militantes.

Aparatos vs secretario general

Pero la cuestión es ¿porqué tienen diferentes intereses el secretario general elegido en urna por los militantes y la mayoría del aparato del partido que, teóricamente, proceden también de la elección de los militantes? Sencillamente, porque los estatutos del partido facilitan tal cantidad de filtros y niveles de selección que los órganos de control, lejos de representar al conjunto de militantes, solo representan al conjunto de intereses del aparato que, en la práctica, poco tienen que ver con los del conjunto de los militantes.

El aparato lo forman aquellos militantes del partido que, con las normas estatutarias actuales, han conseguido alcanzar un grado de poder, muchas veces acompañado de salarios, estatus y otros privilegios que no desean perder en absoluto. Hasta el punto que muchos de ellos son políticos profesionales con muchos años viviendo de la política y que, puesto que los cargos no son obligatorios, que desean seguir en esa situación todo el tiempo que les sea posible.

Los estatutos facilitan tal cantidad de filtros y niveles de selección que los órganos de control solo representan al conjunto de intereses del aparato

Además, la forma de selección de dichos aparatos es a través de procesos de elección de segundo y tercer grado que van condensando poder y dedicación profesional de forma que la posición, poder, salario y privilegios de los que se inician en el aparato dependen de los niveles superiores del mismo a los que deben obediencia, salvo que quieran correr el riesgo inminente de ser desposeídos de sus cargos, salarios y privilegios.

Así pues, los aparatos locales se autoperpetúan al ser elegidos a dedo en listas cerradas por los secretarios generales de cada localidad para ser miembros de las direcciones locales o, más importante, como alcaldes o concejales. Estos aparatos locales dependen de la fidelidad y, en muchos casos, de la adulación al jefe local para continuar con las ventajas que les supone mantenerse en el aparato y el cargo.

Estas élites locales, gracias a los estatutos vigentes, suelen perpetuarse en el control al disponer de mucho más tiempo, medios e interés que el resto de los militantes que suelen acabar en el ostracismo político al ser permanentemente excluidos, en especial, si representan algún riesgo para la élite local dominante que, finalmente, se va rodeando de una corte de aduladores, bien beneficiados por la élite local o bien de aspirantes a entrar en esa nomenclatura. Sin embargo, los opositores, que podrían aportar diversidad y control de la élite, son excluidos y, en muchos casos, empujados a dejar el partido generando la, ya famosa, selección negativa, donde solo los mediocres aduladores, amantes del poder o del salario, forman parte de dichos aparatos.

Esto suele ser así salvo que, el conflicto interno genere diversas familias con capacidad de discutir el poder y obtener parte del mismo, con lo cual las familias se suelen entregar a un continuo tejer y destejer entre el conflicto y el acuerdo hasta que se genera, de nuevo, un solo grupo dominante.

Estatutos construidos para el predominio y consolidación de los aparatos

Los estatutos del partido facilitan que se repitan estos procesos hacia los órganos superiores. Son estas élites locales las que cooptan y, a la vez son cooptados por las élites provinciales, estas, a su vez a las élites de las comunidades autónomas y estás a las del Estado. Así pues, por ejemplo, los miembros del Comité Federal que provocaron la caída de Pedro Sánchez, procedían de elecciones de segundo, tercer, cuarto nivel… en cascada, destilando la composición de un Comité Federal representante del cúmulo de intereses procedentes de esa inmensa red clientelar descrita y, a sus vez, temerosa de que el poder del secretario general pueda afectar, como así fue en el caso del PSOE de Madrid y de otras regiones, usando sus poderes para poder “disolver” la élite dominante de cualquier territorio.

Ese sistema estatutario está muerto y, si no se le entierra, matará al conjunto del partido que ya no soportará dos fuentes de pretendida legitimidad

Y, en este caldo de cultivo, llegamos al Comité Federal que produjo la salida de Pedro Sánchez. Donde la gran mayoría del mismo, de los que votaron a favor y quienes votaron en contra, respondieron a la voz de su amo y de sus intereses. Aquellos que procedían de decisiones del secretario general que habían creado o fortalecido su poder que intentaron que permaneciese en su cargo y aquellos que veían en riesgo o limitado su poder, bien por miedo a ser desposeídos del mismo o por la diferente política de alianzas que unos u otros necesitaban para mantenerse en el poder interno o público, que votaron en contra y construyeron una gestora fiel a sus intereses de aparato. Véase como ejemplo, el grado de fidelidad en el voto de cada miembro con la élite del aparato de la región de la que procede.

Todo esto, como decimos, está facilitado por unos estatutos esquizofrénicos, construidos para el predominio y consolidación de los aparatos, que se vieron forzados por la exigencia de sus militantes y de los ciudadanos a incluir en los mismos el cuerpo extraño de un secretario general elegido en primarias y ya no por la media docena de los barones regionales más poderosos que, en la llamada “noche de los cuchillos largos” de los congresos, quitaban y ponían secretarios generales y ejecutivas federales a su capricho.

Ese sistema estatutario está muerto y, si no se le entierra, matará al conjunto del partido que ya no soportará dos fuentes de pretendida legitimidad, ni un sistema de selección negativa para sus cuadros, ni más elecciones clientelares de los barones en la oscuridad de la noche. O el PSOE se da unos estatutos democráticos, transparentes que, de verdad, entreguen el poder a sus bases y a sus votantes o la democracia acabará por terminar con el PSOE.

Foto. Reunión de la Comisión Gestora el pasado mes de marzo. PSOE/Flickr

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