Hacia otra Política de Fronteras (XII)

Viñeta: Vasco Gargalo

 

"Es hora de que los hombres de negro que gobiernan Europa, repiensen las políticas migratorias. Un cambio de rumbo es imprescindible por sentido común y humanidad, por respeto a la legislación internacional. Las fronteras deben dejar de ser un espacio de impunidad y de excepción, porque también en las fronteras se han de respetar los derechos humanos"

Derechos Humanos en la Frontera Sur (Informe 2015)

 

Una de las prácticas que con más virulencia ignora los derechos humanos en lo que a los migrantes respecta es la que denominamos coloquialmente como "Devoluciones en caliente" (o devoluciones sumarias), que se refiere a la indecente práctica de expulsar a las personas que acaban de traspasar la frontera sin darles opción a identificarse, pedir asistencia letrada, presentar un recurso o solicitar asilo. Se acaba de practicar, sin ir más lejos, con los 116 migrantes que entraron por la frontera de la valla de Ceuta hace pocos días, por mucho que el Gobierno afirme lo contrario. Con la excusa de que habían empleado mucha "violencia" hacia nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (al parecer les arrojaron excrementos y otras sustancias a los guardias civiles...¿es esto violencia comparada con la que ellos padecen?), todos fueron devueltos en 24 horas a sus países de origen. Es una práctica expresamente prohibida por la Convención de Ginebra, el Estatuto de los Refugiados de la ONU, el Convenio de Derechos Humanos, la Carta Europea de Derechos Humanos y la Directiva de Asilo, entre otras normativas internacionales. Es una práctica absolutamente contraria al derecho internacional sobre los derechos humanos, pero ocurre con frecuencia en varias partes del mundo. El PSOE, ahora de nuevo en el Gobierno, vuelve a practicar la política de desdecirse que acostumbra, ya que en la oposición criticó al PP por ejecutarla, y ahora la vuelven a defender ellos. María F. Sánchez, en este artículo para el medio Cuarto Poder que tomamos como referencia, nos ilustra sobre algunas de estas variantes. En España (también en contra de nuestra propia legislación), esta perversa práctica se lleva a cabo en la frontera española con Marruecos desde el año 1995.

 

Se practica también en Turquía (que firmó en 2016 un Acuerdo con la Unión Europea para que toda persona que llegara de forma ilegal a las islas griegas fuera enviado de vuelta a este país), donde organizaciones como Amnistía Internacional o el Observatorio Sirio de Derechos Humanos han documentado cómo las autoridades turcas impidieron por el uso de la fuerza que quienes huían de Siria se acercaran a la frontera, así como devoluciones en caliente a este país sin importar que pudieran suponer una condena a muerte para los migrantes. Cuando la ruta de los Balcanes era una de las principales vías de escape de los migrantes, se registraron otras devoluciones ilegales en países como Hungría, Bulgaria o Croacia. De hecho, el Primer Ministro húngaro, Víktor Orban, es uno de los líderes más beligerantes y xenófobos en este sentido, con un discurso ciertamente radical. Por su parte, el nuevo Gobierno italiano, de corte claramente neofascista, atraviesa una peligrosa deriva, negando el desembarco de buques llenos de migrantes, y emitiendo crueles declaraciones. Su Ministro de Interior Mateo Salvini ha sido denunciado ya por tales actos. Sin ir más lejos, unos 100 migrantes fueron devueltos el pasado mes de julio a Libia, es decir, los retornaron al infierno que ya habían sufrido. Pero en nuestro país, Rafael Hernando, líder del PP, ya afirmó en entrevista televisiva que había que llevarlos a Libia como "puerto seguro". La desvergüenza llega a límites obscenos. Pero en Italia tales prácticas son recurrentes. Recordemos un episodio similar en el año 2009, que acabó siendo condenado también por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En esta ocasión, unas 200 personas fueron rescatadas en aguas internacionales por tres naves de las autoridades italianas, que las devolvieron a Libia. 

 

Por su parte, en América Central y en Estados Unidos, los migrantes no son más afortunados. México viola flagrantemente el derecho internacional, y lo practica con los migrantes centroamericanos. Según un informe de principios de 2018 de la ONG Amnistía Internacional, "México incumple sistemáticamente el principio de no devolución, pilar vinculante del derecho internacional y mexicano que prohíbe la devolución de personas a situaciones donde corran riesgo real de sufrir persecución u otras violaciones de Derechos Humanos". La práctica habitual es que miles de hondureños, salvadoreños o guatemaltecos son expulsados una vez que traspasan la frontera, sin más dilaciones. Y si de Estados Unidos hablamos, la cosa aún es peor. La bestial Administración Trump da cada día un paso más en su política anti-inmigración, desatando todo su odio racista y sus deleznables prácticas. Uno de los ultimos gestos de las políticas racistas y anti-inmigración del actual mandatario, Donald Trump, llegó el pasado mes de junio, cuando el Presidente anunció en Twitter (su medio habitual de expresión, lo cual da idea del calado del personaje, un magnate excéntrico, machista, racista y autoritario) una propuesta de impulsar oficialmente las devoluciones en caliente. Así se expresó Trump: "No podemos permitir que esta gente invada nuestro país. Cuando alguien entra, debemos inmediatamente, sin jueces o casos judiciales, enviarlos de vuelta por donde vinieron". Seguro que si al padre de Trump le hubieran aplicado esa política, él no podría haber levantado su escandaloso y corrupto imperio económico. El referido artículo de María F. Sánchez finaliza su recorrido con un caso muy especial, como es Australia. 

 

Porque un paso más allá en el asunto de las devoluciones en caliente se encuentra en este país, el único del mundo que instauró el aberrante modelo de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) fuera de su territorio, concretamente en Papúa Nueva Guinea, un régimen dictatorial donde se cometen profundas violaciones a los derechos humanos. Los barcos se derivan antes de que lleguen a aguas australianas, o incluso ya dentro de los límites de las mismas, en centros construidos y situados en islas pertenecientes a Papúa. Diversos informes de organizaciones humanitarias denunciaron el horror que se vivía en estos centros extraterritoriales, donde los migrantes (recordemos, personas que no han cometido ningún delito) eran sometidos a palizas, abusos sexuales, etc., lo que provocó múltiples intentos de suicidio. La práctica fue condenada tanto por la ONU como por los propios tribunales australianos, y el Gobierno celebró entonces la "estrategia de disuasión", que había logrado frenar la llegada de barcos. Pues bien, esta es la propuesta que han recuperado un grupo de países de la Unión Europea, como Austria, Holanda y Dinamarca, que quieren también centros similares fuera del suelo europeo. De hecho, se estuvo discutiendo en la última reunión en Bruselas. Como podemos comprobar, estamos diseñando cada vez un mundo más hostil, aberrante, cruel e inhumano, y lo estamos haciendo con total complicidad de todos los países y de todos los foros internacionales, que no tienen la valentía de denunciar ni de impedir todas estas atrocidades con personas que están sujetas al derecho internacional de acogida y asilo. No llevamos buen camino en este sentido. Las leyes, convenios y tratados están ahí, pero distan mucho no sólo de respetarse, sino siquiera de estar expresados de forma mínimamente aceptable en la mayoría de países. Otra política de fronteras es imprescindible y necesaria. 

 

La propuesta "a la europea" ha sido denominada por nuestros indignos políticos como "Plataformas de Desembarco", y han abierto la posibilidad (incluso aconsejada) de que se sitúen extraterritorialmente a suelo europeo, es decir, fuera de las fronteras de los países de la Unión Europea. Por lo visto no tienen algo mejor que proponer. Pronto se apresuraron a confirmar que si se construyesen dichas plataformas, en modo alguno serían "Guantánamos" europeos. En efecto, el Consejo Europeo aseguraba literalmente: "Esas plataformas deberían permitir procedimientos rápidos para distinguir entre migrantes económicos y aquéllos que necesitan protección internacional, de manera que se reduzca el incentivo a embarcarse en viajes peligrosos". Una temeridad política, una indecencia moral. Asco y vergüenza es lo que deberían sentir los líderes europeos al redactar estos párrafos. Por lo visto, según ellos, los que ellos llaman "migrantes económicos", lo que deberían hacer es no embarcarse en viajes peligrosos. En caso de que la idea sea finalmente aprobada, se firmarían acuerdos con terceros países (en el norte de África, en los Balcanes, etc.) que se comprometiesen a aceptar el desembarco de los migrantes y refugiados que intentaran llegar a la Unión Europea por el Mediterráneo. Dichos países actuarían como dique de contención, al estilo de lo que actualmente está realizando Turquía. Y se supone que desde dichas plataformas se procesarían las solicitudes de los extranjeros para decidir a quiénes se les concede la petición de asilo. Los expedientes aprobados serían trasladados a suelo europeo, y los denegados serían expulsados. Las concesiones de asilo se aprueban con cuentagotas. Pero no es esto lo que preocupa a los líderes europeos, sino frenar en lo posible y cuanto antes las llegadas masivas de migrantes. El Protocolo de Dublín asigna cuotas más o menos equitativas de reparto, pero tampoco son cumplidas por los 28 Estados miembros de la UE. Así las cosas, estamos llegando a una situación absolutamente caótica e infernal. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Viñeta: Vasco Gargalo

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