Ninguna expulsión desde Asturias, No a la ley de extranjería

 

 

Manifestación sábado 6 marzo 13:00h

Salida: Estación RENFE de Oviedo


A Fallou lo detuvieron al bajarse del tren que le traía a casa de su trabajo; Ibrahim y Modou fueron atrapados por la policía mientras se dedicaban a la venta ambulante; Olanna había bajado a llamar por teléfono a su familia en Nigeria desde la cabina del barrio; Ngagne caminaba hacia la mezquita cuando le identificaron; Mbaye, Abdel y Fatou paseaban por la ciudad: no iban a ningún sitio, pero acabaron –como el resto- en un Centro de Internamiento de Extranjeros. Todas estas personas –y varias decenas más- fueron detenidas en Oviedo, Gijón y otras poblaciones de Asturies tan sólo en el mes de enero, por el único motivo de que no tienen papeles.

A Mbaye, cuando al día siguiente le comunicaron en el juzgado que iba a ser enviado al Centro de Internamiento de Aluche (Madrid), los policías le arrastraron por el suelo, pues se había tirado y no paraba de llorar. Olanna no lloraba. Probablemente no supo a dónde la llevaban, pues sólo llevaba un mes en Asturias y no comprendía el castellano. Tampoco se entendía con el traductor que compareció en comisaría. Ngagne llamó a su profesor de castellano desde el CIE de Aluche; además de transmitir su ansiedad por si era finalmente expulsado, pedía que alguien acudiese a visitarle para llevarle un cepillo de dientes, pues había sido detenido y enviado a Madrid sin nada, y allí tampoco le facilitaban ni ropa ni útiles básicos de aseo personal.


¿Por qué motivo se repiten, un día tras otro, detenciones de inmigrantes sin papeles en Asturies? La población inmigrante es muy poco numerosa, así que nadie puede hablar de avalancha. No llega a las cincuenta mil personas. Son ellas quienes realizan muchos trabajos que la población autóctona rechaza. Son ellas quienes compensan –aunque sea parcialmente- la sangría demográfica de Asturies, debido al envejecimiento poblacional y a la emigración de la gente joven. Asturies es la Comunidad Autónoma con menor porcentaje de población activa (51%) y mayor tasa de dependencia. Sólo la llegada de jóvenes inmigrantes y los hijos e hijas de mujeres latinoamericanas, africanas, asiáticas o de Europa del Este evita que las cifras sean aún más escandalosas: el Instituto Nacional de Estadística dice en su último estudio que Asturies perderá, de aquí a diez años, un cinco por ciento de su población.


¿Qué hace la policía con las personas detenidas? Mbaye, Olanna, Ibrahim, Modou, Ngagne, Abdel, Fatou y muchos otros inmigrantes han pasado varias noches en los calabozos de las comisarías asturianas. Los testimonios de maltrato psicológico y de condiciones humillantes son numerosos. Luego han sido enviados a un Centro de Internamiento (CIE) para realizar los trámites para su expulsión. La nueva reforma de la Ley de Extranjería ha ampliado el plazo de encierro en los CIEs de cuarenta a sesenta días. En ese período permanecen en unos centros que son peores que una cárcel, a pesar de no haber cometido delitos. Dos informes de reciente publicación –uno realizado por la Comisón Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y otro por el Ferrocarril Clandestino, SOS Racismo Madrid y Médicos del Mundo- relatan cómo en estos centros hay celdas de aislamiento, maltratos y torturas policiales y condiciones de vida insalubres –que provocan, entre otras cosas, un elevado número de abortos, pues también encierran a mujeres embarazadas-. Si alguien quiere viajar desde Asturies a ver a un interno en el CIE de Aluche, hará novecientos kilómetros para que le dejen entrar, tras varias horas de espera, ¡cinco minutos!


¿Cuál es el motivo de este ensañamiento de la Delegación de Gobierno contra las personas inmigrantes? Es importante recordar que a muchas de las personas detenidas las trajeron las autoridades españolas a la Península desde Canarias, y luego las abandonaron en cualquier ciudad sin papeles y sin medios de supervivencia. Ahora las encierran por no tener papeles. A algunas las expulsarán a su país y además prohibirán su entrada en España por tres o más años. Pero a la mayoría las volverán a soltar cuando termine su período máximo de internamiento. Y vuelta a empezar la lucha clandestina por la supervivencia. En realidad estas detenciones son ejemplarizantes, son una forma de meter miedo a toda la población inmigrante, que se ve obligada a aceptar cualquier condición laboral –en el mercado legal o en la economía sumergida- debido a esta inseguridad jurídica y social.


Los políticos, ante casos como el de Vic, se llenan la boca de palabras vacías y mentirosas. Dicen defender los derechos humanos de todas las personas, pero ordenan perseguir, detener y maltratar a la población inmigrante. Dicen que ayudan a los países pobres, pero muchos de los inmigrantes que están hoy aquí han venido por el expolio que empresas españolas y europeas están haciendo de sus países. Dicen que hay que arrimar el hombro para superar la crisis, pero utilizan la crisis para recortar derechos de toda la población y para culpabilizar a los inmigrantes.


Si quieres escuchar otras voces; si, contra la crisis, estás dispuesta a tejer relaciones de apoyo mutuo con las personas inmigrantes; si te atreves a defender de verdad los derechos de todas las personas; si piensas que las personas inmigrantes no son sólo un instrumento para “nuestra” economía, acude el sábado 6 de marzo a la manifestación que convoca la Ruta contra´l racismu y la represión.


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