El día 29 de abril que se celebró el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, los graves problemas que tenemos con este contaminante en Asturias

El nivel sonoro diario en las ciudades asturianas supera ampliamente los valores admitidos en la legislación

Asturbulla

Tenemos que recordar que de acuerdo a los datos facilitados por el Principado de sus estaciones de control de contaminación, el nivel sonoro medio diario en las ciudades asturianas supera ampliamente los valores admitidos en la legislación, que están fijados en 45 decibelios durante la noche de 22 a 7 horas y de 55 decibelios durante el día de 7 a 22 horas.


En Oviedo hay medias anuales de 70 decibelios

En Gijón hay medias anuales de 67 decibelios

En Mieres hay medias anuales de 64 decibelios

En Aviles hay medias anuales de 61 decibelios

En Cangas Narcea hay medias anuales de 61 decibelios

En San Martín hay medias anuales de 59 decibelios

En Lugones hay medias anuales de 57 decibelios


El ruido debe considerarse como un contaminante medio-ambiental de primer orden con efectos nocivos importantes sobre la salud de la población y su calidad de vida. Su ubicuidad y difícil control hace que esté presente en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana y, por tanto, estemos expuestos a sus efectos. Las alteraciones psicológicas, la distorsión del sueño, la pérdida de audición y el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias son los principales riesgos en adultos. En los niños las alteraciones del sueño, los procesos respiratorios y la dificultad para el aprendizaje y el lenguaje son los principales problemas.


El organismo reacciona de una manera defensiva frente al ruido. Las interconexiones sinápticas de las vías auditivas en el sistema reticular ascendente y en el hipotálamo son la base de uno de nuestros sistemas más básicos de alerta ante el peligro: el ruido. Y la reacción del organismo ante una situación de peligro es poner en marcha toda una cadena de procesos hormonales y fisiológicos que nos preparan para la huida o la lucha. Las reacciones que se producen son en principio normales, pero se cronifican y convierten en patológicas tras exposiciones suficientemente prolongadas al ruido. Es lo que conocemos por estrés. Aunque existe una adaptación a los niveles sonoros que pueden crear malestar o motivar alerta, la estimulación constante “subsconsciente” de los centro cerebrales de la alerta mantiene y

cronifica esta respuesta de estrés anómala.


La estimulación con ruido produce, tanto en animales como en humanos, elevaciones transitorias de la tensión arterial. Con exposiciones continuas a ruidos estas elevaciones se hacen permanentes, siendo un agente a tener en cuenta en la génesis de la HTA. Es, pues, un factor más de riesgo cardiovascular; de hecho se calcula que una persona expuesta a ambientes

ruidosos debe ser considerada como 10 años mayor de su edad cronológica a efectos de riesgo de enfermedad coronaria.


Tanto el informe de la OMS sobre el ruido (2004) como diferentes trabajos científicos, demuestran un aumento en la incidencia de procesos respiratorios y de sobrecarga de las urgencias hospitalarias que no puede justificarse únicamente por el incremento de los gases contaminantes de las ciudades. En concreto hay una correlación muy positiva con los episodios de bronquitis que sugieren un efecto del ruido sobre los mecanismos de inmunorregulación ya que, además, se aprecia un incremento de los procesos alérgicos en áreas de exposición aumentada al ruido.


Los experimentos realizados sobre sujetos sometidos a diferentes condiciones de ruido durante el sueño muestran importantes cambios en los patrones normales de éste. En líneas generales, a partir de 45 dBA de ruido, se produce un aumento en la latencia del sueño (tiempo que tarda en iniciarse el sueño normal). El tiempo dedicado a las fases más profundas disminuye, lo que implica que, al ser estas fases profundas las necesarias para un sueño

reparador, el sujeto suele levantarse con sensación de cansancio; el tiempo de sueño REM disminuye y, lo más preocupante, se ha comprobado un aumento de la tasa de afectación cardiaca durante el sueño.


Resulta evidente que el control del ruido constituye una competencia municipal, pero que la mayoría de Ayuntamientos asume con manifiesta desgana, postura a la que no son ajenos los Ayuntamiento asturianos. Hay que recordar que numerosas sentencias exigen a la Administración municipal acotar y poner fin a los problemas acústicos, e incluso se les imputa responsabilidad por no evitar la lesión producida por terceros contaminadores acústicos.


Por eso hemos solicitado a los consistorios afectados Ordenanzas municipales exigentes que contemple todas las fuentes de ruido habituales ni medidas decididas para atajarlas, por lo que debería redactarse otra más acorde con las nuevas orientaciones legales en esta materia. Debería también extenderse la red de estaciones de control de la contaminación para abarcar todas las zonas del municipio y en particular las más densamente pobladas y las más próximas a las zonas industriales y de tráfico más denso. También deberían adoptarse medidas en cuanto al urbanístico y la ordenación del tráfico para intentar reducir el transporte privado y fomentar el público y el uso de la bicicleta; crear más zonas peatonales; imponer medidas limitadoras a las obras en la calle para mitigar el ruido y el polvo que levantan; apantallar las vías con más tráfico y las industrias más ruidosas, sobre todo con arbolado; y ejercer eficientemente la labor de inspección de las industrias y actividades ruidosas, imponiendo sanciones a los incumplidores o incluso suspendiendo licencias en tanto no se adapten a la normativa.


Por eso es necesario que se tomen medidas serias en vista de la gravedad del problema que se padecen en todas las ciudades donde hay estaciones de control de la contaminación.




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