Así no hay democracia verdadera

 
 

Hay mucha gente que aún acude a votar en las elecciones, sobre todo en países que dejaron atrás una dictadura. Hasta cierto punto es lógico, pero esa atractiva idea a priori de la democracia representativa se empezó a torcer aquí en cuanto se pudo votar.

El referéndum del 78 sobre la Constitución fue la primera pifia, el del 86 sobre la OTAN la revalidó y desde entonces la cosa ha ido de culo, cuesta abajo y sin frenos.

Desde 1977 ha habido 13 elecciones generales y no han eliminado los crímenes de Estado aquí y en el extranjero, la delincuencia empresarial, extranjera y local, la de los políticos, la corrupción en todas las instituciones nacionales y en las europeas, el saqueo de lo público que llaman crisis, la imparable acumulación de riqueza en manos de una minoría, la creciente brecha económica, el deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores y sus familias, el deterioro ambiental… Así no hay verdadera democracia.

La razón de esto la explicó hace muchos años Carlos Marx y lo sangrante es que lo ha reafirmado hace poco uno de los hombres más ricos del mundo, el inversor Warren Buffet: “sí, hay guerra de clases, la hace mi clase, la de los ricos, y la estamos ganando”.

Entonces más lógico sería que la gente rechazase ese tipo de elecciones y de democracia. A pesar de eso los de abajo siguen votando y morirán con los votos puestos pero sin heroísmo, mientras los ricos y sus marionetas, los políticos, morirán también, pero de risa y con mayor comodidad.

Si uno pone su vida en manos de otros, entonces consiente en que éstos hagan lo que quieran con aquélla, que como muestran estos 40 años de democracia es aumentar su propio beneficio a costillas de la gente que les vota.

Esto no es todo, otra de las consecuencias de esa situación, que tiene lugar en todo el mundo, es que por el descontento generalizado medra la extrema derecha -mediante variedades locales-, en lugar de la solidaridad con los más perjudicados. 

Con este cóctel mortífero lo que ocurre es que esa democracia se va deslizando hacia un nuevo estado político: guerra polifacética –no sólo con armas de fuego- y continua entre países y de todos contra todos, también entre pobres.

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