El doble morro de Aznar

 

La “aznaridad”, como fue calificado su modelo de gestión por el añorado Vázquez Montalbán, cual si de una profecía se tratara, seguirá, y parece que así es

 

Iba a titular este artículo como “la doble mediocridad de Aznar”, pero me parecía excesivo tal sustantivo, no tanto porque sea una característica demostrada en varias ocasiones por el ex, cuanto porque la mediocridad es consustancial a la mayoría de nuestros políticos. No es, pues, extraordinaria nota para definir a alguien. Habría que echar mano de alguna característica física,  mental, o de actitudes, para definirlo con exactitud. Para eso, nada mejor que fijarse en la cara, espejo del alma, según el axioma griego, padres de la armonía, el honor y la belleza. Por esa y otras razones a continuación, en lugar de “mediocridad”, escogí “morro”, más entendible y definitivo. También sé que echarle morro cuando comparece algún político, sobre todo del PP, ante alguna comisión que investigue sus chanchullos, es su actitud natural y usual en estos interrogatorios, tratando de eludir responsabilidades, echar la culpa a otros, y negar lo evidente, sin que se les caiga la cara de vergüenza. El otrora todopoderoso jefe de este partido, como no podía ser menos, le echó más morro todavía que sus colegas cuando el mes pasado compareció en la mesa del Congreso ante la comisión que investiga la financiación ilegal del PP, del que el señor Aznar fuera su presidente entre 1999 y 2004, cuando estalló todo, como organizado sistema “mafioso” de hechos continuados y demostrados, la nueva época del reconstituido partido (ya venía de antes, con Fraga y Naseiro, pero en menor medida). A su lado, otra ex, Cospedal, la ministro de armas tomar, y otro ex, José A. Sánchez, el daltónico director general de RTVE, que no veía el luto, se quedaron cortos. Si ya entonces el título estaba claro de esta mi columna, “La prepotencia de dos impresentables” (publicada en mayo de 2018), la del señor con más ceño que bigote, hoy extinto (el bigote, que el personaje parece resucitado), supera a ambos susodichos. La ausencia del bigotito, de trazas hitlerianas y chaplinescas, muestra claramente el morro, rayano en labio leporino, del prepotente personaje. Y a tal reflejo, tal muestra de inteligencia con insultos como toda respuesta para eludir responsabilidades y competencias.

En aquel artículo apuntaba que cualquier democracia auténtica -la nuestra todavía no lo es al mantener muchos “principios” del pasado dictatorial-, estarían en su casa bien calladitos, o en la cárcel, bien custodiaditos ante las sospechas de haber cobrado en negro, y, sobre todo, por mentir y manipular algo tan importante y fundamental en auténtica democracia, como es la información. Y además, por tener un concepto equivocado del lugar que ocupan. Han demostrado seguir con mentalidad dictatorial y una prepotencia inadmisible.

Habría que añadir respecto a la comparecencia del sr. Aznar, que sus respuestas marcadas por la prepotencia en grado sumo, bien merecen un juicio por lo penal, no tanto por sus ataques e insultos  a quienes, en nombre del pueblo, le preguntaban, sino por la mofa hacia ellos y descalificaciones salidas de tono y sin fundamento, en un lugar políticamente sacro.

La “aznaridad”, como fue calificado su modelo de gestión por el añorado Vázquez Montalbán, cual si de una profecía se tratara, seguirá, y parece que así es. Desde ese día de su comparecencia en el Congreso, y algún que otro “filtreo” en apariciones públicas para afirmar que no tenía nada que ver con la política del PP, ni con ese partido, como anunciando entre líneas y focos, que estaba por encima y que debería volver para ¡salvar España!, que España le necesitaba, parece ser que dicha profecía se está cumpliendo. Lo predijo ese periodista en su libro póstumo, el aznarismo duraría tanto como el franquismo, que, al contrario que el aznarismo, heredero de aquellas cenizas, murió, por suerte, con su creador.

Si la comparecencia en el Congreso de quien habla catalán en la intimidad (por eso Cataluña está como está desde que el susodicho se atreviera con dicha lengua y territorio), fue mucho ruido y pocas nueces, la osadía de publicar un libro (y no es el único), raya el descaro, roza la ignorancia con su consustancial atrevimiento, y da fe de su prepotencia repartiendo consejos a unos y otros, y denostando a los rivales en política, como si en él radicara la verdad y la gestión eficaz, legal y justa. Nada más lejos de la realidad de aquella “España va bien”, que repetía incansable bajo su bigotito. Lodos que han crecido perdurando en la charca de la corrupción, cuyo futuro cercenó con una política de mangoneo, que ha llevado el país a la ruina, presa de grandes empresas y buitres de la economía mundial. Y para colmo (y esta es la demostración del segundo morro) está mal escrito, degradando nuestro castellano con galicismos, razonamientos de perogrullo y desarrollo deficiente de los temas. Pero el todopoderoso ex no va a ser menos que su mujer, y si ella se atreve a reescribir cuentos tradicionales, estilo Caperucita o Pulgarcito, su ínclito y ubérrimo marido osa hacerlo con asuntos políticos, cual una madre que tiene que amamantar a sus hijos descarriados e ignorantes.

Eso da a entender en un somero vistazo por sus insufribles páginas. Lo he ojeado por encima, lo reconozco, entre otras cosas porque enseguida descubrí los tópicos y el mal uso del castellano, y quería evitar cualquier contagio y pérdida de tiempo. Porque no se descubre nada nuevo, excepto en su insistencia en golpes de Estado y el futuro ya hecho (¿o esto no es pasado?) de ¡España!, forjado por su gobierno, donde 15 de sus ministros, 12 están imputados, y varios de ellos figuran entre los mayores “chorizos” del mundo, como su vicepresidente Rato, que hace rato debía estar preso, como Jaume Matas, su ministro de Medio Ambiente. Matas, en la cárcel, se ha declarado culpable y responsable del latrocinio, y Rato, el hombre alabado, halagado, encumbrado, amigo y elegido por Aznar, parece que estos días entrará en la cárcel. Eran con él uña y carne.

Qué decir de sus muchas amistades, como presidentes americanos que no sabían su nombre, y otras amistades vistas, y amadas en acontecimientos con veleidades sociales, propias de un provinciano -como la boda de su hija-, de las que ahora reniega... Todo un “padrino” con boda en gran escenario. Y qué decir de sus herederos... Desde los Reyes Católicos que se ocupaban por elegir en su administración y gobernanza a los mejores, España ha ido de “valido en valido”, y de Málaga a malagón, con la designación de aquel segundón que no pudiera hacer sombra al poderoso de turno, o fuera tan incapaz o más que él. Sucedió con Fraga, y luego Aznar, nombrando a Rajoy.

Hasta el título de su libro, “El futuro es hoy”, es pura contradicción y mentira, y carece de filosofía o intríngulis que pueda denotar algo de su contenido. Pero así están las grandes editoriales de hoy en España, publicando mierda. No me extraña que seamos el país que menos lee de Europa... Para lo que hay que leer... Es el ejemplo.

Antes de acabar, quisiera arrepentirme de haber hablado de este personajillo, que tanto mal hizo a España, y de su libro, que tan mal castellano emplea. Un amigo mío (que dejó de serlo cuando se subió en el dólar con mi desinteresada ayuda) decía que lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal. Pero que hablen.

Perdón por haber hecho publicidad de algo embelecador, como su autor. Pero hay que acabar con tanta desfachatez. ¿O será fachatez? Chi lo sa!   

 

https://www.nuevatribuna.es/opinion/ramon-hdez-de-avila/el-doble-morro-de-aznar/20181005082046156219.html 

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