Hacia otra Política de Fronteras (XVIII)

 

Viñeta: Malagón

 

"Europa no sólo ha de pensarse bajo un nuevo paradigma que le aleje de la nefasta e inútil pretensión de ser fortaleza –misión para la que de hecho se inventó Frontex, la Agencia europea de control de fronteras–, sino que ha de promoverlo con agilidad, lucidez y ese mínimo ético de una política decente, en estos momentos inexistente en cuanto a política de inmigración. Además de verdaderas políticas comunes de acogida e integración, son necesarias nuevas formas de relación con los países de donde afluyen refugiados e inmigrantes para los que, por otra parte, ya no valen maleadas formas de lo que fue pretendida cooperación al desarrollo, hoy obsoletas y, es más, invalidadas por el uso mercantilista que con frecuencia se ha hecho de ellas. La responsabilidad colectiva a la que está llamada Europa obliga a ser conscientes de que aquí y ahora o todos nos salvamos o todos nos hundimos"

José Antonio Pérez Tapias

 

Creemos evidente, tras todo lo expuesto en anteriores entregas, que una nueva política de fronteras ha de implementarse, no sólo a nivel nacional, sino europeo e internacional. Ha de proporcionarse a los migrantes rutas seguras (tanto por tierra como por mar), hay que estudiar todas las peticiones de asilo que sean formuladas, hay que conceder visados para poder buscar trabajo en nuestro continente, hay que perseguir a las mafias y arrancarles el monopolio de la movilidad, y hay que detener las muertes en nuestro Mar Mediterráneo, que más bien se nos presenta como una gran fosa común. Pero no sólo eso: hay que derogar los tratados, acuerdos y convenios que no sean coherentes con el derecho internacional sobre derechos humanos, hay que estudiar más y mejores mecanismos de integración de los migrantes en sus países de destino, y con respecto a sus países de origen, hay que diseñar instrumentos y políticas reales y eficaces de ayuda al desarrollo, no sólo para que dejen de ser escenarios de guerra (en su caso), sino para que sus nativos no sientan la necesidad de abandonar su país, a no ser por mero turismo. Basta de tragedias en el mar, basta de devoluciones en caliente, basta de rechazar peticiones de asilo, y sobre todo, basta ya de sostener y ser cómplices por más tiempo de las guerras y de las hambrunas que empujan a esta gente a emigrar. Pero también basta de Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), basta de redadas racistas, basta de centros de detención, basta de vuelos masivos de deportación, y basta de criminalización en torno a los migrantes y sus actividades. Las mafias son un objetivo importante a derribar, pues mientras exista alguna persona dispuesta a pagar por viajar de África a Europa, o de Guatemala a Estados Unidos, o de Siria a Alemania, por ejemplo, siempre existirán redes clandestinas que brindarán la posibilidad de hacerlo. 

 

Gabrielle del Grande, fundador del Blog Fortress Europe, en esta carta al Ministro de Interior italiano, Matteo Salvini, publicada en el medio Ctxt, destaca especialmente la perversa labor de las mafias: "Hemos llegado al extremo de que el último y único camino factible para emigrar de África a Europa pasa por el contrabando libio. Las mafias libias se han hecho hoy por hoy con el monopolio de la movilidad sur-norte en el Mediterráneo central. Consiguen mover hasta a cien mil pasajeros por año con una facturación de millones de dólares, aunque también con miles de muertos". En este sentido, los Gobiernos europeos practican constantemente una dejación de sus funciones, no sólo porque trasladan a las ONG's las labores humanitarias de rescate, sino porque sus Embajadas en los diversos países africanos han dejado de conceder visados. Así que en vez de acordar perversos tratados con países externos a la UE (Turquía o Libia, por ejemplo) para que retengan a los migrantes y controlen que no existan afluencias masivas a nuestras fronteras, bien podrían emplear ese dinero en regular un nuevo sistema más amplio de visados africanos, que no sólo permita la posibilidad de las estancias temporales, sino también los visados por búsqueda de trabajo, y por reunificación familiar, para abrir el abanico de posibilidades, así como las variantes de integración. Debieran ser además, como propone Gabrielle del Grande, visados válidos para poder circular por todo el territorio de la Unión Europea, y buscar empleo en cualquiera de sus Estado miembro. Y así, llegamos a la situación actual, donde al propio infierno que han sufrido en sus países de origen, se les suma el tiempo que han de esperar en el país de destino para que se les conceda un permiso de residencia que seguramente ni llegará en el 50% de los casos. 

 

Para ese 50% no será concedido el asilo político, el estatus de refugiado, y en los casos donde tampoco sean repatriados, al cabo del tiempo de vagar en la clandestinidad social, miles de personas pasarán a formar parte del ejército de los "sin papeles" y del mercado negro del trabajo. Economía sumergida, trabajos de cuidados, venta ambulante, etc., serán los destinos de esta gente, porque llegan a un país cuyo modelo social es absolutamente hostil para ellos (la verdad es que es hostil incluso para su propia gente). En este artículo del periodista Juan Carlos Osuna publicado en el digital Rebelion, se afirma que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) informó que al menos 2,5 millones de migrantes (unos 375.000 en la zona del Mediterráneo) viajaron de contrabando en todo el mundo durante el año 2016, y señaló que las redes ilegales de traficantes de personas obtuvieron por este medio ganancias de más de siete mil millones de dólares, cantidad que equivale a lo que Estados Unidos o la propia Unión Europea destinaron ese mismo año a ayuda humanitaria. La ONUDD (que publicó estos datos por primera vez) señaló también que el tráfico de migrantes "sigue la misma dinámica que otros mercados transnacionales del crimen organizado", respondiendo a las leyes del mercado, es decir, de la oferta y la demanda. Y añadió que "en la mayoría de los itinerarios también se denunciaron asesinatos sistemáticos de migrantes", además de violaciones, robos, secuestros y esclavitud. Esta agencia destaca también el enorme incremento de la población mundial migrante, que ha pasado de los 173 millones de personas en el año 2000, a los 258 millones en 2017. La escasez de canales legales para intentar residir en otro país o los altos costes de la emigración regular impulsan a muchas personas a recurrir a redes criminales, aumentando el volumen de "negocio" y el poder de estas execrables y siniestras organizaciones. 

 

Y así, en 2017 se documentó la muerte de casi 6.200 migrantes en su viaje hacia otro país, y de ellos, el 58% falleció ahogado durante diversas travesías marítimas. Otro 19% murió debido a las duras condiciones meteorológicas que tuvieron que soportar, o bien por causa de enfermedades diversas, otro 8% murió en accidentes en vías terrestres y otro 6% en homicidios. El Mediterráneo es la zona más letal, con alrededor de la mitad de los migrantes muertos que se registran en el mundo cada año. La ONUDD sostiene en su informe que "El asesinato deliberado (de migrantes) se registra en la mayoría de las rutas de contrabando", y también señala que "estas cifras son sólo la punta del iceberg, ya que es probable que muchas muertes de migrantes no sean documentadas, sobre todo en rutas marítimas no vigiladas, así como tramos terrestres remotos o inhóspitos".  Los rescates en el Mar Mediterráneo se llevan la palma, en cantidad y en intensidad. Y en cuanto a Libia, tras el asesinato de Gadafi en 2011 y la desintegración del Estado libio, el país africano se ha convertido en la mayor concentración de mafias de tráfico de personas, y ha pasado a ser la vía de escape de miles de personas africanas y asiáticas que huyen del Sur al Norte, poniéndose en manos de perversos traficantes de seres humanos. Este es el vil escenario que estamos fomentando, esta es la increíble realidad que hemos contribuido a construir. Europa no puede ignorar su tremenda responsabilidad en este escenario. No puede esconder sus miserias, ni ocultar sus intereses y su culpa. Pero lejos de reconocer esto, ni siquiera es capaz de coordinar los rescates, las peticiones de asilo y las cuotas de integración entre sus Estados miembro. Toda una vergüenza "continental". Cada solución que se trata es más patética que la anterior, cada reunión causa más vergüenza ajena. 

 

Los migrantes se encuentran al albur de las decisiones de turno de los gobiernos europeos, que no sólo hacen dejación de sus funciones, sino que ni siquiera respetan la legalidad internacional. El derecho humano internacional al refugio y la política migratoria no pueden depender de los vaivenes de los diferentes Gobiernos, sino que hay que articular a nivel del continente una verdadera política de acogida, sensible y respetuosa, donde el derecho a la vida sea el eje central, comenzando por articular una política común de rescate, así como decisiones solidarias para abrir vías legales y seguras, por donde poder encauzar a las personas que abandonen sus países de origen, pues no podemos olvidar, como tantas veces insistimos, que estas personas huyen de cruentas guerras, pero también del hambre, de la miseria y de la precariedad, y vienen en busca de una vida digna. La política de fronteras de la Europa fortaleza debe acabar. Hemos de poner fin a esta sinrazón y a esta terrible injusticia. Hemos de dejar de ser cómplices de tanto crimen, de tanto horror, de tanta devastación. Pero nuestros indecentes dirigentes políticos aún no son conscientes de su responsabilidad, de nuestra responsabilidad. Hay que insistir hasta concienciar a las instituciones europeas de la necesidad de un imprescindible cambio de rumbo, que acometa de forma decidida una nueva política migratoria para garantizar los derechos de las personas migrantes, y descarten las políticas voluntaristas o de buenos gestos que hasta ahora han llevado a cabo, escandalizados y presionados ante tanta tragedia. Acabemos de una vez con el "Mare Mortum" (en expresión de Jesús Gellida) en que hemos convertido nuestro Mediterráneo. Continuaremos en siguientes entregas. 

Viñeta: Malagón

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