Liberación Nacional: la hora de Asturies




Uno de los motivos por los cuales el nacionalismo asturiano se halla un tanto retrasado, especialmente el nacionalismo que puede exhibir un signo más reivindicativo y revolucionario, es precisamente la obsesión lingüística de muchos de sus integrantes. Se olvida con frecuencia que una Nación no se reconstruye solo con filólogos. Se incide demasiado en cuestiones de índole sociolingüística y literaria y se cae en el olvido de una cuestión fundamental: que toda una nación está echándose a perder. No hay escritor que se precie de tratar estas tareas tan urgentes (españolización de Asturies, represión del idioma, colonización de sus recursos básicos, neutralización identitaria e insticional), al que no le lluevan chuzos, supuestamente de un “fuego amigo”: a) por escribir en un registro del asturiano no aceptado por todos, b) por hacerlo en español, como si no hubiera que “predicar en tierra de infieles” y dar a conocer estos temas en sectores mucho más amplios de la sociedad astur y del estado en general, más allá de los ya convencidos y del círculo estricto “de los del bable”. No señores, está en juego la supervivencia de un País con más de mil años de historia política en sentido estricto, y el personal no debería andarse tan perdido en bizantinismos y juegos florales. Es hora de trabajar. Y hora de hacerlo con la división natural de talentos que hay entre los comprometidos en esta causa: recuperar la conciencia nacional de asturianos. Hay quien es eficaz pegando carteles y acudiendo a manifestaciones. Otros escriben de maravilla y opinan con tino. Hay quien lucha en realidad haciendo canciones, y otro compone sesudos discursos. Es fundamental que ninguno de los aspectos de una lucha por la liberación nacional quede descuidado, huyendo del sectarismo, huyendo del pensamiento ombliguista (“como lo mío, no hay nada”). Para ello, sería fundamental que unas reglas elementales del trabajo en común se cumplieran como un código sagrado de honor: “que nadie se meta con los míos”, “los de ese lado de la línea son adversarios, los de este, aunque discrepe profundamente, son de MI lado, y tengo que trabajar con ellos”. Estos son solo unos ejemplos del código de honor.

 



En la actualidad, resulta evidente que la fase de resistencia nacional se halla en un momento embrionario. Lejos de una etapa “independentista” o de recuperación soberanista, si quiera, la fase se ajusta más bien a un proceso “nacionalista” simplemente. Una nación, una lengua, un pueblo que ha de luchar por no morir. Esa fase debe ser expansiva, no meramente conservacionista. La movilización por la Oficialidad del asturiano sólo es un requisito sine qua non para exigencias y concienciaciones populares de más elevado rango. No me parece un objetivo que se consume en sí mismo. Más bien se trata del mínimo a obtener para que el pueblo remueva prejuicios, obstáculos ideológicos y complejos que le impide reconocerse a sí mismo como pueblo soberano, como nación diferenciada. Hasta que llegue la consecución de una Oficialidad y de una escolaridad universal en el idioma, podrá el nacionalista tener muchos compañeros de viaje, incluso en el regionalismo más clásico. Pero eso sólo significa salir de la Prehistoria nacional y arribar a la verdadera fase de lucha histórica por reconstruir la nación. Si los idiomas identifican y conforman naciones, el reconocimiento de los idiomas amenazados se convierte también en instrumento, y no en fin en sí mismo, de la devolución de las soberanías y de la construcción de futuros posibles en un contexto de independencia o confederación con los demás pueblos.



La lucha nacional de nuestro pueblo es también una lucha de supervivencia económica, sustento de toda realidad cultural que se pueda defender. Es una lucha de clases, feroz y mal disimulada, en la cual unas elites groseramente engordadas y beneficiadas por los gobiernos españoles, ejercen una labor de saqueo y neutralización de nuestras posibilidades. Aunque pequeña, Asturies es una Nación en sí misma, con sus regiones y sus dialectos diferenciados, que históricamente mantuvo altas densidades de población, y, aun con modestia espartana, supo defenderse de mil enemigos externos y conservar su autosuficiencia productiva y cultural. Sólo ahora, en el contexto en que un Estado Español progresivamente decidido a cortar por lo sano el estrecho cupo de “nacionalidades” reconocidas, usando para ello campañas de desprestigio, silencio miserable o abierta criminalización, sólo ahora que los procesos soberanistas vasco y catalán alcanzan momentos de mayor algidez, Asturies tiene que desplegar su propia voz. Una voz autocrítica y sin entregarse a mimetismo alguno, buscando su propio camino. Un camino que al principio puede parecer humilde, casi marginal, en todo caso minoritario. Pero un camino emancipador, y por lo tanto, de lo más noble y digno de cuanto se haga en este mundo. Una vez sembrada la semilla, esta planta de la nación asturiana no podrá dejar de brotar.




Algunas otras reflexiones sobre la liberación de Asturies:
http://www.kimetz.org/main/gestion_news_show.php?id_noticia=743
http://lahaine.org/index.php?blog=2&p=14046
http://www.lahaine.org/index.php?blog=2&p=14027
http://www.lahaine.org/index.php?blog=2&p=17071
http://www.lahaine.org/index.php?blog=2&p=17211

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