Arquitectura de la Desigualdad (85)

Arquitectura de la Desigualdad (85)

 

Nos acabamos de enterar por Oxfam Intermón de que 250.000 trabajadores del sector avícola estadounidense, tierra de libertades, cumplen su jornada laboral con pañales porque los jefes de la cadena de producción consideran un lujo bolivariano y sindical eso de mear y cagar. Ni siquiera Charles Chaplin vislumbró tan satírica profecía en su agorera película Tiempos modernos. Es asombroso cómo nuestros más afamados empresarios consiguen que la realidad (empresarial) supere al arte (del trabajo). El obrero del mundo ya no tiene que velar por sus derechos salariales, ni por un horario digno, ni por la conciliación familiar y esas otras chorradas que hasta los más conspicuos y subvencionados sindicatos han ido descendiendo a media asta. Ahora, la lucha obrera consiste en vindicar el derecho fisiológico a la cagada y a la meada. Pronto nuestras mujeres se verán obligadas a parir encima del teclado del ordenador o en la trastienda de un McDonalds. Y, eso sí, sin manchar. Me queda la duda, no explícita en el informe de Oxfam, de si el obrero ha de pagarse los pañales o los reparte (y se los pone y se los quita) un capataz..

Fragmento de “Pañales obreros”, un artículo de Aníbal Malvar, Público, 17 de mayo de 2016

 

No exageraba Aníbal Malvar al contar las maldades y salvajadas a las que los patrones someten a sus esclavos y esclavas laborales de algunos sectores por algunas partes del mundo. Un país paradigmático en este sentido es la India, y un sector dentro de su industria es el calzado, en el cual diversas ONG's han denunciado vulneraciones flagrantes de los derechos laborales, y discriminaciones por casta y género. Recomendamos para ilustrarlo la lectura de este artículo de Enric Llopis para el medio Rebelion.org, del cual extraemos alguna información. Más de un millón de personas trabajan en el sector del calzado en ese país. Las más prestigiosas marcas sacan su mano de obra de allí. A la mayoría de los obreros se les remunera con un salario de carácter diario, y también se practica la contratación a través de Empresas de Trabajo Temporal (ETT). No existen los contratos de trabajo, sino únicamente los acuerdos verbales. No existe ningún tipo de protección social, y gran parte de las plantillas pertenecen a grupos marginados por el sistema indio de castas. No existen los sindicatos, tampoco existen botiquines en los lugares de trabajo ni en muchos casos equipos de protección, pese a las frecuentes quemaduras y cortes. Por supuesto, ante cualquier accidente, son los propios trabajadores los que han de pagarse el tratamiento médico. El salario mínimo del personal semicualificado durante 2015 se situaba en los 87,5 euros mensuales, en la localidad donde mejor pagados están.

 

Los ingresos mensuales están entre 20 y 160 euros mensuales, y laboran entre 8 y 12 horas diarias. El sistema implantado no garantiza derechos básicos como el descanso semanal o los permisos por enfermedad. De esta forma, el aumento sin pausa de la productividad y la creciente autoexplotación en el "destajo" se revelan como imprescindibles para poder sobrevivir. Son frecuentes los mareos por los productos químicos utilizados, así como la artritis y demás lesiones y dolencias ligadas a su actividad diaria. Los seguidores de este Blog que estén interesados en más información al respecto, pueden descargarse y consultar el Informe de referencia de dicho artículo, titulado "Se dejan la piel". Ya sabemos de dónde sacan sus inmensas fortunas los propietarios y accionistas de las grandes cadenas de calzado mundiales. Es sólo un sector típico del trabajo esclavo que hemos puesto como ejemplo. Lo podemos extender a muchos otros. El sector textil es otro caso paradigmático. La periodista Nazaret Castro nos informa en su obra "La dictadura de los supermercados", que de los 29 euros que puede costar una camiseta distribuida por estas grandes marcas (Inditex, H&M, Mango...), la cantidad destinada al salario de los obreros que las fabrican no supera el 5%. La explicación radica en los procedimientos de subcontratación y deslocalización, con mengua de derechos laborales, hacia los países del Sur. El modo de operar no es muy distinto en el sector del mueble. La multinacional sueca IKEA ha sido objeto de acusaciones por el uso de mano de obra infantil en Pakistán. Todo ello viene a corroborar, como tantas veces hemos afirmado, que la inmensa riqueza de los grandes empresarios nunca proviene de sus actividades lícitas u honestas, sino de la explotación de los más necesitados y vulnerables, y que además están apoyados por los indecentes gobernantes de la inmensa mayoría de países.

 

Y es que la complicidad entre los grandes poderes económicos y los gobiernos es hoy día ciertamente desoladora. El sociólogo Rubén Juste describió muy bien esa "trama" en su completo y reciente libro, que recomendamos a todos nuestros lectores y lectoras. Un texto que podría actualizarse casi al día, pues casi diariamente van apareciendo nuevos casos de corrupción, tramas económicas relacionadas con el poder político, etc. Como muy bien señala Juste (y destaca Enric Llopis en su artículo de referencia), el sentido del libro se justifica con tan sólo tres cifras, a saber: en primer lugar, la que cuantifica el peso de estas grandes sociedades en la economía española (35 empresas que representan el 50% del PIB), el hecho de que en 2013 empleaban a 1,2 millones de trabajadores (lo cual representaba el 7,3% de la población ocupada), y su aportación al Impuesto de Sociedades (8.500 millones de euros, sólo el 7,5% del total de los ingresos fiscales de ese año). Todos estos datos se explican si se analizan pormenorizadamente (lo cual lleva a cabo Rubén Juste en su obra) todo el nudo de conexiones y la trama de intereses que subyacen a su imperio económico. Los orígenes del IBEX-35 podemos situarlos en 1992, cuando el Estado decide ir creando grandes empresas multinacionales privadas con el apoyo y complicidad de sagas de empresarios afines. Incluso se irían privatizando las auténticas "joyas de la Corona", grandes empresas públicas que se habían dedicado a los suministros y servicios básicos (energía, banca, agua, transporte...). Entre los años 1985 y 1991, bajo la segunda legislatura del "socialista" Felipe González (que años más tarde también formaría parte del Consejo de Administración de alguna de ellas), se privatizaron un total de 45 grandes empresas. Estábamos en la antesala de lo que luego continuaría el PP de José María Aznar. Se comienzan a fortalecer las puertas giratorias, legitimando el nexo de unión entre el mundo público y el privado. Actualmente, de las 10 mayores fortunas españolas, ocho destacan como propietarias de empresas que cotizan en bolsa. Y cinco de ellas, de sociedades del IBEX-35.

 

Y como venimos afirmando, las épocas de "crisis" (donde el gran capital implosiona ante sus contradicciones) son aprovechadas para agudizar esta arquitectura de la desigualdad. Según la revista Forbes, los diez mayores patrimonios del Estado Español duplicaron su fortuna entre 2008 (54.000 millones de dólares) y 2014 (algo más de 100.000 millones). El IBEX es un auténtico club de socios restringidos, donde se unen los apellidos de rancio abolengo con los altos niveles económicos. En 2014 la remuneración media de un Consejero del IBEX se situaba en más de 300.000 euros, promedio que se elevaba hasta los 1,3 millones de euros para la alta dirección, y hasta los 3,36 millones de euros si hablamos de los respectivos presidentes. En 2017, las empresas que conforman el IBEX obtuvieron un beneficio neto de casi 10.000 millones de euros sólo durante el primer trimestre del año, lo cual supuso un aumento de más del 30% respecto al mismo período del año anterior, según datos publicados por Europa Press. Y mientras ocurre esto, el mercado laboral se desregula a marchas forzadas, las privatizaciones avanzan a todos los niveles, el paro se desboca, la precariedad se instala en todas las facetas, disminuyen los niveles de protección social, continúan los ERE masivos de miles de empleados, el cierre de fábricas y oficinas, y la inseguridad e inestabilidad se vuelven realidades cotidianas. Todas ellas son manifestaciones de esta perversa arquitectura de la desigualdad, que mientras perpetúa e incrementa la riqueza de los más ricos, explota y condena a los más pobres a una mísera y degradante vida.

 

Hoy día, el mercado laboral es quizá la mejor expresión de la desigualdad a todos los niveles. Es donde de forma más palpable pueden comprobarse todos los mecanismos que los ricos levantan contra los pobres, toda la legislación que se alza a su favor, y toda la mierda que se vierte sobre los más débiles. La precarización se convierte así en un modo de vida, ya que afecta a múltiples aspectos de las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera: el incremento de las desigualdades, la distribución de la renta entre beneficios empresariales y salarios de los trabajadores y trabajadoras (en ellas se suma además la brecha salarial, el techo de cristal y la división sexual del trabajo, entre otros factores), el modelo productivo existente, el trabajo en la economía sumergida, el paro juvenil, la disminución de los mecanismos de protección social, la ausencia de políticas activas de empleo y prestaciones indefinidas por desempleo, la temporalidad, el paro de larga duración, el trabajo a tiempo parcial, la rotación laboral, la oscilación por estacionalidad laboral, la pérdida de derechos laborales, la inseguridad en el trabajo, el bajo SMI, la existencia de trabajadores con empleo por debajo del nivel de pobreza, a todo lo cual podemos unir la pérdida del vigor de los Convenios Colectivos, la deriva hacia las Empresas (privadas) de Trabajo Temporal (ETT) en lo relativo a la búsqueda de empleo y contratación activa, y el declive que se produce en las propias relaciones laborales, concediendo todo el poder y la hegemonía a las organizaciones empresariales. Todo ello delimita un panorama laboral incierto y desolador, donde el actual Gobierno únicamente toma por (falaz) bandera la (falsa) "creación de empleo", y además la circunscribe como "mejor política social", tomando únicamente el horizonte del "crecimiento económico" como mejor (y único) indicador de la riqueza del país. Pero riqueza...¿Para quién? Continuaremos en siguientes entregas.

 

http://rafaelsilva.over-blog.es/2018/04/arquitectura-de-la-desigualdad-85.html?utm_source=_ob_email&utm_medium=_ob_notification&utm_campaign=_ob_pushmail

 

Top