Qué municipalismo necesitamos

 

El municipalismo, por su pluralidad y arraigo territorial se ha convertido en una de las apuestas más potentes del ciclo político abierto por el 15M y Podemos. En la medida en que ha sabido aglutinar diferentes sensibilidades, formas de activismo y perspectivas diversas -que engloban a ciudadanas, movimientos, plataformas y partidos-, irrumpe como una las experiencias políticas con mayor capacidad para transformar la sociedad.

 

Sin embargo, el municipalismo no es algo homogéneo que pueda ser abordado con una definición cerrada. La riqueza del municipalismo estriba en su heterogeneidad y diversidad, en el modo en que ha sabido declinarse –con mayores o menores dificultades- en cada uno de los territorios en los que ha florecido. Su fortaleza radica en los agentes que ha movilizado a la hora de constituirse y en las dinámicas de proximidad y vecindad que ha sabido desplegar. No es, por tanto, un contenido concreto, sino una forma de hacer política.

 

Ahora bien, cuando hablamos de municipalismo no deberíamos imaginarnos exclusivamente las candidaturas municipalistas o CUPs como agrupaciones de electores y mucho menos aquello que sucede de puertas para adentro en los ayuntamientos, las tareas de las concejalías y la gestión administrativa. El municipalismo desborda los límites de las candidaturas y las instituciones, involucrando también a los colectivos, redes vecinales, barrios y distritos que forman parte del territorio. En este sentido, el municipalismo es un movimiento que atraviesa la ciudad, las demandas y apuestas de autoorganización de la ciudadanía.

 

Atender sólo a los liderazgos políticos o a las instituciones es un grave error, es interpretar lo municipal desde la óptica de la política profesional y el electoralismo. El municipalismo es, ante todo, un ecosistema integrado por los agentes políticos y sociales que hacen valer el derecho a la ciudad en cada uno de sus entornos locales. Así las plataformas en defensa de los servicios públicos, los movimientos por la vivienda, las asociaciones vecinales, colectivos reivindicativos y centros sociales, que construyen relaciones de vecindad y convivencia, forman parte integral de lo que entendemos por municipalismo.

 

En este sentido, la gran mayoría de las candidaturas municipalistas construidas hasta ahora en Asturies mayoritariamente han sido formadas por Podemos y en ocasiones, sumando a Equo, pero no han conseguido aglutinar a todos esos sectores. Es por tanto, una de las tareas fundamentales para las futuras candidaturas construir esas alianzas en el terreno institucional y en la calle.

 

Hay quienes apostamos claramente por retomar un proceso de confluencia que cuente en primer término con organizaciones hermanas, como pueden ser Equo o IU y poder ampliarlo con aquellos sectores que quieran formar parte de un bloque social de cambio para las elecciones de 2019, y de forma paralela construir un movimiento social sólido en la calle.

 

El municipalismo no puede estar constreñido a las inercias de la institución y las políticas de los gobiernos de turno. Como hemos visto a lo largo de estos años, cuando no se trabaja de manera firme y colectiva con los programas y los proyectos políticos que permitieron el asalto a las instituciones, las candidaturas tienden a reproducir la agenda institucional de manera puramente burocrática y administrativa.

 

Hay que entender la práctica de la democracia municipal como algo que desborda el espacio institucional: es fundamental una ciudadanía movilizada y una red de contrapoderes para emprender grandes transformaciones.

 

El municipalismo, tanto desde las posiciones ganadas en la institución como desde los movimientos sociales, debe vincularse y apoyar a los agentes sociales del entorno local, participando activamente en los conflictos que atraviesan el mismo. De este modo, además de impulsar desde la institución las demandas de asociaciones, colectivos y plataformas vecinales también se acabará con la desafección política y el desencanto institucional que hoy parece sacudir a gran parte de la sociedad.

 

Hay que tener en cuenta que sin una sociedad civil organizada será muy difícil acometer grandes transformaciones; si no se apunta estratégicamente a la revitalización de las movilizaciones, la soledad de los cargos institucionales, tanto en gobierno como en la oposición, corre el riesgo de convertirse en parálisis.

 

Los procesos de confluencia tan esenciales en la práctica del municipalismo no pueden venir dados de la mano de la imposición por arriba, para que sean creíbles deben construirse en el día a día del trabajo cotidiano, en las prácticas comunes de los hombres y mujeres que forman parte de los diferentes proyectos, codo con codo hacia adelante con la gente. Así, el trabajo en común es la mejor garantía de unos cimientos fuertes que permitan sostener la heterogeneidad de todo espacio de confluencia.

 

Si realmente pretendemos dar un vuelco político a esta ciudad, es necesario un cambio de rumbo en las fuerzas del campo popular que permita sumar.

 

Verónica Rodríguez Fernández. Concejala de Xixón si Puede

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