La cuestión catalana

El Estado

La Política monetaria: Banco Central

El ejército y soberanía (OTAN)

El Marco jurídico: legislativo, ejecutivo y judicial

La Fiscalidad

  

 

 

Habéis insistido en que comente algo respecto a este tema. Ya lo realicé hace catorce años y, por desgracia, se cumple el vaticinio que predije. Pero todo sigue igual en cuanto a las causas que no se quieren apreciar. He evitado entrar en juegos dialécticos porque son falsos debates y manifestaciones (que no argumentos) absurdos que harían reír de no ser el dramatismo que van a provocar a lo tonto y para nada, en un callejón sin salida como en el que estamos.

 

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El encuadre es tan sin sentido que a un lado y a otro de la contienda verbal, mediática e institucional es todo una ridiculez, y sale una tercera vía, el federalismo, más extravagante y contradictorio todavía. Penoso el nivel político, que no es que sea corto de miras es que es ciego, sin ni tan siquiera un tuerto que sea rey (con perdón).
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¿Cuál es el meollo de la cuestión? Algo tan evidente como que Catalunya no puede ser un Estado nacional por más que hiciera y aunque se aprobase en un referéndum pactado y con todas las garantías. Pudo haberlo sido hace años, pero no lo logró, en unos casos por la fuerza que contrarrestó el intento de dar aquel paso o por negociaciones que sus representantes, a cambio de dinero, jugasen a amagar, y cuando no queda
parné y no hay más se agita una bandera que llega tarde.
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Entre otras razones porque España tampoco es un Estado, lo ha dejado de ser paulatinamente, sin querernos dar cuenta, por más que nominalmente lo aparente ser y se defina como tal, pero de hecho no lo es. Esta contradicción irresoluble lleva a paradojas y a postulados que se desvanecen en sí mismos, cuando únicamente son expresiones de forofos, como quienes defienden a los equipos de fútbol por una supuesta territorialidad que no existe, pues en cualquier equipo de fútbol hay de todo menos jugadores autóctonos, los propietarios son grandes capitales de fondos de inversión, los directivos constructores, los jugadores de todo el mundo que anuncian marcas comerciales de multinacionales y queda el nombre territorial y nada más. Se discute sobre deporte cuando es un negocio. En el caso del independentismo sucede algo similar.


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La tragedia, que lo es y el desenlace está por ver, es que hay un proceso que queda a medio camino y sin completar, generándose un vacío muy peligroso que llama a un involucionismo que además no tiene cabida en el panorama de la nueva realidad en la que estamos inmersos.
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Hay un Estado que funciona como tal, pero que lo es de manera incompleta y carece de definición nominal, me refiero al pretendido y no conformado Estado europeo. Su desarrollo ha implicado que los estados nacionales pierdan su sentido.
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Un Estado viene definido, y la Generalitat rápidamente lo ha querido formalizar sólo que etéreamente, por el ejército como garante de la soberanía y defensa de las fronteras (nos guste o no). Hoy el ejército español depende y es una parte de la OTAN. Su única función sería contra los propios ciudadanos, lo cual carece de sentido aunque haya desgraciados precedentes.
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El otro pilar de un Estado es el control de la política monetaria. Hoy quien ejerce esta función es el Banco Central Europeo, desde donde se marcan las líneas de actuación monetaria y define los tipos de interés y demás. El Banco Central español es una mera sucursal y actúa únicamente como inspector de los negocios bancarios. La moneda es europea, aunque no coincidan todos los países, siendo tal incertidumbre y falta de decisión lo que eterniza las crisis, evita mecanismos que definan un modelo, bueno o malo, pero modelo al fin y no una indefinición como en la que nos encontramos. La economía ha dejado de funcionar a escala nacional, sea catalana, española o la de Vitigudinos.
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El marco jurídico, otro pilar, de las naciones estado se ha de adecuar a lo que apruebe la Unión Europea (UE), de manera que los poderes del Estado: legislativo, ejecutivo y judicial carecen de autonomía propia aunque ficticiamente lo parezca, lo cual es únicamente la aplicación de lo que viene de Europa, pues se hace a través de.

 

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Hay algo que falta a nivel europeo, como es una fiscalidad propia, ante lo cual no se conforma como Estado, pero ya se supeditan muchas formas a sus reglas y condiciones, como es homologar el IVA, que avanza como mecanismo recaudador. Sin embargo una parte de lo recaudado en las haciendas nacionales pasa directamente a Europa que lo redistribuye en forma de diversas políticas económicas, de tipo social, militar, agrarias, así como para el mantenimiento de sus instituciones. Todo esto ha sido el fondo del Brexit, la salida de Gran Bretaña de la UE y su no incorporación al euro, al tener una estrecha relación con EE.UU y además un marco internacional propio a través de Mancomunidad Británica de Naciones (British Commonwealth of Nations).
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Este es el contexto sobre el cual suceden los relatos entre los partidarios de la independencia de Catalunya y los que no, entre quienes quieren un referéndum y quienes no. Todos esgrimen sus postulados, pero analicémoslo.
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1.- ¿Cómo es posible que no haya un cauce para la independencia de una región, gobierno autónomo o “nacionalidad histórica” cuando los partidos en favor de este proceso están legalizados? Esto es una incongruencia de base, porque tales tendrán que cumplir con sus fines e idearios. ¿O estamos ante leyes imaginarias?


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2.- Los partidarios del no a la independencia alegan que no pueden ser “obligados” a separarse del estado español. Pero entonces se “obliga” a que se queden. La obligatoriedad es una condición sin la cual no hay legalidad posible, pero ¿quién decide la orientación de la obligatoriedad?
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3.- El referéndum es la clave para resolver el conflicto. Pero colocarlo como bandera es un argumento trampa, sobre todo quererlo asociar a lo “democrático”. Todas las dictaduras, incluida la de Franco, tienen a gala proclamar un referéndum que los afiance en el poder “popularmente”. Pero se trata de un referéndum instrumental, no una toma de decisión colectiva, pues este es un criterio no una exclusividad, para este tema, pero ¿para el modelo energético, lo que han de cobrar los representantes institucionales, el modelo educativo, etc? Democráticamente no pueden resolverlo los partidos cuya representatividad queda deformada y adulterada con la adjudicación de escaños en los parlamentos mediante sistema D’Hondt. Cuestión sin resolver que ha llevado a la paradoja de que los partidos contrarios a la independencia de Cataluña han sacado más votos, pero menos representantes en el Parlament de Catalunya, lo cual ya deslegitima cualquier decisión “democrática”, desde el punto de vista del voto de la soberanía popular, donde “cada persona un voto”, no el de sus representantes. Un referéndum únicamente para una cuestión puntual es un fraude democrático y asociar esta votación, única y monolítica, a un ejercicio democrático es una manipulación del lenguaje y de la misma realidad.

 

4.- Pero el argumento anterior, que es el lógico, no es usado por quienes defienden la unidad de España a toda costa. Entonces se apoyan en hacer cumplir la Constitución Española. Esto es algo grotesco, cuando han jugado a su conveniencia con la misma. Primero por no reafirmarse al cabo de 25 años, cuando ha pasado una generación. Segundo porque es un marco que no se cumple en cuanto a los derechos de ciudadanía, los básicos, como el de vivienda, el empleo o en su caso una cobertura digna. Pero el dislate se hace patente cuando el año 2011, 23 de agosto, se cambió la ley fundamental del Estado sin referéndum alguno, sino con premeditación y alevosía, a conveniencia de los grandes intereses financieros. Es pues una excusa y verbalizar lo que es sin más la teatralización de un acto de fuerza. Por contra quienes quieren hacer pasar por legítimo, aunque sea conforme a “sus” leyes, el referéndum bordea el esperpento político, cuando es una ley sacada de la chistera mediante un viejo truco teocrático (nada por aquí, nada por allá, y de repente ¡la luz!), algo impensable en una sociedad moderna.
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También es sacar de la manga argumentos, como hace la Candidatura de Unidad Popular (CUP), de ser un camino para lograr un estado republicano, cuando precisamente la II República Española quiso arrancar el independentismo catalán de raíz (octubre de 1934) con Juan Negrín (PSOE) y Manuel Azaña (Izquierda

 

republicana) a la cabeza. Es, pues, el pretendido argumentario, a favor y en contra del referéndum y del independentismo catalán, una suma de falacias que adquieren sentido únicamente dentro de la falacia. Como cuando se alude al derecho de los pueblos y a los derechos humanos, cuando la tasa de la pobreza en Catalunya llega casi al 20% de su población, cuando cerca de 400 mil personas están en paro, pudiéndolo haber evitado. Lo mismo cuando desde el gobierno de España se alude a la defensa de los derechos de los catalanes y de los españoles. ¡Cuán grande es mi aflicción! ante tanto desbarre.
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Luego está una tercera vía que aparece como una salida: el federalismo, sin vislumbrar que este proceso es al revés, son los estados las entidades que se federan en un Estado de estados con un nexo jurídico y gubernativo común. Hacerlo de otra manera es un juego de palabras sin más. Por eso nunca llega a ninguna parte. Tal modelo sí podrá funcionar para la construcción del Estado europeo, que debiera ser el objetivo para organizar nuevos criterios de territorialidad.
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Una Europa como Estado podrá redefinir las naciones en cuanto a lengua y territorio histórico, según el criterio de la ONU. Lo cual si no se encuadra bien puede llevar al dislate más absoluto, al querer una provincia o un pueblo ser un Estado o una federación más. Como ya pasó con el cantonalismo en España. O pueblos de Catalunya que se quieren anexionar a Aragón. Los estados se han fundado en su mayor parte mediante el uso de la violencia, se han convertido en Historia, pero la misma puede replantearse desde la voluntad colectiva.
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El idioma como seña de identidad es otro factor que se desvanece, como la insoportable levedad del ser de Milán Kundera. Pudo haberse realizado hace años una lengua común que reforzase la lengua materna, con el esperanto, pero no cuajó y hoy se impone el inglés como lengua de comunicación global entre la juventud. Por otra parte el castellano tiene una extensión tan enorme que es difícil la supervivencia de una lengua con millones de habitantes menos y cerrada en sí misma, lo cual es una pena y será preciso conservar, como otras muchas vernáculas, pero conscientes del fenómeno lingüístico y no como “bandera”, pues carece de aire que la sustente ni viento que la ondee.
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Es curioso que desde posiciones autodenominadas “liberales” se haga todo en contra de establecer un referéndum, pues en la vasta teoría del liberalismo, cuando son preguntados por este tema teóricos como Hayek, Von Mises, o Milton Friedman, entienden que el nacionalismo no aporta nada, sino identidad (sin definir muy bien a qué se refiere) y que para un liberal no existe semejante conflicto: que se vote y ya está.
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El nacionalismo, español, catalán y demás, puede entenderse como un sentimiento colectivo, una cuestión de principio, pero no pretender argumentar y menos dar realidad a algo más cerca a la fantasía que a un hecho político, por ser una mera construcción histórica y de Poder, cualquier tipo de estado, que siendo conscientes de ello puede servir para administrar una sociedad y establecer unas reglas de convivencia.
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Resumiendo: la única historia nacionalista real, posible y necesaria es la construcción de un Estado europeo formado por naciones, lo cual ya no será el mapa actual. Fuera de esto vendrá el conflicto permanente y que nunca será resuelto, sino una herida abierta que de vez en cuando se gangrena e infecta. Tan obcecados estamos que es esta idea la que parece utópica.


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De lo contrario asistimos a una situación vacía, sin sentido y que, tal que un globo, crece, crece y crece hasta que estalle, asuste y haga mucho ruido y daño al que le toque. Y nada más. Con muertes “colaterales”, “accidentales” o como consecuencia de disparos al aire como respuesta, que servirán para actualizar el victimismo nacionalista de un lado y de otro, así como una manera de hacer visible la autoridad de un Estado que actúa frente a los problemas de opinión y de un territorio como si de una colonia se tratara. Igual que los independentistas inventan un Estado central fantasmagórico y tétrico al que hay que combatir como si fuera un dragón para activar el imaginario colectivo y entonces san Jordi, San-tiago y… apaga y vámonos.
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Porque no se trata de un choque de trenes, sino de un descarrilamiento de dos trenes cuando se han acabado las vías. Es necesario bajarse de ambos trenes y emprender otro camino. Vale.

 

https://ramiropinto.es/2017/09/11/cuestion-catalana/#more-14440

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