Los puestos claves europeos: candidaturas a imagen de una UE antisocial y antidemocrática

Las personalidades designadas para ocupar esos puestos ponen de manifiesto la naturaleza neoliberal, antisocial y antidemocrática de la Unión Europea.

- Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen

- Presidenta del BCE, Christine Lagarde

 -Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel

- Jefe de la diplomacia europea, Josep Borrel

Las transacciones en el seno del Consejo Europeo de jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea (UE), con el fin de designar a las personas responsables de los cuatro puestos claves (top jobs) de la Unión —presidencia de la Comisión Europea, presidencia del Banco Central Europeo (BCE), presidencia del Consejo Europeo y representación de la diplomacia europea—, se acabaron el martes 2 de julio por la noche.

Esas negociaciones mostraron, sobre todo, donde se sitúa el centro de gravedad de la toma de decisiones políticas entre los 28 miembros: esencialmente, las transacciones estuvieron en torno a la búsqueda de un acuerdo entre Angela Merkel y Emmanuel Macron, un proceso ampliamente puesto en escena y transmitido por los medios. Estos últimos ni siquiera mencionan el procedimiento de la elección del presidente de la Comisión por el Parlamento Europeo entre los principales candidatos de los diferentes grupos políticos: en una Unión Europea en crisis en la que la extrema derecha progresa peligrosamente, el bloque dominante, el extremo-centro (cuyos representantes en el Parlamento Europeo son los socioliberales de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas —S&D—, los centristas de Renovar Europa —RE, ex ALDE—, los conservadores del Partido Popular Europeo —PPE— y, en cierta medida, el grupo de los Verdes) se organiza al más alto nivel para asegurar el statu quo, sin preocuparse por mantener algún tipo de respeto a las ilusiones democráticas. Aunque la presidencia de la Comisión Europea debía ser elegida formalmente por el Parlamento mediante una votación entre los cabezas de lista de los principales partidos el 17 de julio, el acuerdo sellado en el seno del Consejo Europeo bajo la égida de Angela Merkel y Emmanuel Macron fue considerado como válido desde su firma el 2 de julio. Y, efectivamente, Ursula von der Leyen, la candidata designada por el Consejo Europeo, fue la única propuesta por un partido mayoritario. Ciertamente, la recomposición política entre los grupos parlamentarios de S&D, RE y del PPE no está terminada y provoca algunas contradicciones, que ocasionaron que la elección fuese menos fácil que lo previsto por Angela Merkel y Emmanuel Macron. Por otra parte, los Verdes demostraron que necesitan mayores incentivos para unirse en forma más abierta al bloque dominante. En última instancia, el acuerdo deseado por el Consejo Europeo fue aprobado sin demasiado barullo por el Parlamento, y Ursula von der Leyen es la nueva presidenta de la Comisión Europea.


Candidaturas a imagen de una construcción europea neoliberal

Este acuerdo atestigua, sin grandes sorpresas, el hecho de que la UE es un proyecto al servicio del gran capital, que oprime a las clases populares tanto en Europa como en el resto del mundo.

Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen

Ursula von der Leyen fue designada candidata para presidir la Comisión Europea y elegida para ese puesto. Miembro de la Unión Cristiana-Demócrata Alemana (CDU), el partido conservador de la cancillera Angela Merkel, fue ministra en los gobiernos de esta última desde su primer mandato en 2005, después de haber ejercido funciones ministeriales en el ámbito del land de Baja Sajonia de 2003 a 2005. A cargo del ministerio de Defensa de la República Federal desde 2013, estuvo comprometida en el envío de tropas alemanas junto a otras fuerzas militares europeas a la guerra imperialista dirigida por Francia en Malí, y también argumentó a favor de un refuerzo de la OTAN y de una política de «defensa» común a nivel europeo. Proveniente de una familia burguesa del norte de Alemania y ligada por matrimonio a la burguesía ennoblecida von der Leyen, esta aristócrata no tuvo ningún escrúpulo en suprimir una serie de subsidios sociales que beneficiaban a los más precarios: en Baja Sajonia, su ministerio suprimió en 2005 los subsidios concedidos a las personas con déficit visual —fueron reintroducidos, con un monto menor, dos años más tarde por la ministra que la sucedió en el cargo—. A nivel federal, von der Leyen suprimió especialmente los subsidios familiares a las familias más pobres, en nombre de una visión falsamente presentada como «feminista», instando a las madres a trabajar sin preocuparse de las condiciones de acceso al mercado de trabajo, incluso cuando están particularmente degradadas en Alemania para las mujeres, y las trabajadoras y trabajadores sin calificación. En un momento, se pensó en que tomaría el relevo de Angela Merkel a la cabeza de la CDU, así que podemos apostar que defenderá de manera intransigente el ordoliberalismo económico en la UE, exigiendo a las clases populares que se continúen apretando el cinturón con el fin de limitar los déficits y poder reembolsar la deuda pública, al mismo tiempo que se mantiene la tasa de beneficios de los capitalistas.

Presidenta del BCE, Christine Lagarde

Bien conocida por el público, Christine Lagarde fue propuesta por Emmanuel Macron y Angela Merkel para dirigir el Banco Central Europeo y también tomará posesión de su puesto próximamente. Esta institución, cuya supuesta «independencia» tuvo por objetivo alejarla de la esfera política para confinarla ilusoriamente en el dominio técnico, estuvo en primera línea en la crisis de la deuda pública griega para imponer las condiciones de los acreedores. Se extralimitó ampliamente de su mandato al chantajear a Grecia durante el primer gobierno de Tsipras en 2015: cortándole el acceso normal a la liquidez unos días después de la victoria electoral de Syriza en enero de 2015, y haciendo cerrar los bancos griegos una semana antes del referéndum del 5 de julio del mismo año. Sin embargo, con estos hechosel BCE obtuvo de paso beneficios odiosos.

Christine Lagarde está muy bien colocada para conocer los entresijos del asunto ya que desde julio de 2011 estuvo a la cabeza del Fondo Monetario Internacional (FMI). El Fondo constituyó con el BCE y la Comisión Europea la troika que rescató a los principales grupos europeos de su exposición a los riesgos que los amenazaba en Grecia, e impuso la austeridad a la población griega para que pague la factura, provocando los desastres sociales y humanitarios que conocemos. Si el FMI se especializó en la publicación de textos cuestionando la eficacia de sus políticas anteriores, en forma de notas de blog, de documentos de trabajo o de informes de evaluación a posteriori, que no comprometen en nada a la institución, no hay que equivocarse: el Fondo continúa siendo una herramienta fundamental para la dominación imperialista mediante la integración agresiva al neoliberalismo del conjunto de los Estados del planeta. Bajo la dirección de Christine Lagarde, la austeridad propugnada por el FMI no solamente degradó el nivel de vida de Grecia, sino también de países como Haití, Guinea, Egipto, e incluso Túnez, en los que los recortes presupuestarios en los servicios sociales o en los subsidios a los bienes de primera necesidad provocaron y provocan, a menudo, explosiones sociales. En Sudán, fueron las medidas económicas propugnadas por el FMI, dirigido por Christine Lagarde, las que, nuevamente, encendieron la mecha en diciembre de 2018 desencadenando un levantamiento popular de gran amplitud. Actualmente, este movimiento se enfrenta a una feroz represión por parte de las fuerzas de seguridad sudanesas.

Christine Lagarde realizó una carrera de 25 años en el lucrativo gabinete de abogados dedicado a los negocios internacionales Baker McKensie, del que fue la cabeza visible a partir de 1999, antes de desempeñar desde 2005, responsabilidades ministeriales en los gobiernos conservadores de Dominique de Villepin (con la presidencia de Jacques Chirac), y luego de François Fillon (con la presidencia de Nicolas Sarkozy). Durante la presidencia de Sarkozy y hasta su partida al FMI, en 2011, ejerció la función de ministra de Economía y Finanzas. Durante su mandato, fueron recapitalizados los principales bancos privados cuando estalló la crisis bancaria en 2008, inyectando miles de millones de euros de dinero público en esos establecimientos financieros cuyos dirigentes no se preocuparon en absoluto de sus responsabilidades por esa situación. Paralelamente, el gobierno francés hizo recaer sobre las clases populares el coste de la crisis, aplicando medidas de austeridad en los servicios públicos, e incluso aumentando la edad legal de jubilación, a pesar de la oposición de un movimiento social masivo en el otoño de 2010. Como ministra de Finanzas de la segunda potencia de la zona euro, es ella la que exigió durante el primer memorándum de Grecia en 2010, que los tipos de interés ligados a los préstamos de la troika fueran los más altos posibles. Eso permitió a Francia acumular, solo en el período de 2010 a 2013, 695 millones de euros de beneficios a costa de la población griega.

Fue también como ministra de Economía y Finanzas que Christine Lagarde validó el arbitraje a favor de Bernard Tapie en el litigio que lo oponía al Crédit Lyonnais, exigiendo que el Estado (propietario del «banco malo» creado para liquidar el pasivo del Crédit Lyonnais después de su quiebra en los años 1990) pagara 403 millones de euros a este hombre de negocios. Pero el arbitraje estuvo marcado por las connivencias. Con una demanda ante la corte de Justicia de la República, una instancia jurisdiccional que trata de proteger los ministerios de los tribunales ordinarios, en diciembre de 2016, Christine Lagarde finalmente fue reconocida como culpable de un delito de negligencia, pero ¡se la dispensa de la pena mientras su legajo judicial continúe virgen! Y se invocaron, como motivos: la «personalidad» de Christine Lagarde y su «reputación internacional». En otras palabras, Christine Lagarde, se beneficia de una confianza total por parte de las clases dominantes a nivel internacional.

Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel

En medio del temporal, las dos principales potencias de la zona euro refuerzan de esta manera su influencia en el control de la UE, al nombrar una alemana leal a Angela Merkel y a la CDU, y una francesa que figura en primera línea de la defensa del neoliberalismo a escala planetaria. El cuadro, que reafirma el papel dirigente de las economías del centro de la zona euro, se completó con el nombramiento por los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea como presidente del Consejo Europeo a Charles Michel, una personalidad del Benelux, primer ministro de Bélgica de 2014 a 2019. En 2014, Michel constituyó un gobierno de derecha duro, en el que su partido liberal se alió a los cristianos demócratas flamencos, aunque también y sobre todo a la derecha nacionalista flamenca de Bart de Weber, el N-VA. Este partido de extrema derecha propugna una política conservadora a favor del capital contra el trabajo, y políticas racistas. Éstas, especialmente, bajo la cobertura de una pretendida defensa de valores presentados como «europeos», tales como los derechos de las mujeres y de las personas LGBT, de lo que el N-VA, en realidad, se burla descaradamente. El gobierno de Charles Michel, trabajando estrechamente con la patronal belga, llevó a cabo numerosas políticas antisociales, después de haber derrotado un movimiento social combativo en el invierno de 2014-2915, como el retraso de la edad legal para la jubilación, la degradación del código de trabajo, e incluso la continuación de reformas fiscales a favor del capital.

Este gobierno no dudó en instalar un clima securitario ansiógeno luego de los atentados de París del 13 de noviembre de 2015, con un amplio despliegue de militares y vehículos blindados, en aplicación de una política antiterrorista de lógica totalmente opaca, que no pudo evitar los atentados del 22 de marzo de 2016 en Bruselas.

Con Jan Jambon nombrado ministro del Interior y Theo Francken como secretario de Estado para el Asilo y la Migración, los dos miembros de N-VA, el gobierno de Charles Michel también aplicó políticas totalmente odiosas y racistas, por ejemplo, al colaborar con los servicios del dictador de Sudán Omar Al-Bachir (derrocado por un levantamiento popular ejemplar), para reenviar a los migrantes sudaneses a la tortura en las mazmorras de Jartum, e incluso, criminalizando a la ciudadanía solidaria que alojaba a las y los migrantes. Las políticas antimigratorias de ese gobierno condujeron a la muerte a Mawda, un niño kurdo de dos años, muerto por la policía. Esto sucedió durante la persecución que intentaba detener el vehículo en el que se encontraba ese niño con su familia y otros y otras migrantes. Sin embargo, fue finalmente el N-VA el que hizo caer al gobierno de Michel en diciembre de 2018, al retirarle su apoyo ya que el N-VA se oponía al «Pacto de Marrakech», ese tratado de las Naciones Unidas no vinculante, y sin ambiciones, sobre las migraciones. Pero esta salida del gobierno de N-VA, en el momento en que la extrema derecha más abyecta se organizaba en torno a la oposición al Pacto de Marrakech, permitió, sobre todo a N-VA y al Movimiento Reformador (MR) de Charles Michel, movilizar nuevamente sus electorados respectivos en vista a las elecciones de la primavera de 2919, donde el éxito fue mayor para la organización de Bart de Wever, Jan Jambon y Theo Francken que para la de Charles Michel. Los resultados de las elecciones en Bélgica, con el N-VA que se mantiene en la primera posición en Flandes, y el partido Vlaams Belang (aliado de Matteo Salvini y Marine Le Pen) que progresa peligrosamente hacia la segunda posición en el parlamento flamenco, finalmente demostraron que al trabajar con el N-VA durante más de cuatro años, el gobierno de Charles Michel abonó el terreno a la extrema derecha. Realmente paradójico por parte de un representante del bloque dominante europeo que, detrás de Macron, se presenta como la única defensa frente a la extrema derecha.

Además, el gobierno de los asuntos cotidianos de Charles Michel se destacó, durante el primer semestre de 2019, por la ausencia total de respuesta ante el espectacular movimiento de masas por el clima que recorrió Bélgica: decenas de miles de jóvenes se pusieron en huelga para denunciar la inacción ante la amplitud de la catástrofe ecológica en curso.

Jefe de la diplomacia europea, Josep Borrel

Finalmente, el Consejo Europeo nombré formalmente a Josep Borrell, miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y hasta ahora ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Pedro Sánchez, en el puesto de Alto representante de la UE para las relaciones exteriores y la política de seguridad (o más simplemente, jefe de la diplomacia europea), como había sido propuesto por el acuerdo del 2 de julio. Al proponer a un socioliberal para esta función, Emmanuel Macron y Angela Merkel buscaron equilibrar el reparto de los puestos en el seno del bloque dominante recompuesto, ya que los tres primeros puestos se atribuyeron a personalidades de sensibilidad liberal y conservadora. Además, al tratarse de un puesto adjudicado a un hombre político proveniente de la periferia Sur de Europa, permite, aparentemente, contrabalancear el nombramiento para puestos claves de las tres personalidades provenientes del centro de la zona euro. En realidad el Partido Socialista español se enmarca plenamente en el proyecto neoliberal europeo, y este «equilibrio» apunta, sobre todo, a legitimar el acuerdo sellado entre Emmanuel Macron y Angela Merkel.

Con respecto al enfoque de Josep Borrell sobre las relaciones exteriores, mencionemos su reciente visita a Níger, en junio de 2019. Además de ser criticado por la opinión pública española por llevar un atuendo que recordaba al de los colonos extranjeros que partían a un safari, se enmarca totalmente en la continuidad de las políticas exteriores de la UE y de sus Estados miembros, cuyos gobiernos priorizan las cuestiones de seguridad, migratorias y demográficas por encima de los retos del desarrollo del continente africano. Por lo tanto, se puede anunciar la continuación de las políticas de externalización de fronteras de la UE y de desviación de la ayuda pública al desarrollos fines securitarios y represivos. Fue también Josep Borrell el que diseñó la estrategia del gobierno español con respecto a la tentativa de golpe de Estado de Juan Guaidó en Venezuela, un país donde el Estado español posee importantes intereses económicos, especialmente por su historia imperialista (por ejemplo el BBVA Provincial, la filial venezolana de uno de los principales bancos españoles, es el tercer banco del país). El 26 de enero de 2019, tres días después de la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela, los gobiernos español, francés, alemán e inglés emitieron un ultimátum al presidente en ejercicio Nicolás Maduro, exigiéndole que convocara elecciones en el término de una semana, y si no lo hacía, reconocerían a Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela. Una tentativa de injerencia que no llegó al derrocamiento de Maduro, pero que atestigua el hecho de que las principales potencias de la Unión Europea son totalmente proclives a defender sus intereses de manera autoritaria, no solo en el seno de la UE como lo había demostrado la experiencia griega de 2015, sino también en el exterior de la misma.


Construir una alternativa anticapitalista, democrática e internacionalista

Varios editorialistas y observadores se autofelicitaron ya que el acuerdo propone una lista de personalidades en la que la paridad de género es respetada, indicando que esos nombramientos llevarían un bienvenido aire fresco, al consagrar «la afección de la población europea a los valores de la igualdad de los sexos» según Le Monde del 3 de julio de 2019, que agrega: «Comprometidas desde hace mucho tiempo en la defensa de los derechos de las mujeres, [Ursula von der Leyen y Christine Lagarde] instalan la paridad en la normalidad». Pero es necesario absolutamente denunciar esta recuperación del feminismo con fines de legitimación de un proyecto de política antidemocrática, desigual y racista en la que las mujeres figuran entre las primeras víctimas. Con respecto a esta cuestión, nos vemos totalmente representados por las palabras de Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser, que conviene citar:

  • En la primavera de 2018, Sheryl Sandberg, directora de operaciones de Facebook, anunció al mundo que «estaríamos mucho mejor si la mitad de todos los países y compañías estuvieran dirigidas por mujeres y la mitad de todos los hogares estuvieran gobernados por hombres», y que «no deberíamos estar satisfechas mientras no alcancemos ese objetivo». Sandberg, destacada exponente del feminismo corporativo, ya se había ganado un nombre (y también su dinero) instando a las mujeres con cargos ejecutivos a lo que ella denominaba lean in [1]] en la sala de juntas de la compañía. Como antigua jefa de personal del secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Larry Summers (el hombre que liberalizó Wall Street), no tuvo ningún reparo en aconsejar a las mujeres inculcándoles que el éxito que se obtiene resistiendo en el duro mundo de los negocios era la vía regia hacia la igualdad de género.
  • Esa misma primavera, una huelga militante feminista paró España. Junto a más de cinco millones de manifestantes, las organizadoras de la huelga feminista [2] de veinticuatro horas reivindicaban «una sociedad libre de opresiones, de explotación y violencias machistas», y llamaban «a la rebeldía y a la lucha contra la alianza entre el patriarcado y el capitalismo, que nos quiere obedientes, sumisas y calladas». Mientras el sol se ponía sobre Madrid y Barcelona, las feministas en huelga anunciaban al mundo: «El 8 de marzo nos cruzaremos de brazos e interrumpiremos toda actividad productiva y reproductiva», y declaraban que no iban a «aceptar peores condiciones de trabajo ni recibir menos que los hombres por igual trabajo». Estas dos voces representan dos caminos opuestos en el movimiento feminista. Por un lado, Sandberg y las de su índole ven el feminismo como una criada del capitalismo. Quieren un mundo donde la tarea de gestionar la explotación en el lugar de trabajo y la opresión en el conjunto social, sea compartida por igual entre los hombres y las mujeres de la clase dominante. Se trata de una notable visión de la dominación de la igualdad de las oportunidades, una visión que pide a la gente común, en nombre del feminismo, agradecer que sea una mujer, y no un hombre, quien reviente su sindicato, ordene a un misil matar a sus padres o encierre a su hijo en una jaula en la frontera. En definido contraste con el feminismo liberal de Sandberg, las organizadoras de la huelga feminista [3] insisten en acabar con el capitalismo: el sistema que genera jefes, produce fronteras nacionales y fabrica los misiles que les defienden.
  • Ante estas dos visiones del feminismo, nos encontramos como en una bifurcación en el camino, y nuestra elección acarrea consecuencias extraordinarias para la humanidad. Un camino lleva a un planeta chamuscado en el que la vida humana se ha degradado hasta el punto de ser irreconocible, si es que acaso tal vida sigue siendo posible. El otro apunta a la clase de mundo que ha sido siempre el centro de los sueños más elevados de la humanidad: un mundo justo, cuya riqueza y cuyos recursos naturales sean compartidos por todos, en el que la igualdad y la libertad sean condiciones de vida reales, no solo aspiraciones.
  • El contraste no podría ser más absoluto. Pero lo que hace que la elección sea ahora urgente es la ausencia de cualquier camino intermedio. Debemos esa escasez de alternativas al neoliberalismo: esa forma excepcionalmente depredadora y financiarizada de capitalismo que ha prevalecido en todo el globo durante los últimos cuarenta años. Tras envenenar la atmósfera, mofarse de cualquier pretensión de gobierno democrático, tensar nuestras capacidades sociales hasta un punto de ruptura y empeorar las condiciones de vida en general para la gran mayoría, esa reiteración del capitalismo ha elevado el nivel de riesgo de las luchas sociales, convirtiendo pacíficos esfuerzos por ganar modestas reformas en batallas campales por la supervivencia. En esas condiciones, el tiempo de ver las cosas desde la barrera ya ha pasado y las feministas debemos tomar posición: ¿continuaremos persiguiendo la «dominación de la igualdad de oportunidades» mientras el planeta arde? ¿O reimaginaremos la justicia de género de una forma anticapitalista, una forma que lleve, más allá de la crisis actual, a una nueva sociedad? [4]

Como Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser, nosotros nos colocamos decididamente a favor de la segunda opción: la de la ruptura con un sistema capitalista mortífero basado en la explotación de los seres humanos y de la naturaleza. En la Unión Europea, esto implica desobedecer a las instituciones y a los tratados que imponen el neoliberalismo, especialmente mediante el arma de la deuda, y Grecia constituyó un laboratorio cuyas experiencias están destinadas a repetirse en casos de nuevas crisis amenazando los intereses de las clases dominantes y matando a miles de migrantes cada año. Al empobrecer a las poblaciones y al estigmatizar a las y los migrantes, estas políticas le hacen el juego a la extrema derecha de Matteo Salvini y Marine Le Pen. Una extrema derecha que en absoluto propone superar el capitalismo, sino una salida autoritaria de la crisis donde el statu quo saldría reforzado a favor de las clases dominantes.

Por consiguiente, no solo se trata de romper con el cepo de austeridad y antidemocrático de la UE, sino también con las clases dominantes tanto a nivel local como nacional, y de reunir a las clases populares sobre la base de un proyecto para una sociedad democrática, igualitaria y preservadora de los ecosistemas, de los que formamos parte los seres humanos. Eso implica que busquemos, desde ahora mismo, la construcción de fuertes movilizaciones sociales con el fin de derrotar a la ofensiva del capital contra el trabajo y a deslegitimar la Unión Europea con una perspectiva antirracista e internacionalista. Esto es lo que propone la red ReCommonsEurope, en la que participa el CADTM, y que tiene por vocación entablar el debate con el conjunto de fuerzas de la izquierda emancipadora con el fin de establecer una orientación estratégica en ese sentido.


Traducción Griselda Piñero

Notas

[1Lean in (en inglés: inclinarse [como movimiento corporal] o atreverse [como metáfora por atreverse, arriesgarse]) es un término acuñado por Sheryl Sandberg en su libro Lean In: Women, Work and the Will to Lead, traducido al castellano como Vayamos adelante (lean in): las mujeres, el trabajo y la voluntad de liderar, trad. de Eva Cañada Valero, Barcelona, Conecta, 2013. [N. del T. – Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya, Nancy Fraser, Manifiesto de un feminismo para el 99%, Herder, España, 2019.

[2En castellano en el original. [N. de la E. – Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya, Nancy Fraser, Opus cit.]

[3En castellano en el original. [N. de la E. – Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya, Nancy Fraser, Opus cit.]

[4Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya , Nancy Fraser, Idem.

Nathan Legrand, CADTM Bélgica

http://www.cadtm.org/Los-puestos-claves-europeos-candidaturas-a-imagen-de-una-UE-antisocial-y

Top