Cuando lo público no nos pertenece: La Vega

 

Vaya por delante que escribo estas líneas desde mi más absoluta indignación con el Ministerio de Defensa. Llevo ya muchos años esperando para poder acceder a la fábrica de La Vega, para ver y caminar ese patrimonio público que se nos oculta tras una obscena valla sellada aún con alambre de espinos. Una valla que no solo nos impide el acceso y la vista sino que nos hiere el alma y el corazón de la ciudad. Un muro que oculta un rico patrimonio cultural e histórico que el ministerio de Defensa ha abandonado a su suerte y dejado que se vaya convirtiendo en ruinas. Todo antes que devolverlo a nuestra ciudad.

Por fin había conseguido para hoy martes una plaza en uno de los exiguos cupos autorizados para acceder al recinto de la extinta fábrica de armas de Oviedo. Por supuesto una visita guiada, controlada y vigilada, dentro de las Jornadas de Patrimonio Cultural organizadas por el Ayto. de Oviedo.

 

Tenía tantas ganas de admirar y disfrutar la obra de Sánchez del Río y el resto de edificios de la primera y segunda época del complejo fabril, tenía tantas ganas de ver esas portadas románicas de la capilla conventual y ese claustro conservado dentro de una nave en la que se fabricaron armas… tenía tantas ganas de conocer un patrimonio usurpado durante tantos años que… mi gozo en un pozo. El día antes nos comunican que de forma unilateral el ‘Ministerio de Defensa’ nos prohíbe hacer fotos: ni móviles ni cámaras (jamás nos podrán robar las imágenes que fotografiaron nuestros ojos). A punto de comenzar la visita nos dan la siguiente mala noticia, por la mañana, de nuevo ‘el Ministerio de Defensa’, de forma imprevista y unilateral nos prohíbe el acceso a la capilla y a la nave del claustro: decepción mayúscula, algunas personas habían ido especialmente para ver esos dos edificios. 

Después de un interesante y bien guiado paseo por el perímetro exterior de la gran manzana de La Vega, entramos en el recinto: mostramos DNI y entregamos firmado un documento en el que eximimos de responsabilidades al Ministerio de Defensa, al Ayto de Oviedo y sus representantes y nos hacemos cargo de cualquier eventualidad que nos suceda o provoquemos (nunca me pidieron tal cosa para entrar en un museo). Ya estamos dentro, se reúne el grupo visitante, los guardias de seguridad se colocan estratégicamente para controlar que no nos tomemos libertades y un señor con gorra-visera azul orlada en rojo y amarillo, chaqueta de camuflaje con discreta bandera adherida a la manga y pantalón vaquero, se presenta como el Comandante (ahora no estoy segura del rango, a mí ‘la música militar nunca me supo levantar’) y responsable del lugar y nos da la bienvenida y nos dice que, por si no lo sabíamos, el lugar en el que estábamos “es público” y que su propietario es el Ministerio de Defensa. Nos lo repitió por si no había quedado claro. Pero yo, que tengo tan ‘mala reputación’ como Paco Ibáñez le pregunté por qué, si era un patrimonio público, es decir de toda la ciudadanía, y las visitas se habían consensuado de una manera concreta con los edificios visitables señalados hace días, se nos prohibía repentina y aleatoriamente (mientras no se demuestre lo contrario) el acceso a dos de los lugares más emblemáticos, amén de hacer fotos (días atrás se autorizó a circular libremente y cámara en mano por todo el recinto al grupo inscrito en el concurso de fotos, y aún antes se permitió en su interior el rodaje de escenas para una película actualmente en cartelera). La respuesta fue lacónica: “por causas ajenas a nuestra voluntad”.

 

Y ya está, así de simple así de absurdo: allí estábamos ciudadanas y ciudadanos en un lugar ‘público’, o sea nuestro, pero que es propiedad el Ministerio de Defensa, que también es nuestro ¿o no?... porque pagarlo sí que lo pagamos y se supone que está a nuestro servicio pero… entre otras cosas, tiene algo nuestro que es suyo y no nos lo quiere dar si no es a través de un trato de mercader: algo no va.

 

 

Estoy molesta, ya lo dije al principio, porque me molestan los eufemismos: el ‘Ministerio de Defensa’ no habla, hablan las personas, las decisiones y las órdenes las toman y las dan unas personas concretas que tendrán, o no, criterios y razones y si éstas existen, como ciudadanas y ciudadanos tenemos el derecho a conocerlas. Yo no soy tropa ni rebaño, no debo a nadie obediencia ciega, atiendo a razones, quiero respuestas argumentadas. Y hoy, sin razones, nos han privado de conocer una parte de nuestro patrimonio histórico. Porque dudo mucho que visitar uno o dos interesantes espacios más o menos en un ruinoso (por dejadez) complejo de una antigua fábrica de armas, sea una cuestión de seguridad nacional.

Las ciudadanas y ciudadanos de Oviedo merecemos respeto, un respeto que empieza por las explicaciones fundamentadas y debe continuar por la devolución de nuestro patrimonio.

Mientras Defensa juega, Oviedo pierde, las personas y la ciudad. No podemos permitir que un espacio como La Vega, de tamaña riqueza urbana (paisaje, arquitectura, historia, cultura, ubicación, dimensiones…) nos siga siendo usurpado al disfrute ciudadano y al provecho no ya sólo de la ciudad sino también de toda el área metropolitana.

 

No sé, pero a mí siempre me pareció que cuando habla el poder que tiene las armas, calla la razón.

 

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