La otra manera de lavar el dinero sucio

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El próximo marte, la Fundación Acción contra el Hambre presenta las conclusiones del “Estudio de Investigación sobre la Adecuación de los Planes de Estudios Universitarios a las Necesidades del Mercado de Trabajo en España y Propuestas para su Mejora”. En esencia, el estudio dice “analizar críticamente en qué medida la modernización de la política educativa ha facilitado que la oferta formativa de las universidades se adapte y adecue a las necesidades y demandas actuales y futuras del mercado de trabajo en España“.

No voy a entrar en el mensaje implícito que me sugiere el estudio -puro prejuicio, lo admito, pero su enunciado resulta revelador-, que es el de la mercantilización de la educación, el adiós al saber y la barra libre de las empresas que conciben la Universidad como cantera barata de empleados por explotar. En donde sí profundizaré es en la financiación del estudio: el Fondo Social Europeo y la Fundación Villar Mir.

Cuando recibí la convocatoria del evento no pude dejar de sorprenderme y sentirme profundamente defraudado por ver cómo una de las ONG mejor valoradas en España no duda en recibir dinero de una empresa como el Grupo Villar Mir, a través de su Fundación. Qué decepción. Uno siempre peca de idealista -me resisto a no serlo- y piensa que hay que mantenerse firme en ciertos principios. En ese sentido, aceptar dinero sucio, dinero manchado con el sufrimiento ajeno, aunque sea para un buen fin -en este caso hasta dudo de eso- no es honesto.

Se trata de una cuestión en la que no hay escalas de grises, o es blanco o es negro. Así de rotundo. No es honesto escudarse en un fin bueno si para conseguirlo se hace uso de medios ruines. Y este es el caso, porque aunque la Fundación Villar Mir tenga como uno de sus mantras “la mejora de la calidad de vida de la sociedad española”, las acciones del Grupo que preside Juan Miguel Villar Mir no van en esa línea. No se ha remidido tanto el que fuera director general de Empleo durante la dictadura franquista en 1967.

Acción contra el Hambre ha aceptado dinero y colabora con una empresa que, por ejemplo, figura en los papeles de Bárcenas, habiendo realizado según él hasta nueve donaciones entre 1990-93 y 1997-2008. Lo que es un hecho probado, porque así consta en informes policiales, es que la empresa recibió 609 contratos entre 2002-2009 por un importe de más de 7.700 millones de euros… a los que habría que sumar sobrecostes de hasta un 230% en obras como las del AVE a Barcelona.

Villar Mir, en su afán por “mejorar la calidad de vida de la sociedad española”, ha admitido abiertamente haber pagado durante una década a las secciones sindicales de UGT y CCOO. No sólo eso, su total desprecio por el medio ambiente se ha evidenciado en actuaciones de Fertiberia o de Ferroatlántica, con matanzas masivas de peces y más de 120 toneladas de resudios tóxicos en Huelva.

Esta es la otra manera de lavar dinero sucio de un modo legal (además de las amnistías fiscales de Montoro): la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y el cáncer de las Fundaciones, que se han expandido maliciosamente para defraudar, captar fondos europeos, desgravar, chupar de subvenciones y un sinfín de acciones que a uno le revuelven el estómago.

Es preciso marcar una línea roja (ahora que están tan de moda) y decir no a este dinero, plantarse y, si es preciso, sacrificar una buena obra con tal de no seguirles el juego a estas multinacionales. Su imagen no se lava, está sucia desde tiempo inmemorial porque, en realidad, son herederos directos del franquismo. Numerosas investigaciones y artículos periodísticos ponen de manifiesto que empresas como OHL emplearon a presos políticos como esclavos durante el régimen franquista. Villar Mir mamó de la dictadura y esa Transición tan módelica no hizo sino legitimarle en lugar de, al menos, ponerle en el sitio que merecía.

Les aconsejo libros impagables como Esclavos de la Patria de Isaías Lafuente o artículos como Franquismo y trabajo esclavo, una deuda pendiente, de José Luis Gutiérrez Molina, en el que se retrata esta realidad que olvidan premeditadamente quienes ayer defendían a capa y espada la democracia y a la monarquía en el Congreso. Esa historia ya no la pueden cambiar, pero sí la que están viviendo ahora mismo. No desaprovechen el momento.

Público.es

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