Asturies, un país masoquista

No sabemos lo que nos estamos jugando. Aquí, en esta parte del mundo llamada “Asturies”, pero que otros consideran “Principado”, estamos malvendiendo un país, el país de Asturies

 

En realidad son otros los que lo están vendiendo a espaldas de su pueblo, aunque lo hacen con el consentimiento, entre indiferente y analfabeto, de éste, de nosotros.  

El otro día comenté que al venir Felipe González a Xixón, la “prensa regional” (La Nueva España) aludió a “dos mil amigos” que aplaudieron al Dios, como antaño le llamaban. Gente como esta, como Felipe el Dios, ha dispuesto a sus párrocos y oficiantes para que nada se mueva en ese viejo reino que un día fue Asturies: 25 años de paz. Nada sin su control. Nada sin su permiso. Aquí, el que lleve la contraria al Régimen (sí, seguimos sufriendo un Régimen) queda excluido. 

El Régimen actual no ha venido caído del cielo. El Régimen socialista vino a instalarse cuidadosamente en los tiempos de la llamada “Transición”. Unos tiempos aquellos, años 70, en los que Asturies todavía era considerada una potencia industrial, bien que deficitaria por donde quiera se la mirara (la falta de una iniciativa empresarial asturiana de verdad, la sobre-dimensión de la industria pública, etc.). El descalabro de la UCD, presa de sus propias contradicciones, y el pacto de la derecha asturiana alojada en esas siglas con la sucursal asturiana de los socialistas, hizo que la nuestra fuera una autonomía no ya de 2ª división, sino incluso de 3ª. Porque esto no hay que olvidarlo: voluntariamente, los políticos asturianos no quisieron correr ningún riesgo, no desearon hablar en clave ASTURIANA (nótese que no digo en clave “nacionalista”, clave impensable en partidos como UCD o PSOE, sino simplemente en clave asturiana). 

En ese afán de dejarse llevar, de ir a rastras de lo que sucedía en Madrid, y también por medio de la involución que supuso en 23-F en materia autonómica y desarrollo constitucional, Asturies fue diluyéndose en un Estado en evolución, dentro del cual cada vez pintaba menos. Nuestra comunidad autónoma es autónoma casi por obligación, por homologación con las restantes que debieron quedar constituidas a raíz de la Carta Magna de 1978. Es cómico y sarcástico que algunos digan que don Pedro de Silva, quizá buen poeta y novelista erótico (doctores tendrá la Iglesia…) pero nefasto gobernante, es patético, digo, que algunos consideren retrospectivamente a este personaje como líder de un cierto “regionalismo” que posteriormente la FSA olvidó y desterró. Si “autonomismo” y “regionalismo” consistió en poner la espalda a Felipe, con actitud de lacayo servil, promoviendo los decretos estatales (muy poco “regionalistas”) emanados en Madrid para dejarnos, como se dice, con el trasero al aire, vale más que venga el Dios y lo vea él directamente. Entre don Pedro y el señor Petromocho (Rodríguez-Vigil), bien podemos empezar a considerar a Asturies como un verdadero estercolero (“pila cucho”, en llingua asturiana), útil para el eficaz abono de comunidades vecinas, pero imposible de habitar dentro del mismo, entre tanto residuo y malos olores. 

Malos olores vienen de los derribos de hórreos en las aldeas de Xixón para mayor gloria de la Zalia. Malos olores por los proyectos del AVE que romperán ecológicamente Asturies en un mosaico de islas de tierra donde los pajaritos y demás fauna, animal y humana, empezarán a evolucionar por separado, como especies independientes. Y todo para que vascos y madrileños puedan venir a probar la fabada en un tren de alta velocidad. Malos olores de tus térmicas antediluvianas, de tus regasificadoras planeadas con singular sadismo. Mal olor dio el proyecto de Caliao, con ese afán por matar lo verde, lo hermoso y lo natural que aún queda en Asturies. Malos olores dan tus multinacionales, Asturies de mis amores. Aquí es bienvenido cualquiera que desee llevarse nuestro oro. El oro literal y el oro metafórico. Por poco Bill Gates no hace de Xixón una sucursal, por poco la Thyssen no se hizo ama y señora de la Universidad Laboral. 

En definitiva, asturianos: sabed que estamos dispuestos a prostituirnos y además a poner la cama. Que nuestro cliente sea nuestro amo. Necesitamos sumisión. Dominadnos, que esto nos provoca placer. Asturies, paraíso masoquista. Queremos líderes como Areces o Javier Fernández que sirvan para hacernos cada vez más pequeños. El Liliput dentro del Estado Español, el basurero de Europa, la Colonia de indígenas inconscientes que no saben quiénes fueron, lo que son, lo que serán en el futuro. Votemos a los dos partidos de la alternancia, de la Restauración Borbónica, si es que deseamos definitivamente desaparecer, no ser nada, que no se nos note ni siquiera al respirar. Cuando vayamos a bañarnos en una playa de Lorenzo, entre manchas negras, sin olas, parapetada tras un muro inmenso para alzar El Muselón, diremos a nuestros hijos: “mirad, yo consentí que se hiciera esto”.  

Ahogaron la personalidad de Asturies dentro del estado, lo hicieron en la Transición y aún siguen en las mismas los herederos de aquella: la casta incapaz e iletrada que sigue representando una Asturies oficial, que va a votar ovejunamente a los mismos de siempre. A los que nos destruyen.


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