Declaración del FAI por el Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad

El 9 de agosto se cumplen 75 años del lanzamiento de la segunda bomba nuclear sobre Japón en la ciudad de Nagasaki, tres días antes EEUU ya había lanzado la primera bomba sobre Hiroshima.
Ha intensificado la lógica del saqueo, guerras económicas, amenazas militares, golpes de estado, se revierte cualquier proceso de soberanía y cualquier forma de resistencia.


Parece que existieron pronunciamientos en contra del lanzamiento de estos artefactos sobre la población, ya que consideraban que, mostrar su capacidad destructiva sin víctimas, sería suficiente para acabar con la guerra. Pero los principales objetivos eran el “efecto psicológico”, es decir sembrar el terror y la “propaganda” sobre la superioridad bélica norteamericana y para ello necesitaban mostrar imágenes de devastación y muerte masivas.

La administración estadounidense había lanzado una bomba sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 que causó 166 mil víctimas; prácticamente todas eran población civil. Dado que no se trataba de un objetivo militar, la ciudad nunca fue advertida de que sería bombardeada. Con esta bomba, la demostración práctica del poder de destrucción de la nueva arma y el daño y el sufrimiento que podía causar ya estaba hecha; sin embargo EEUU lanzó una segunda bomba.

La segunda bomba se lanzó sobre Nagasaki, que tampoco era un objetivo militar y causó 80 mil víctimas civiles y solo 150 soldados. El propósito de este segundo horror fue: Demostrar sin ningún género de dudas que EEUU tenía la voluntad y la determinación de usarla cuantas veces considerara conveniente.

En ninguno de los dos casos EEUU asistió a las víctimas; lo que sí hizo fue utilizarlas para medir con precisión los efectos de las bombas sobre las personas y su entorno.

Los planes del nuevo imperio eran someter totalmente a Japón, adueñarse de su área de influencia y establecer un “enclave”que le permitiera dominar la zona. Más allá del dominio militar se buscaba un control total y para lograrlo se recurrió a la violencia y al horror sin límites. En un instante, EEUU vio afianzada su figura como hegemón del nuevo orden mundial, como líder indiscutible de una coalición imperialista en que las antiguas potencias coloniales quedarían integradas de forma subordinada.

Dos años más tarde, la “Doctrina Truman” establece el nuevo escenario y sus actores: Guerra contra la Unión Soviética, nueva potencia emergente y sus aliados (“Guerra Fría”) y unidad occidental subordinada a la hegemonía de EEUU.

La expansión imperial de los EEUU desde la II Guerra Mundial ha costado, hasta el momento, cerca de 20 millones de víctimas mortales y 85 millones de desplazados a causa de las guerras y las hambrunas. Este es el resultado de la Guerra Mundo que se ha extendido por todo el planeta contra cualquiera que no se someta plenamente, una guerra que utiliza cualquier medio y una violencia sin límites. Baste como ejemplos la guerra del Congo, en la que se contabilizan más de 6 Millones de víctimas mortales o, en la década de los 90, las “sanciones económicas” a Irak que mataron a medio millón de niños.

En los últimos diez años se ha hecho evidente el declinar de la hegemonía de EEUU, pero en modo alguno se ha reducido su capacidad criminal; su violencia ha ido en aumento y su desprecio por el Derecho Internacional y las instituciones que deberían defenderlo es proclamada a diario.

Se ha intensificado la lógica del saqueo, las guerras económicas se han multiplicado por diez, las amenazas militares son noticias diarias, criminaliza a sus víctimas y continúa promoviendo golpes de estado para revertir cualquier proceso de soberanía nacional o que comporte cualquier forma de resistencia.

Desde el final de la II Guerra Mundial, EEUU ha sido un gran promotor de las instituciones y los tratados internacionales, pero nunca ocultó que lo hacía al servicio de sus intereses. La mayoría de los tratados firmados no los ratificó, pero exigió su cumplimiento a terceros y nunca aceptó condenas de estas instituciones.

En los últimos tres años esta dinámica se ha acelerado. En 2017 abandonó el Acuerdo de París sobre Cambio Climático y el Pacto Mundial sobre Migración y Refugiados, en 2018 se retira del Acuerdo Nuclear con Irán, de la Agencia de NNUU para los Refugiados Palestinos y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en 2019 lo hace del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio y en 2020 se retira del Tratado de Cielos Abiertos. Además ha amenazado con abandonar la Organización Mundial del Comercio, el Acuerdo de Limitación de Armas Nucleares (2021), comenzar la militarización del espacio y volver a retomar el programa de pruebas nucleares.

La amenaza es real: EEUU se está desvinculando aceleradamente de cualquier compromiso que limite su campo de acción en materias de muy alto riesgo; lo está haciendo a pesar del desacuerdo de muchos de sus aliados más importantes y desconocemos hasta donde está dispuesto a llevar a cabo estas amenazas.

Los crímenes contra la humanidad de EEUU continúan y el riesgo de que aumenten es cada vez más evidente, y no podemos mantenernos pasivos ante esta situación y ante estas nuevas amenazas.


El Frente Antiimperialista Internacionalista, que ya en 2019 promovió la Campaña para la declaración del 9 de agosto como Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad, a la que se adhirieron numerosas organizaciones, retoma en este año su campaña de recogida de firmas, en este enlace y anima a todos sus colaboradores y simpatizantes a darle máxima difusión.

El mismo día 9 de agosto, el FAI ha preparado la sesión de sus Tertulias en Cuarentena nº 23: 9 de agosto, Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad; animamos a todos a participar en ella.

 

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