Reflexiones para un mundo alternativo necesario

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1. Salir de un modelo que no garantiza protección alguna

Esta dramática emergencia sanitaria y social nos está ofreciendo una nueva consciencia de que un modelo basado excusivamente en el pensamiento de mercado y la prioridad de los beneficios no garantiza protección alguna.

La privatización de los sistemas sanitarios, los recortes draconianos en el altar de las constricciones presupuestarias y la mercantilización de la investigación científica han convertido un grave problema sanitario en una dramática situación de emergencia, que ha alterado la vida de todas las gentes y sus relaciones sociales, que reproduce la precariedad con una dimension existencial generalizada.

Si la crisis financiera de 2007-2008 había traído el final del cuento de hadas de que el mercado siempre produciría tanta riqueza que garantizaría el bienestar del “goteo” [“trickle-down”] para todos, con la epidemia del Covid-19 la ilusión “soberanista” de que el bienestar existente podia mantenerse como prerrogativa de ciertos grupos sociales y/o de ciertos territorios económicamente avanzados también ha quedado hecha pedazos.

La crisis sistémica — crisis económica, ecológica, social y sanitaria —del modelo capitalista ha dejado en evidencia su incapacidad de garantizar la protección. Se ha convertido en un conflicto entre el mercado de valores y la vida humana. Elegir esta última ha de significar iniciar una lucha generalizada por la salida del capitalismo.  

2. Pandemia versus ecología

No estamos siendo testigos de un acontecimiento que sea exógeno al modelo económico-social. La actual pandemia del Covid-19 no es algo externo o de origen desconocido. Nuestra creciente vulnerabilidad tiene su causa más profunda en la destrucción cada vez más rápida de los ecosistemas naturales. La propagación de la deforestación, la drástica disminución de la biodiversidad, la agrícultura química, la ganadería intensiva, la industrialización, la urbanización y la contaminación han llevado a un cambio repentino en los hábitats de muchos animales y especies de plantas, subvirtiendo ecosistemas establecidos desde hace siglos, alterando su funcionamiento y permitiendo una mayor conectividad entre especies. 

Desde este punto de vista, la actual epidemia forma parte de la crisis más general del clima, de la que, con la aparición de la emergencia sanitaria, todo el mundo parece haberse olvidado o postergado.  

La urgencia de un cambio de rumbo desde el modelo capitalista, en si mismo indiferente al “qué, cómo y por qué” se producen, cobra una significación cada vez más crucial. 

Se necesitarán muchos recursos económicos para superar la actual pandemia y la crisis económica muy honda que le seguirá. Desde un principio debe exigirse que estos se dediquen exclusivamente a la construcción de otro modelo, orientado social y ecológicamente.  

3. Reproducción social versus reproducción económica

En la actual emergencia sanitaria, se pone de relieve la contradicción fundamental del modo capitalista: el conflicto entre producción económica y reproducción social. La exclusiva importancia otorgada a lo primero y la consiguiente devaluación de lo segundo quedan de manifiesto en las medidas que adoptaron los gobiernos para afrontar la epidemia: proteger la producción y evitar el derrumbe económico fue su prioridad inicial, con el resultado de transformar un grave problema de salud en una tragedia masiva, sobre todo en los territorios más industrializados de nuestro país.

Las huelgas de trabajadores, organizadas por los trabajadores mismos, han sido huelgas en favor de la vida (reproducción social) contra los beneficios (producción económica). La pandemia demuestra que no es posible producción económica alguna sin garantizar la reproducción social, tal como ha tratado de recordarnos siempre el movimiento feminista. Y si la reproducción social significa cuidarse uno mismo, cuidar de los demás y del medio ambiente, hay que repensar precisamente en torno a estas cuestiones centrales el conjunto del modelo económico-social, edificando una sociedad del cuidado por contraposición a la economía de explotación y beneficio.

4. Reapropiarse de la riqueza social

La pandemia ha dejado al descubierto la trampa artificialmente construida en torno a la cuestión de la deuda pública, utilizada como chantaje con el fin de desregular los derechos sociales y laborales y poner en el mercado bienes comunes y servicios públicos.

Los mismos que fueron apóstoles de las constricciones presupuestarias van hoy diciendo que podemos gastar y debemos gastar, que debemos hacerlo de inmediato y sin tasa, demostrando por tanto de qué modo se ha explotado la deuda pública para fines políticos hasta hoy. 

Si la protección de la gente significa superar el Pacto de Estabilidad, el pacto fiscal, los parámetros impuestos por Maastricht y todo lo que vino después, significa que estas constricciones no solo son innecesarias sino que son la causa principal —gracias a los drásticos recortes en el gasto público en sanidad— de la transformación de un grave problema sanitario en una tragedia masiva. 

Ha llegado la hora de volver a apropiarse de la riqueza social expropiada por la libertad incondicional de los movimientos de capital, la financiarización de la economía y la sociedad, la privatización de la banca y los sistemas financieros y la usura de los intereses sobre la deuda.  

Es necesario reclamar el control de los movimientos de capital, establecer la naturaleza pública del Banco Central Europeo y su papel como garante ilimitado de la deuda pública de los estados, y socializar el sistema bancario, empezando por los Fondos de Depositos y Préstamos.

Debemos impedir que la libertad de hoy en los niveles de gasto se convierta en las cadenas de una austeridad todavía más severa mañana, y poner finalmente las finanzas al servicio de la sociedad, y no al revés. 

5. Sacar del mercado los bienes comunes y servicios públicos

No hay protección posible si los derechos fundamentales a la vida y a la calidad de la vida no están garantizados. Reconocer los bienes comunes —naturales, sociales, emergentes y destinados a un uso cívico— como elementos fundamentales para la cohesion territorial y una sociedad ecológica y socialmente orientada significa establecer, para todas las opciones políticas y económicas, el objetivo de conseguir un presupuesto equilibrado social, ecológico y de género. La protección de los bienes comunes y de los servicios públicos que garantizan su acceso y facilidad de uso, requieren su inmediata retirada del mercado, su gestión descentralizada, de base comunitaria y participativa, así como su adecuada financiación, en ningún caso abierta a compromisos de rebaja. 

6. Una salida para la precariedad y un ingreso para todos

Desde dentro de esta emergencia sanitaria y social hemos experimentado lo que significa esta precariedad en un sentido existencial: se han puesto patas arriba nuestras certezas, nuestros rituales diarios, nuestros universos relacionales, y hemos tenido que tomar nota de la fragilidad intrínseca de la vida humana y social. Pero muchas mujeres y hombres han tenido que hacerse cargo de forma todavía más concreta y dramática de lo que significa carecer de ingresos, porque su trabajo ha sido siempre precario y sin seguridad. O de lo que significa no poder, pese a tener ingresos, afirmar los propios derechos —a la vida y a la salud— por negarse al chantaje de trabajar en condiciones que constituyen una flagrante violación de las normas de seguridad.

Todo esto deja claro que no podemos anhelar un futuro común sin opciones que comiencen de inmediato la tarea de superar toda clase de precariedad.

La riqueza que se produce en el planeta es más que suficiente para garantizar una existencia digna para todos sus habitantes, mientras que la crisis ecológica y climática es, por vez primera, una crisis provocada por la sobreproducción y no por la escasez. Ambos elementos piden repensar el significado mismo del trabajo e impulsarnos para que nos embarquemos de inmediato en el camino hacia una renta básica incondicional que se garantice absolutamente a todo el mundo.

7. Recuperar los comunes

La epidemia del Covid-19 nos obliga a poner en cuestión el paradigma de perseguir un crecimiento sin sentido basado enteramente en la velocidad de los flujos de bienes, gente y capital, y en la consiguiente hiperconexión de los sistemas financiero, productivo y social. Son exactamente estos los canales que han permitido al virus del Covid-19 propagar el contagio a lo largo y ancho del planeta a una velocidad nunca antes vista, viajando en el cuerpo de gestores, altos ejecutivos, técnicos hiperespecializados, así como trabajadores de transporte y logística y turistas.

Repensar la organización de la sociedad significa reubicar actividades productivas que empiezan en las comunidades locales, que tendrán que ser el núcleo de una economía nueva, transformadora, ecológica y socialmente orientada.

Es cuestión de “recuperar los comunes” como espacio fértil y vital, y como terreno de reapropiación social, basado exclusivamente en la búsqueda del interés general, sacando de inmediato del sector privado y la ideología privatizadora a todos los sectores involucrados en la producción de bienes y servicios primarios para las necesidades de la población, la infraestructura material y digital, y la investigación en todas sus formas.  

Pero esto es también cuestión de de superar la esfera “pública” de gestión y burocracia, con el fin de levanter los “comunes” como espacio potencial de autogobierno para comunidades territoriales, centradas en la solidaridad y federadas.

En este sentido, “recuperar los comunes” debería también interpretarse con el significado concreto de volver a apropiarse de las instituciones de democracia de base, drenadas por décadas de políticas de austeridad, dirigidas a a verse obligadas a poner en el mercado su legado público, los servicios públicos y el territorio, es decir, los bienes colectivos que permiten que una suma de individuos se defina como una comunidad.

8. Convertir en realidad la democracia

La cuestión de la democracia es más central que nunca. Todo lo delineado anteriormente puede solo llevarse a la práctica en un contexto de democracia real, entendida como participación consciente de tanta gente como sea posible en las decisiones que nos conciernen a todos. 

Este contexto es todavía más necesario en este momento, tanto por el hecho de que debemos forzar colectivamente un cambio radical de rumbo de los poderes económicos, financieros y políticos que hasta ahora han tomado decisiones sin considerar siquiera alguna forma de participación popular, como porque las libertades individuales y sociales, achicadas durante los tiempos de pandemia por una necesidad extraordinaria, corren el riesgo de volverse discutibles incluso cuando volvamos a la vida normal.   

Dado el número y la naturaleza profunda de las transformaciones necesarias para que podamos verdaderamente decir “nunca más”, quizás es momento de comenzar un camino amplio y “constituyente” de discusión entre las bases, al objeto de escapar definitivamente de las políticas neoliberales y el modelo capitalista.

 
Marco Bersani. Director municipal de servicios sociales y consultor psicopedagógico de cooperativas sociales. Miembro fundador de Attac Italia, fue uno de los promotores del Foro italiano de Movimientos por el agua y de la campaña "Stop TTIP Italia". Es miembro fundador del Cadtm Italia (Comité para la abolición de la deuda ilegítima) en Italia, y autor de numerosos libros sobre el agua y los bienes comunes, la deuda, la industria nuclear, la dictadura de los mercados y las privatizaciones, como “Nucleare: se lo conosci lo eviti” (2009); “CatasTroika – le privatizzazioni che hanno ucciso la società” (2013).
 
Fuente:il manifesto
Traducción: Lucas Antón
https://www.sinpermiso.info/textos/reflexiones-para-un-mundo-alternativo-necesario

http://asturbulla.org/index.php/destacado-nac-e-inter/41331-reflexiones-para-un-mundo-alternativo-necesario