¿Tiene Asturies mala leche?

La gente “no se va”, se la echa, tal es la voluntad del gobierno socialista: aniquilar un país y una realidad y señalar a la emigración asturiana como “leyenda urbana”

 

Asturbulla

 

El cuidado del medio ambiente debe ser asunto de sus habitantes. Un país habitado de forma uniforme y racional no admite excesivas concentraciones de población en unos puntos en detrimento de otras regiones suyas, que se quedan desiertas. En los últimos años estamos asistiendo a una verdadera enajenación del medio natural con respecto a los habitantes de Asturies. Los desplazamientos masivos de población rural hacia los núcleos urbanos ocasionan un abandono del territorio que más señas de identidad paisajística y más calidad medioambiental presenta a los ojos del observador: el medio rural. Estos desplazamientos distan mucho de ser “efectos inexorables del progreso” como algunos economistas y gobernantes nos quieren dar a enteder. Son fenómenos planificados a conciencia y obedecen al nefasto modelo ideológico que (de haber alguno) se alberga en las cabezas dirigentes del “Principado”.

 

Para empezar, la gente “no se va”. A la gente se la echa. Las expulsiones planificadas han marcado la historia del capitalismo, y están muy bien descritas por Marx cuando estudió aquellos “clearings” (limpiezas) que en el medio rural inglés del XVII y XVIII habían practicado los terratenientes , con el visto bueno del Parlamento, con vistas a generar así una clase obrera numerosa. Una masa hambrienta a las puertas de las florecientes industrias, una vez desposeída de sus tierras y granjas, se pudo crear artificialmente con amenazas, cerramientos de terreno y expulsiones violentas. Otro tanto se diga –salvando las diferencias- de la “limpieza” que, generación tras generación, se lleva practicando en el país asturiano en su ámbito rural. Obedece a las necesidades de Acumulación y Proletarización que el capital siente a la hora de penetrar en un territorio.

 

Todavía no se han apagado los ecos de la indignación general que el inefable Areces despertó cuando soltó aquella imbecilidad de las “leyendas urbanas”. Como quiera que yo soy una de esas leyendas, el haber pasado de ser una realidad (eso creía yo) a una “leyenda”, me hizo ser consciente de la voluntad expresa del gobierno socialista: aniquilar un país, aniquilar una realidad. Da miedo pensarlo: señalar el fenómeno migratorio de los asturianos como “leyenda urbana” debe formar parte de un proceso orwelliano. El negar evidencias, al decir que lo blanco es negro de manera machacona y sistemática, puede servir para doblar conciencias y voluntades. Areces y los suyos están buscando la hegemonía absoluta incluso con una “política de la Verdad”, esto es, inundando el mundo de mentira manifiesta.

 

Y la “leyenda” de Asturies consiste en realidad en un doble proceso migratorio: a) del campo a la ciudad, y b) de Asturies en general al resto del Estado español y, eventualmente, al resto del mundo. Al emigrar la gente más joven, y de entre ella, mucha gente cualificada, es obvio que Asturies se “redimensiona” a la medida de cuanto buscan los socialistas de la FSA: la escala de una “región”, o más bien “provincia”, manejable, con escasa clase proletaria y además manejable a través de sus dos sindicatos verticales.

 

Todo empezó años ha, con otro inefable, don Pedro de Silva, otro especialista en sonrisas verticales. Todos los de mi generación pueden recordarle en una foto aparecida en portada de los diarios asturianos. Con la visita del Felipe González, a la sazón presidente del Gobierno español, el presidentín asturiano inclinó su espalda y la ofreció como mesa para que “el Dios” (como le llamaban los suyos) pudiera firmar no sé que papelucho durante su recorrido por esta colonia suya, la Asturies en Reconversión, las nuevas Hurdes del Norte.

 

Creo que un papel firmado en la espalda de don Pedro sirvió como símbolo y síntoma de los mazazos que estaban por llegar. Entre ellos, movimientos masivos de la población: política demográfica “dura” al estilo Ceaucescu. La gente del campo, fuera. Evidentemente no se utilizan machetes y metralletas. Basta con no dotar de ambulatorios y escuelas a los pueblos y aldeas. Basta con no apoyar a los ganaderos ni un ápice. Basta con no dar un chavo a la producción láctea y basta con convertir a Asturies en colonia consumista de la leche francesa, dejando nuestros praos a su suerte, sin el uso “jardinero” y “ecologista” que todo ganadero le sabe dar como efecto derivado de su labor. Los praos devienen en monte, se llenan de maleza y pierden valor y estética. El asesinato planificado del campo asturiano, la desprotección del productor lácteo, forman parte de esa estrategia consciente y planificada, “ a mala leche” (y nunca mejor dicho) desde instancias oficiales.

 

Pues… ¿a cuento de qué puede venir tanta desidia, o tanta insania, según se mire? Quizá soy hegeliano en demasía, y creo que todo guarda conexión con muchas otras cosas, y en el límite nada es por que sí. Sobre todo no me puedo creer que un partido como el socialista (que de hecho es el vencedor de las elecciones hasta la fecha) pueda pecar de la imbecilidad que denotan estos estragos que ellos hacen con el país. No: hay algo detrás.

 

Piensa mal y acertarás. Al negociar en la UE, al hablar con Francia, cuentan las naranjas, cuenta el tema del vino y del aceite. Cuenta más la “España Mediterránea”. La leche nuestra no entra en los planes de subsidio del eje Franco-Alemán. Además existen los altos intereses especuladores (el ladrillo, las infraestructuras, el pelotazo del urbanismo) que “redimensionarán” Asturies en términos municipales, ni si quiera regionales o provinciales. En otras palabras: sobra territorio. A los dirigentes de la FSA les sobra Asturies, con tanto prao y tanto bosque y tanto monte. Están frotándose las manos con ese mostrenco que se llamará “Ciudad Astur”. Ya tienen a no sé cuántos investigadores de la Universidad metidos en el ajo. Hacer de Asturies una isla de asfalto y de adosado en medio de un territorio salvaje que solo parcialmente podrá ser explotable (ahora los políticos dicen “puesto en valor”) a efectos turísticos y residenciales. En la concentración urbanita de asalariados, en la redimensión de un país a la condición de muncipio cien por cien asfaltado, es donde ellos, los del Régimen, esperan encontrar palpables ventajas especuladoras.

 

Es preciso desenmascarar estos planes. La leche, el ganado en general, es un puntal de la supervivencia de Asturies como país, como colectividad humana que sabe nadar y guardar la ropa, esto es, que sabe garantizar su autosuficiencia en unos grados aceptables. Apoyar con todo nuestro aliento al ganadero asturiano, a nuestra leche y en general a nuestros productos autóctonos supone defendernos a todos de miles de agresiones futuras. Nuestro medio se echará a perder si en él no hay relevo generacional, si en él no hay personas jóvenes que lo trabajen y que de él extraigan rendimiento. Nuestro entorno rural es el jardín de una Asturies central ya excesivamente urbanizada, sobrecargada de infraestructuras lesivas, congestionado en materia de asfalto, humos, tráficos. Nuestra Asturies verde, la de praos, bosques y aldeas, debe ser vista de nuevo como un espacio de posibilidades productivas, vitales. La obligación de un gobierno autónomo, en colaboración con los conceyos, es combatir por todos los medios la pérdida de la identidad tradicional (y por ende sostenible) de Asturies: un país densamente poblado (salvo en las zonas de alta montaña), polinuclear (es decir con diversas villas que hacen de minicapitales), y con fuerte intercambio entre urbe y campo (a diferencia del modelo histórico castellano). Pues bien, este modelo de habitación del territorio, tradicional durante siglos, lo estamos perdiendo y las política oficial más bien se encamina a su exterminio.

 

Como caladero de votos para los grandes partidos, como “trampa” y “atractor” de consumidores desarraigados del tipo del preferido por la U.E., esto es, habitantes de Grandes Superficies Comerciales, el proyecto de una “Ciudad Astur”, es ideal. La FSA mantiene políticas claramente agresivas para con el medio rural y la naturaleza precisamente por este motivo. Como organización electoral deseosa de perpetuarse en el Poder mantiene el único modelo de desarrollo con el que cree que puede lograr este objetivo. El modelo consiste en plegarse a los dictados forasteros de consumo garantizado de productos forasteros. El modelo es una versión cantábrica de lo que en el ancho mundo se conoce como “pérdida de la soberanía alimentaria”. Deja de consumir lo tuyo, que los administradores del territorio te premiarán con nuevas superficies comerciales (en Asturies hay verdadera saturación de ellas) de capital francés en su mayoría, con productos baratos y marcas blancas que, en realidad, agotarán tu dignidad y tu identidad hasta hacerlas desaparecer totalmente.

 

En los alrededores de las ciudades de Asturies se ven asomar los montes verdes, llenos de malditos eucaliptus, que nos recuerdan de continuo lo que pudo ser este país: una región del mundo suficientemente equilibrada en cuanto al ciclo de producción-consumo, un pequeño país que mantendría a una parte significativa de su población enraizada en su territorio con actividades productivas no lesivas con el medio, más bien vinculadas a la gestión inteligente y suave de la Naturaleza. En vez de eso, el ALSA llena sus autocares trayendo y llevando “leyendas urbanas”. Con cada casería que cierra, más monte puede quemar, más prao se hará monte, nuevo Paraíso Natural se habrá de convertir en Infierno artificial.


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