Ante la huelga feminista del 8M

¿Exactamente qué es lo que se reivindica?

 

En principio es una huelga laboral aunque también pretende reivindicar otros muchos objetivos más. Pero, a juzgar por su título, pareciera que se trata de una huelga sectorial, parcial, que no afecta al conjunto de los trabajadores aunque, por otra parte,  dicen que sí afecta a todos pero indirectamente, en segundo plano.

Como cualquier otra huelga o como cualquier otra protesta tiene múltiples lecturas. Positivas unas, negativas otras y, como en este caso, aquí y ahora, el sistema quedará como estaba lo que traducido a efectos prácticos quiere decir que ganará por goleada. Con esta movida todo seguirá igual incluso a peor. Las fuerzas son las que son y los ánimos y los recursos son muy limitados.

¿Exactamente qué es lo que se reivindica? Me temo que según a quién preguntemos nos dará un relato bastante diferente, salvo que todas (dicho en femenino) se manifiestan por los derechos de la mujer y por la igualdad. Derechos e igualdad respecto al hombre, nada respecto al sistema, respecto al capitalismo. Dicho esto y en este contexto francamente es como no decir nada. Ya tenemos una Constitución (la de la transición y de punto final, la del 78) en la que todo esto y mucho más ya está recogido con todo detalle, es decir, todos somos iguales, todos tenemos un montón de derechos pero, millonarios en derechos, de ahí no pasamos.

La huelga está convocada por y para las mujeres y los hombres pueden apoyarla en segundo plano o bien suplir a las mujeres en sus tareas.

En la huelga y en la manifestación se encontrarán o han de encontrarse, codo con codo, la asistenta y su ama, la funcionaria de carrera y la interina, la bien empleada y la desempleada, la bien pagada y la precaria, la de familia bien y la de familia marginada, la propietaria de cualquier inmueble y la desahuciada, la que sí llega a fin de mes y la que le sobra más de medio mes, sin contar con las que no tienen ingreso alguno.

En esta huelga y en esta manifestación la mujer también se encontrará con un montón de parados precarios –hombres-, de parados, de marginados, unos con pocos estudios y otros con un par de carreras y un par de idiomas.

En la huelga y en la manifestación también habrá mujeres mucho mejor situadas que muchos hombres, por supuesto, pero la cuestión no está en si tú más o menos que yo, no está en si hay más o menos perjudicadas o perjudicados sino en que nos hemos empeñado en “suprimir las clases”, en suprimir eso que antes llamábamos “clases” sociales como si bastara el deseo para que tales clases desaparecieran.

El sistema productivo, el capitalismo, quieran o no las feministas convocantes, es el que configura la sociedad en clases y el que mal reparte las plusvalías de sus negocios como propietario de las mismas y como propietario de los medios de producción. Al capitalismo sí hay que reconocerle la virtud de no ser ni xenófobo, ni racista ni misógino, es decir, le da igual qué personas o qué medios va a utilizar y a explotar, sus prioridades se reducen a una sola, a obtener la mayor rentabilidad en sus negocios, a mantener y a aumentar, si puede, la tasa de ganancia. Si hace falta, y le hace muchísima falta, recurre a violar todos y cada uno de los tratados internacionales para bloquear, invadir, bombardear o lo que sea necesario para obtener más y más recursos, más y más mercados, más y más poder. Y pobre de aquél país, persona o personas que se interpongan. ¿Hace falta recordar el ciento y pico de países que bajo la bota del capitalismo están siendo esquilmados, bombardeados y arrasados, asesinando a niños, mujeres y hombres?

En estos momentos todos estamos amenazados seriamente por una crisis del sistema que no solo no parece tener fácil salida sino que cada vez va a peor.

Hoy y ahora el género es un problema pero ¿no cabría pensar que se trata más bien de la consecuencia de este sistema? El futuro de una persona depende más, mucho más, de la “clase” social en la que nace que de cualquier otra circunstancia, incluido el género. Por supuesto que los problemas que puede haber y hay con el género es necesario resolverlos, pero no se pueden confundir las causas con los efectos, porque de nada serviría intentar resolver éstos sin ir directamente a aquellas, a las causas.

Convocar huelga y manifestación sin definir exactamente qué objetivos concretos se reivindican y sin dirigirse exactamente a las personas e institución que los ha de resolver no pasa de ser un brindis de buenas intenciones.

El desempleo, la precariedad, los recortes sociales siguen creciendo porque todo ello es esencial para el sistema capitalista. El paro es esencial para mantener una bolsa de reserva de mano de obra barata y los recortes lo son para mayor beneficio del modelo productivo. Estamos con la jornada laboral de hace un siglo y repartir las horas de trabajo llevaría aparejada necesariamente compartir la precariedad y continuar con la bolsa de paro, tan esencial para el sistema, ¿ o es que alguien cree que van a reducir la jornada manteniendo los sueldos y eliminando la bolsa de paro, renunciando a una parte de sus beneficios?

Muchos son los frentes abiertos como para perderse en luchas inciertas y poco o mal definidas. Necesitamos mantener y mejorar las prestaciones sociales, por supuesto y, necesitamos también, con no menos urgencia y prioridad, garantizar un mínimo de subsistencia por encima del índice de pobreza. Es decir, una Renta Básica Universal sin contraprestación alguna. Claro que esto no parece fácil, pero lo que hasta ahora está siendo más difícil es concienciar y esclarecer, precisamente, a los más necesitados del interés y de las ventajas de esta RBU, único modo de acabar con la precariedad de salarios y de pensiones y único modo de garantizar el mínimo humano de subsistencia, sin olvidar que millones de personas no tienen ni salarios ni pensiones de modo que muchos viven ya en la pobreza severa.

Claro que la RBU no es la panacea y más claro aún que solo puede ser el fruto de una conquista social que, como tal, solo se obtendrá con lucha, luchando, nunca gratis, salvo que sea una concesión del sistema, de la Troika, algo inaceptable, algo que no sería más que un caramelo envenenado.

Mientras, las luchas de género continuarán dispersando a los trabajadores, a los que ni tienen trabajo y a pensionistas.

Este fin de semana sale hacia Madrid la Marcha de la Marea Básica desde distintas ciudades reivindicando la lucha contra el paro, la precariedad y por la Renta Básica.

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