Memoria de la década arecista: del café a la achicoria

      Divagaciones sobre el arecismo y la mal llamada «carrera profesional»

 

Lne

Primavera del 99. Daba el marquesado sus últimos coletazos. Areces encabezaba la candidatura socialista al Gobierno asturiano. Los docentes recibimos propaganda acerca de los buenos deseos hacia nuestro colectivo por parte del aspirante a presidir el Ejecutivo asturiano ante la inminencia del traspaso de competencias en Educación. Por aquellos días, tengo noticia de una cena en conocido restaurante de Vetusta para arropar a don Vicente. Entre los comensales, ¡ay!, se encuentran importantes fuerzas vivas de la cultura astur. Como guinda, coincide la presentación de mi ensayo «La España descabezada» en el Club Prensa Asturiana de este periódico con una reunión en un hotel de Oviedo; allí, el flamante candidato explica sus proyectos en materia cultural. ¡Inolvidable anticipo de desencuentros y decepciones!

Llevando Tini un año al frente del Gobierno, me pasan un manifiesto que hablaba del «pufo cultural» arecista. Sin esperanza y con algún convencimiento, lo firmé. Se publicó erróneamente en la prensa que quien esto escribe había sido uno de los que arroparon al ex alcalde de Gijón con su asistencia a la cena a la que antes aludí. Me tocó, con sorpresa, desmentir un apoyo y una presencia que nunca existieron.

Cumplido su primer año de Gobierno, el problema no se reducía al llamado «pufo cultural». Habían sucedido otras cosas no menos inquietantes, como el affaire de aquel fugaz nombramiento al frente de Cajastur que el propio partido no tardó en echar por tierra. Y, antes de finalizar el año 2000, coincidiendo con el 60.º aniversario de la muerte de Azaña, el conflicto interno de la FSA se salda con la elección de Javier Fernández frente al señor Álvarez que entonces estaba considerado muy próximo a Areces. A propósito de Azaña, me había permitido recordarle a don Vicente en un artículo una lúcida y certera sentencia del ex Presidente del único Estado no lampedusiano de la España contemporánea: «Lo más difícil de administrar es una victoria política».

En las dos convocatorias electorales posteriores, Areces no consiguió la mayoría absoluta aun a pesar de tener como principal adversario a Ovidio Sánchez. Uno de sus incombustibles hombres de confianza, el ex dominico y también ex comunista Riopedre, se distinguió desde el primer momento por unas relaciones hostiles con el profesorado.

No puede ser casual que, al cumplirse una década del arecismo, el Tribunal Superior de Justicia de Asturias anule ese engendro jurídico al que se le dio el nombre de «carrera profesional». Tal y como recordó este periódico, el mencionado invento se pone sobre la mesa poco antes de las elecciones autonómicas de 2007. En el caso del colectivo docente, algunos sindicatos se opusieron mientras que UGT sugirió que lo firmásemos. De lo que se trataba, y eso parece que casi nadie quiere recordarlo, era de paliar en alguna medida la desigualdad retributiva que tiene el funcionariado asturiano con respecto al de otras comunidades autónomas. Y, en lugar de plantearlo en nuestro caso como una especie de estatuto docente, se habló de carrera profesional. Rubricarlo suponía otorgar un cheque en blanco a la Administración. En todo caso, se firmó por parte de una gran mayoría del profesorado, pues era la única vía que se brindaba para que nuestros sueldos se fueran equiparando a los de otras comunidades autónomas por el mismo trabajo, idéntica titulación y, en muchos casos, la misma convocatoria de oposiciones cuando se celebraban en Madrid.

El arecismo, con la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, recibe un varapalo jurídico y, por ende, político, de una envergadura tal que si no hay dimisiones es porque la dignidad fue sepultada tiempo hace. ¿Cómo no preguntarnos si no va a tener precio político haber llevado a cabo semejante chapuza? Contando, como es el caso, con funcionarios juristas en la Administración, ¿qué pretexto cabe para no haberles consultado? ¿Cómo es posible que la señora Migoya se haya despachado diciendo que reconocía que se había legislado algo que no era conforme a derecho por el bien de los funcionarios? ¡Qué dadivosa es usted! ¿Por qué no legislaron una carrera profesional que fuera conforme a derecho? Si la incompetencia es el motivo, me pregunto a qué espera para presentar su dimisión. Si las razones son otras, la consecuencia debe ser la misma.

¿Y qué decir de los sindicatos? ¿Acaso UGT no pudo haber consultado a juristas si ese engendro llamado carrera profesional era conforme a derecho? ¿O es que no quisieron gastarse parte de los dineros que reciben de los afiliados y de subvenciones en hacer las pertinentes pesquisas con expertos?

Con respecto a los otros sindicatos, incluidos los que denunciaron la ilegalidad de la carrera profesional, ¿acaso presionaron lo suficiente para que se diera forma legal a aquel cheque en blanco? ¿O es que desde 2007 a esta parte no hubo tiempo para ello? ¿Están conformes con que los funcionarios asturianos a quienes dicen representar cobren menos por el mismo trabajo que en otras muchas autonomías y no sólo en las mal llamadas históricas? ¿Piensan los unos y los otros mantener a sus liberados para que negocien con Migoya y con Riopedre (ji, ji) y para que visiten los centros en calidad de vendedores de lotería?

Hasta ahora, y así lo escribí en numerosas ocasiones, teníamos constancia de que a los sindicatos de enseñanza no les importaba lo más mínimo nuestras condiciones de trabajo; pero ahora resulta que tampoco figura entre sus afanes y desvelos las mejoras retributivas para aquellos a quienes dicen representar a cambio de haber huido despavoridos de la tiza.

Se cumple la década arecista. Nos gobierna en coalición la izquierda plural y transformadora que exhorta a sus altos cargos a que silencien sus escandalosos sueldos, que cada vez tiene más chiringuitos y que, para colmo de despropósitos, legisla chapuceramente. La acompaña un entramado sindical ciego, sordo y mudo ante la situación que vive el profesorado y, por lo que parece, conforme también con que ese profesorado sea uno de los peor pagados de todas las Españas.

¿Hasta dónde, hasta cuándo y hasta qué piensa el arecismo superarse en sus despropósitos? ¿Hasta dónde, hasta cuándo y hasta qué pretende acompañarlo en tan sublime viaje el mundo sindical, cuya vocación recién descubierta es vender lotería? ¿Acaso fue Pablo Iglesias un ferviente calvinista?

Tras una década de arecismo, lo que se demuestra es que no fue cierto aquello lo del «Café para todos» cuando se dio paso a la España autonómica, sino que en unos sitios hay café y en otros no hay más bebedizo político y sindical que la achicoria.

 

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