Crónica de un bochorno anunciado. El debate sobre el estado de la región demostró las carencias de los políticos asturianos

Lo de Areces son las cifras, que le llevan a un estadio místico. Lo de Ovidio las bromas, esas que se dicen en los chigres. Lo de Jesús Iglesias la sumisión vergonzante con tal de mantener abierta su oficina de empleo para sus gentes

 

Lo de Areces son las cifras. Se diría que le llevan a un estadio casi místico. Lo de Ovidio son las bromas más facilonas, esas que se dicen en los chigres. Lo de Jesús Iglesias es la sumisión más vergonzante con tal de mantener abierta su peculiar oficina de empleo para sus gentes.



Resulta que Areces está pletórico por su maravillosa gestión. Que los tribunales le hayan dado varapalos con la carrera profesional de los funcionarios y en ciertos nombramientos no le arredra en absoluto. El asunto de los sobrecostes de El Musel dice no gustarle, pero en modo alguno se siente responsable de ello, por mucho que Blanco y la ausente FSA se hayan pronunciado al respecto.



Insisto en que a nuestro presidente las cifras parecen llevarlo a una especie de éxtasis místico. Lo mucho que se va a gastar, los equipamientos maravillosos que vamos a tener, lo bien que nos va todo. No es la candidez lo que caracteriza a Areces, bien sabe Dios que no, pero sí hay en él un optimismo desmesurado que parece propio del doctor Pangloss. Para todo hay un principio de razón suficiente, incluso para el terremoto de Lisboa en el caso del personaje de Voltaire, o para los sobrecostes de El Musel para Areces. Las verdades de hecho son para don Vicente Presidente verdades de razón. Y, desde luego, Asturias vive en el mejor de los mundos posibles.



Por su parte, ¡qué fácil lo hubiera tenido Ovidio Sánchez para hacer un discurso que vapulease al Presidente! Le hubiese bastado con ser un poco incisivo con sólo una pequeña parte de los muchos despropósitos de los que se vinieron cometiendo. Pero no lo hizo así. Lo que le urgía eran los insultos en lugar de los argumentos, que no le hubiesen llevado en realidad a distinto lugar.



¿Y qué decir de don Jesús Iglesias? No llegó a tanto triunfalismo como Areces, pero, de un lado, soltó perogrulladas hablando de los impuestos, y, de otro, no se mostró nada crítico con políticas educativas, ni medioambientales, ni de ningún tipo.



Convencido estoy de que no he sido el único que echó de menos a Valledor, que, con todas las reservas que nos puede merecer, jamás llegaría a tanto parabién con Areces. Estaba visto y anunciado que con su desembarco en el Parlamento asturiano, tras haber cosechado memorables fracasos políticos, Jesús Iglesias haría de IU una especie de coros y danzas del arecismo. Si alguna duda había, las despejó todas con su discurso en el debate parlamentario último.



Estoy completamente de acuerdo con el análisis que hizo en estas páginas recientemente Alberto Menéndez. Ni éste era del debate que las circunstancias requerían ni tampoco Asturias se merece un enfrentamiento tan crispado como el que tuvo lugar entre Areces y Ovidio Sánchez.



El actual presidente seguirá siendo fiel a sí mismo. Su Laboral, su Muselón, su politburó, sus cifras, su alejamiento de la realidad, sus chiringuitos.



Ovidio, por su lado, pone orden en su partido, o eso parece, pero no hace un análisis de las políticas de Areces lo suficientemente mordaz para ponerlo dialécticamente contra las cuerdas.



Y, como ya hemos apuntado, el señor Iglesias no sólo es un parlamentario mediocre, es que, además, su sumisión tiene que estar causando un amplio malestar en las bases y, sobre todo, en los votantes de Izquierda Unida.



De cuantos debates se han venido celebrando sobre el estado de la región, puede que el más decepcionante fuese este último, que significó también la crónica de un bochorno anunciado.



Ni una pizca de autocrítica, ni un mínimo de exigencia al Gobierno central por parte de Areces. Ni una vaga idea de un proyecto para Asturias por parte de Ovidio. Ni una ligera ni lejana oposición por parte de Iglesias.



No es posible que pacten nada el PSOE y el PP. Pero lo peor no es eso: es que ni siquiera parecen compartir una preocupación común en pro de la resolución de los problemas, que, para Areces, parece no haber. Y, para Ovidio, no van más allá de las anécdotas que se pueden hablar en los chigres.



Crónica, por tanto, de un bochorno anunciado, al que también contribuyó don Jesús Iglesias con su mediocridad y entreguismo.

De todos modos, yo ni siquiera esperaría que las cosas pudiesen mejorar, en función de unos cambios en los dirigentes de los principales partidos, que, primero, no sabemos si habrá, y, segundo, nada garantiza que pudieran ser para mejor.

 

http://www.lne.es/opinion/2009/09/29/cronica-bochorno-anunciado/814328.html
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