La política intencionada del (abandono) del territorio

En Asturies muchos conceyos están perdiendo su población, sobre todo los de carácter rural y de montaña, ajenos a la ciudad o a los turistas

Asturbulla

En un planeta donde media humanidad sigue viviendo en el campo y practicando una agricultura de autosubsistencia, es propio de genocidas tratar de introducir allí unas relaciones de producción y unos sistemas de racionalización propios del capitalismo avanzado bajo el pretexto de aumentar la “productividad” de los pobres. Es un genocidio transplantar a esa media humanidad los criterios de “eficiencia” y “rentabilidad” de la agroindustria europea y norteamericana.

El primer mundo ya ha dejado de buscar esa autosuficiencia de amplias masas de población campesinas que ahora vemos en los países pobres. La tierra, el paisaje, las propias relaciones humanas de los campesinos europeos y norteamericanos son valores que ya han llegado a su ocaso; todos ellos se ha supeditado a los criterios del capital. El capital en el hemisferio norte ha convertido al campesino en una especie en extinción. Con júbilo, los economistas neoliberales celebran su “conversión” cualitativa en empresario. Pero lo que se esconde tras esta conversión cualitativa es una drástica reducción cuantitativa de la clase campesina tradicional, una vez que se han creado las condiciones apropiadas para desincentivar su actividad rural e incluso su derecho fundamental de habitar en la tierra que le vio nacer. Es ingenuo pensar que el abandono demográfico del campo y la desigual asignación de recursos públicos en perjuicio del campo son variables independientes. La política económica de los estados del norte es deliberadamente ineficaz con respecto al mundo rural, y está encaminada (de forma secreta o abierta) hacia la desincentivación de sus tradicionales formas de vida. Esa política, especialmente en el Estado español y en la comunidad autónoma asturiana, es muy reacia a la repoblación del mismo.

En Asturies tenemos ejemplos claros de esto. Hay una buena lista de conceyos que están perdiendo su población a marchas forzadas, sobre todo aquellos que destacan por su carácter rural y de montaña, ajenos a la ciudad o a la recepción masiva de turistas. Las gentes que los habitan merecen un trato de favor diferenciado para suplir los agravios comparativos que se acumulan contra ellos históricamente. Pero además su población humana ha de mantenerse dentro de unos mínimos cuantitativos, que son los que garantizan la supervivencia misma del paisaje y de la identidad del territorio. Solo dentro de esos mínimos, parando la emigración de los jóvenes y apoyando sus iniciativas de autoempleo, buena parte de Asturies podrá seguir siendo Asturies.

Estos territorios asturianos dejados de la mano de Dios, progresivamente abandonados, se degradarán. Pero se trata de una degradación deliberada, consciente y en el fondo puesta al servicio del capital. El aprovechamiento residencial, lúdico, o de cualquier otro tipo que el capital emprende con los territorios, reducidos ahora a una salvaje virginidad, es uno de los grandes chollos capitalistas de nuestro tiempo. El chollo consiste en dejar que una tierra se desvalorice, para que luego de forma gratuita y hasta con aires caritativos más propios de una ONG que de una Multinacional, ésta empresa capitalista se convierta en amo de ella. En Asturies tenemos numerosos ejemplos de “abandono deliberado” de los territorios con vistas a su aprovechamiento capitalista (su “valorización”) ulterior. No debe olvidarse un dato: Asturies es la patria querida de los “Petromochos”. Recuérdese a aquel genio de la política, Rodríguez Vigil, presidentín del “Principado” concediendo crédito y dineros a unos estafadores que iban a hacer de Asturies un nuevo Kuwait.

Desgraciadamente aquí vino todo el mundo a saquear y a hacerse dueño del territorio una vez que éste trozo del planeta llamado Asturies sufrió la emigración, el paro, la falta de apoyo al derecho sustancial de poder vivir en la aldea o pueblo en que se ha nacido. ¿Quieren ejemplos? Han venido multinacionales a sacarnos el oro y a romper (literalmente) nuestra tierra y nuestro paisaje. Están destrozando la costa xixonesa para hacer un Muselón que nadie aquí ha demandado, y que toma los visos de convertirse en un nuevo “Petromocho”. El ala oriental de nuestro país (Llanes, Ribesella, por ejemplo) ya es un territorio altamente enajenado, donde la falta de oportunidades obligó a los jóvenes a emigrar y a los mayores a vender, con lo que toda esa zona ya más bien se parece a una colonia de madrileños y bilbaínos que un trozo de Asturies habitada por asturianos. Así, así ad nauseam

El proceso, en términos globales, es siempre el mismo en todo el mundo. Hay que advertir que en Asturies, a diferencia de lo que sucede en África, por ejemplo, no hay muertos por el hambre, por el VIH o la falta de agua potable. Tampoco hay guerras etnocidas ni masacres de campesinos fríamente calculadas. En el hemisferio norte no se dan de forma tan cruel estos procesos. Pero la llamada “globalización” consiste precisamente en lo mismo en todo el orbe: en una enajenación de los habitantes de un territorio con respecto a éste territorio mismo, puesto que los “nativos” acaban significando un verdadero obstáculo para los proyectos de incursión del capital. Si el capital desea entrar a saco en un país, en una región, la condición previa consiste en lograr un vaciado (“clearing”) demográfico y una desvalorización previa de sus medios y recursos materiales de supervivencia. Para visualizarlo gráficamente: todo asturiano, o todo visitante forastero pero asiduo de nuestro país sabe cuántas casas de aldea se están cayendo y haciendo ruina por falta de cuidados, por abandono, por huída de sus moradores o herederos. El paso siguiente es que venga un turista o un constructor a comprarla por cuatro cuartos y reconvertirla para un uso ajeno (enajenación en el sentido literal de la palabra) con fines de ocio, de especulación, de segunda residencia, etc., usos siempre desligados de la verdadera finalidad para la que esa casa fue construida, a saber, la vida digna de una familia en el país que la vio nacer usando de manera auto-sustentada los recursos que le brinda ese mismo país o comarca.

Me sorprende que en Asturies haya a veces tantas voces que se dicen “solidarias” y tanta mente formada académicamente, con dotes intelectuales que deberían darse más que supuestas, y todo esto con un sistema educativo que no es como el del Congo, ni siquiera es como el andaluz o el castellano-manchego, y sin embargo estas voces no sean capaces de imponer a nuestra administración un criterio y una exigencia en cuanto a las ayudas a los conceyos rurales y a las explotaciones agrarias. Justamente me da la impresión de que hay un deseo alocado, más bien, de urbanizar y asfaltar el país entero como si hacer esto fuera la Meca misma del progreso de Asturies. Menudo progreso.

Una colectividad humana, si no se defiende de estas incursiones del capital que consisten 1º) en degradar y destruir sus modos tradicionales de producción, y 2º) supeditar después a sus supervivientes y a su territorio a los dictados del capital invasor, es una colectividad en grave riesgo de morir. En Asturies, en América Latina, en África, sudeste asiático, o donde sea.


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