Por la senda del Pacifismo (113)

Viñeta: Silvano Mello

 

"Necesitamos una cultura de paz porque la paz es una necesidad humana, mientras que la guerra es una necesidad de una industria y de unos sectores vinculados a ella que trabajan contra la humanidad. Necesitamos revertir esta ola de militarismo, inculcar a través de la educación y la cultura los valores de paz, derechos humanos, defensa del medio ambiente, ciudadanía… todo aquello que ayude a conducir a la humanidad por una senda de coexistencia pacífica, de solución diplomática de los conflictos internacionales, como señala la Carta de las Naciones Unidas"

Pedro López López (Profesor de la UCM)

 

Nos detendremos un poco más en la presente entrega en la ya mencionada Declaración de Luarca (Asturias) sobre el Derecho Humano a la Paz, primer gran referente en la consecución y reconocimiento práctico y universal de este derecho. Vamos a tomar para ello como referencia este documento, que puede consultarse en Internet, que detalla todo el contenido de dicha declaración, resaltando lo que nos parezca más importante. Dicho texto se incluyó en un número de la Revista Paz y Conflictos, que edita la Universidad de Granada. Comienza dicha declaración atendiendo a la paz como un valor universal, vinculado al desarrollo económico, social y cultural de todos los pueblos del mundo. Se basa en la enorme aportación previa realizada por todas las Declaraciones y Convenciones de Derechos Humanos en todas sus vertientes y manifestaciones, aprobadas en los diferentes foros internacionales, sobre todo en la ONU y sus organismos anexos. Los redactores de Luarca (su referencia se proporciona al final del texto) se declaran convencidos de la necesidad de promover una cultura de paz, entendida como el conjunto de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida que propicien el rechazo a la violencia, y contribuyan a la prevención de los conflictos, a combatir sus raíces mediante el diálogo y la negociación entre individuos, pueblos, comunidades, naciones y Estados. La Declaración de Luarca pretende establecer el caldo de cultivo para ello, la semilla específica de referencia para alcanzar dicho estadío. Reconoce que "no se conseguirá la efectividad del Derecho a la Paz sin la plena realización de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, sin el respeto a los distintos valores culturales y creencias religiosas que sean compatibles con los derechos humanos, y sin la eliminación del racismo, la xenofobia y las formas contemporáneas de discriminación racial" (el subrayado es nuestro).

 

Entrando ya directamente en su articulado, el Art. 2 declara que "Toda persona tiene derecho a recibir una educación en la paz y en los derechos humanos, fundamento de todo sistema educativo, que contribuya a generar procesos sociales basados en la confianza, la solidaridad y el respeto mutuo, facilite la solución pacífica de los conflictos y ayude a pensar de una forma nueva las relaciones humanas". El Art. 3 es el relativo a la seguridad humana, y define expresamente el contexto mínimo de seguridad que necesitamos todos los seres humanos, tales como el derecho a disponer de alimentos esenciales y agua potable, atención primaria de salud, abrigo y vivienda básicos y formas básicas de enseñanza. Igualmente, define el derecho a disfrutar de condiciones laborales y sindicales dignas, y a la protección de los servicios sociales. Se reconoce (Art. 4) el derecho de los seres humanos y los pueblos a vivir en un entorno seguro y sano, así como a recibir protección contra los actos de violencia ilegítima, con independencia de su procedencia. El Art. 5 se ocupa de la desobediencia civil y de la objeción de conciencia por la paz, reconociendo ambos como derechos que pueden ejercer tanto individuos como pueblos. A su vez, distinguen aquí el derecho de los miembros de toda institución militar a la desobediencia de órdenes criminales o injustas durante los conflictos armados, y a no participar en operaciones armadas que violen los principios del Derecho Internacional sobre los Derechos Humanos. Asímismo, reconoce el derecho a no participar y a denunciar públicamente la investigación científica orientada a la producción de armamento, así como el derecho a la objeción fiscal militar, que ya hemos tratado en anteriores bloques temáticos de esta serie. 

 

El Art. 6 reconoce el derecho a resistir y a oponerse a la barbarie, declarando que toda persona o pueblo tiene derecho a la resistencia y a la rebelión ante violaciones graves, masivas o sistemáticas de los derechos humanos, reconociendo también el derecho a la libre determinación de los pueblos, de conformidad con el Derecho Internacional. Asímismo, las personas y los pueblos tienen el derecho a oponerse a la guerra, a los crímenes de guerra, a los crímenes de lesa humanidad, a las violaciones de los derechos humanos, a los crímenes de genocidio y de agresión, y a toda propaganda en favor de la guerra o de incitación a la violencia. El Art. 7 recoge el derecho al refugio, en los casos de sufrir persecución por actividades en favor de la paz, en caso de temor fundado a ser perseguido/a por motivos de raza, género, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opinión política, en caso de ser víctima de desplazamiento forzado, y las inclusiones que debe incluir al respecto el Estatuto del Refugiado. En relación con lo anterior, el Art. 8 de la Declaración de Luarca recoge el derecho a emigrar, a establecerse pacíficamente y a participar en su nueva comunidad, así como a retornar a su país de origen con todas las garantías. Toda persona tiene estos derechos si peligran o están seriamente amenazados su derecho a la seguridad humana o su derecho a vivir en un entorno seguro y sano. El Art. 9 recoge el libre ejercicio de las libertades de pensamiento, conciencia y religión. El Art. 10 recoge los derechos a la justicia, la verdad, la reparación, y a medidas y garantías de no repetición. Por su parte, el Art. 11 es especialmente interesante: reconoce el derecho al desarme, declarando que toda persona o pueblo tiene derecho a que todos los Estados procedan, conjunta y coordinadamente, en un plazo razonable, a un desarme general, transparente, bajo control internacional eficaz y completo.

 

También declara, aspecto éste muy importante, que los recursos liberados por el desarme "se destinen al desarrollo económico, social y cultural de los pueblos y a la justa redistribución de los mismos, atendiendo especialmente a las necesidades de los países más pobres y de los grupos vulnerables, de manera que se ponga fin a las desigualdades, la exclusión social y la pobreza". Como puede observarse, la Declaración de Luarca insiste, tal y como nosotros hemos expuesto en numerosas entregas anteriores, en recalcar las verdaderas amenazas a la paz. El punto 2 del Art. 12 (Derecho al desarrollo) insiste también en el mismo asunto, ya que declara que toda persona y todo pueblo tienen el derecho a que se eliminen los obstáculos que impiden la realización del derecho al desarrollo, tales como el servicio de la deuda externa o el mantenimiento de un orden económico internacional injusto que genera pobreza y exclusión social. Asímismo, el Art. 13 recoge el derecho que toda persona y todo pueblo tienen a vivir en un medio ambiente sostenible, como base para la paz y la supervivencia de la humanidad. El Art. 16, por su parte, declara que aunque la realización efectiva y práctica del derecho a la paz incumbe a todos los actores de la comunidad internacional, la responsabilidad esencial para la preservación de la paz y la protección del Derecho Humano a la Paz incumbe a los Estados y también a la Organización de las Naciones Unidas (ONU, de la cual hemos tratado a propósito de su necesaria refundación en el último bloque temático de esta serie) como centro que armonice los esfuerzos concertados de las naciones por alcanzar los propósitos y principios proclamados en la Carta de las Naciones Unidas. Desde este punto de vista, la Declaración de Luarca viene a reforzar el papel de la ONU en su imprescindible refundación como sede democrática de la comunidad internacional, pieza básica y fundamental para un pacifismo consolidado. 

 

Abundando en ello, el punto 4 del Art. 16 recoge que "La Organización de las Naciones Unidas debe ser fortalecida para prevenir las violaciones y proteger los derechos humanos y la dignidad humana, incluido el Derecho Humano a la Paz, en casos de violaciones graves o sistemáticas. En particular, corresponde al Consejo de Seguridad, a la Asamblea General, al Consejo de Derechos Humanos y otros órganos competentes, tomar medidas efectivas para la protección de los derechos humanos cuya violación suponga un peligro o una amenaza a la paz y seguridad internacionales". E insiste en su punto 5 en que toda intervención militar unilateral por parte de uno o varios Estados, sin la autorización del Consejo de Seguridad en el marco de la Carta de las Naciones Unidas, es inaceptable, constituye una gravísima violación de los principios y propósitos de la Carta fundacional, y es contraria al Derecho Humano a la Paz. En sintonía con la vía de la refundación propuesta, indica que se deberán revisar los procedimientos y la composición del Consejo de Seguridad de la ONU, de manera que se asegure la representación cabal de la comunidad internacional actual, así como métodos de trabajo transparentes que reconozcan la participación de la sociedad civil y de otros actores internacionales. Por último, su punto 7 destaca que el sistema de las Naciones Unidas debe implicarse de manera plena y efectiva, a través de la Comisión de Consolidación de la Paz, en la elaboración de estrategias integrales con esa finalidad, y la recuperación de los países afectados una vez superados los conflictos armados, asegurando fuentes estables de financiación y la coordinación efectiva dentro del sistema. El resto de la Declaración de Luarca se dedica a proyectar el establecimiento del Grupo de Trabajo para implementar las disposiciones que permitan aplicar la Declaración, y a definir sus funciones. Como vemos, esta Declaración constituye un perfecto referente a tener en cuenta para poder alcanzar el reconocimiento y universalización de este derecho. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Viñeta: Silvano Mello

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