Salvad al curita Pajares

Un avión y un hospital para tratar a un curita enfermo de ébola de una orden religiosa millonaria y especuladora con una Sicav de 12 millones y 1,16 millones en el Banco Santander

ebola

Mientras, la sanidad valenciana niega a un enfermo de cáncer un medicamento que le evitaría la quimioterapia pero que vale 3.000 pavos

 

Los españoles somos gente peculiar. Movilizamos un ejército, fletamos un avión enorme y volandero, y acondicionamos un hospital público en proceso de desmantelamiento para tratar a un curita enfermo de ébola y perteneciente a una orden religiosa millonaria y especuladora (su Sicav, Finanzas Quercus, contaba en 2011 con 12 millones de euros en productos deuda del Tesoro español y 1,16 millones en renta fija del Banco Santander). Mientras, la sanidad valenciana niega a un enfermo de cáncer un medicamento que le evitaría la quimioterapia pero que vale 3.000 pavos.
carlosPor otra parte, enfermeros y médicos del hospital de La Paz (del que depende el Carlos III, donde curan al curita Miguel Pajares) me dicen que no pueden garantizar al 100% que el virus no salga del hospital madrileño y se ponga a pasear por la Gran Vía.
Ítem más: el Gobierno no ha dado datos sobre los costes reales de la repatriación del curita.
Shangay-LilyÍtem mucho más: es un tanto absurdo que el gobierno de un país aconfesional asuma la repatriación de un mártir voluntario perteneciente a una orden religiosa, los Hospitalarios de San Juan de Dios, que posee una empresa de gestión sanitaria que factura 25 millones anuales. Lo cuenta mejor que yo mi impagable Shangay Lily en su artículo de ayer.
Ítem muchísimo más: qué raro que un cristiano, un seguidor de un mártir, permita que su país se gaste un pastizal en traerlo a curar a Madrid, en lugar de dar su vida y decir que ese dinero (algunos lo estiman en un millón de euros, pero no lo sé ni lo sabe nadie que no sea Ana Mato) sea destinado a proteger a las víctimas africanas de posibles contagios.
ana matoAl final, nuestro gobierno y el misionerito anteponen la vida de un meapilas expuesto voluntariamente al virus sobre la ayuda humanitaria, el enfermo de Valencia, la alimentación de los niños y no sé cuántas cosas justas más. Creo, además, que el hecho de repatriar al curita contradice el especulador espíritu del artículo 135 de la Constitución española reformado por el tándem PP/PSOE (asumo mi demagogia).
Nuestra ministra de trabajo, Fátima Báñez, en lo que llevamos de legislatura, solo ha propuesto una medida firme y contundente para terminar con el paro: rezarle a la virgen. Pues coño, ¿por qué no rezamos todos para que se cure el curita Miguel Pajares en Monrovia, nos ahorramos el pastizal del avión, el hospital y el ejército, y dedicamos ese dinero a otros asuntos más trascendentes? Pues porque, en un estado aconfesional, a Dios hay que pagarle por sus servicios.
obamaTampoco estaría de más que nuestro arrojado presidente, Mariano Rajoy, le exigiera a Barak Obama la universalización gratuita de ese presunto tratamiento contra el ébola que posee el ejército de los EEUU. Aunque, a pesar de mis escasos conocimientos de geopolítica, comprendo que le resulte difícil: Rajoy no habla inglés ni habla nada y Obama es negro, con lo que resultaría muy complicado mitigar las ganas de nuestro presidente de rajarle las manos con una cuchilla como las de las vallas de Melilla y Ceuta.
No he escuchado al papa Francisco, por cierto, condenar la condena vaticana contra el condón, sabiendo que la vía sexual es una de las formas de transmisión del ébola (por no hablar del VIH). Pero es que lo que calla Dios es exactamente lo mismo que dice el diablo.
Yo deseo que el curita cobarde este se cure de su ébola, y ni siquiera me parece mal o bien que todos los españoles paguemos su costosísima repatriación. Pero me gustaría recordar que el Gobierno de Mariano Rajoy, en cuanto tocó poder en 2012, eliminó de los presupuestos 1.389 millones (el 47%) en nuestra partida de cooperación internacional. Un dinero suficiente para repatriar del infierno del ébola, incluso, a ese dios que tan vanamente invocan. Y amén.

Público.es

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