Arquitectura de la Desigualdad (90)

 

Viñeta: Malagón

 

"Nuestro horizonte es reconstruir la idea de trabajo y poner los trabajos al servicio del buen convivir. La emancipación no está en el empleo; la subversión está en la reorganización radical de los trabajos socialmente necesarios"

Amaia Pérez Orozco

 

Dado el panorama que llevamos describiendo, el mundo empresarial ha llegado a su desfachatez más absoluta. Sabiéndose protegido y amparado por todos los poderes a su servicio, el escuchar los comentarios de los grandes empresarios nacionales e internacionales es un ejercicio que provoca bochorno y horror, además de vergüenza ajena. Sueltan barbaridades con la más absoluta impunidad, desde sus más altas atalayas, y se permiten sermonear con absoluto descaro sobre los temas más variados, y por supuesto, sobre los asuntos que tienen que ver con su mundo, el mundo del trabajo y de los negocios. Sin ir más lejos, vamos a comentar un botón como muestra: hace pocos días, salían a la luz pública unas declaraciones del CEO de Amazon, Jeff Bezos, uno de los hombres más ricos del mundo, manifestando su opinión sobre el tema de la conciliación de la vida laboral y familiar. Lo cuenta entre otros medios la sección de noticias de Yahoo Finanzas, artículo al cual nos remitimos. Pues bien, el fundador y uno de los máximos accionistas del gigante mundial de las ventas online ha confesado en un reciente evento las recomendaciones personales que suele dar a sus trabajadores en relación al referido asunto. De entrada, ha reconocido que no le gusta nada la expresión "balance entre trabajo y vida personal", y que los empleados deberían renunciar a lograr ese tan deseado objetivo, puesto que según él, implica una estricta compensación entre ambos ámbitos. En lugar de eso, Bezos concibe una relación de ambos aspectos de la vida como un todo, no como dos partes separadas que pueden entrar en conflicto. 

 

Jeff Bezos lo explicó en los siguientes términos: "Esta armonía trabajo-vida es lo que trato de enseñar a los empleados jóvenes y en realidad a los altos ejecutivos de Amazon también. Pero especialmente a la gente que llega. Me preguntan sobre el equilibrio trabajo-vida todo el tiempo. Y mi opinión es que es una frase que debilita porque implica una estricta compensación. En realidad, se trata de un círculo. No es un equilibrio". Se puso a él mismo como ejemplo, y argumentó que la relación entre su vida laboral y su vida personal es recíproca, y que él no las divide en dos restricciones de tiempo que compiten entre sí. Y añadió: "Si soy feliz en casa, entro a la oficina con una energía tremenda. Y si soy feliz en el trabajo, vuelvo a casa con una gran energía". Bellas y hasta filosóficas palabras, lo malo es que están predicadas desde la más despiadada desigualdad. Para empezar, Jeff Bezos es uno de los personajes más ricos del mundo, como decíamos más arriba, y uno de los más ricos de la historia. Para continuar, su empresa (Amazon) es una de las más tiránicas corporaciones mundiales. Sólo estos dos hechos inhabilitan a Bezos para pronunciarse sobre temas laborales que además él jamás ha vivido, ni siquiera puede imaginar desde su barata filosofía. Lo primero que debería hacer este personaje (y tantos otros como él que "ilustran" al mundo con sus desalmados sermones) es pasar una temporadita sumergido en las situaciones vitales de sus empleados, para poder experimentar en sus propias carnes las angustias cotidianas a las que están sometidos, desde la precariedad e inestabilidad que padecen. El indecente sermón de Jeff Bezos obedece a la filosofía de un magnate que no es capaz siquiera de imaginar la vida precaria de un/a empleado/a cuyo horizonte no llega a más de seis meses vista (en los mejores casos), porque no tienen como él dinero para vivir 20 ó 30 vidas sin problemas. 

 

El indecente sermón de Jeff Bezos es propio de quien tiene toda su vida resuelta, y por tanto no necesita separar una vida laboral de una vida personal, porque simplemente tiene TODA su vida para vivirla como le dé la gana. Si Jeff Bezos desea pasar con su familia tres meses de vacaciones en las Bahamas no tendrá ningún problema, como si desea comprarse una mansión en Las Vegas, un yate en Puerto Banús o invertir en un fondo buitre, que ahora está muy de moda. Así es muy fácil predicar, y decirles a los demás que se olviden de su vida personal y laboral, que integren ambas, y que además lo hagan con armonía. Pero los empleados de Jeff Bezos no sólo es que no pueden comprar una mansión, es que no pueden ni siquiera alquilarse un piso para vivir con su pareja. Y si lo alquilan, seguramente tendrán problemas para poder sobrevivir todo un mes. Y no podrán disfrutar de vacaciones, ni en las Bahamas ni en la piscina de su polideportivo más cercano. Y no sólo no podrán invertir, sino que no podrán disponer ni de un vehículo de segunda mano. Hablar desde esta situación es, como puede imaginarse, muy distinto a hablar desde la posición de Jeff Bezos. Porque cuando eres un joven (o no tanto) que aún no te has podido emancipar de la casa de tus padres, necesitas trabajar para poder financiarte tus estudios y no tienes más futuro que aquél que puedas imaginar, el pensamiento de Jeff Bezos no tiene ningún sentido. Pero en fin, en vez de contestarle personalmente a Bezos, voy a dejar que lo haga un intelectual de la talla de Emir Sader, de quien retomo a continuación algunos argumentos de su artículo "El día y la noche del trabajador", que los lectores y lectoras pueden encontrar en el medio Publico. Sader nos explica: "Es alrededor de las actividades del trabajo que la mayoría aplastante de la gente en todo el mundo vive. Entre despertar muy temprano, gastar algunas horas en un transporte muy malo, cumplir una larga e intensa jornada de trabajo, retomar el mismo transporte de retorno, llegar a la casa y recomponer las energías para reempezar la misma jornada al día siguiente, para la vida de millones y millones de personas en todo el mundo".

 

¿Acaso tiene Jeff Bezos estos problemas? ¿Si llega tarde a su despacho alguna mañana tendrá algún jefe que se lo recrimine? ¿Es que acaso en su mente existe el concepto de "llegar tarde"? ¿Acaso se sentirá presionado en sus horarios? ¿Tendrá problemas para llegar a fin de mes? ¿Podrá pagar su hipoteca? ¿Tendrá Jeff Bezos alguna hipoteca que pagar? ¿Y algún alquiler? ¿Podrá llevar a sus hijos/as al colegio (ignoro si los tiene) tranquilamente, o no podrá conciliar este aspecto de su vida por causa de su trabajo? ¿Estará preocupado por su finalización del contrato? ¿Tendrá que irse a trabajar a otro país? ¿Peligrará el sustento de sus hijos? Emir Sader continúa: "Para la gran mayoría, se vive o se sobrevive para trabajar. No hay tiempo para mucho más. Ni se puede escoger en qué trabajar. Cuando hay trabajo". Pero claro, seguro que Jeff Bezos no tiene ni idea de esto. El trabajo universalmente precario, como nos cuenta Emir Sader, es lo que domina el mundo laboral de hoy día. Empleos sin contratos, o intermitentes, o temporales, o a tiempo parcial. Empleos sin derechos, sin garantías de continuidad, sin vacaciones retribuidas, sin protección social, sin coberturas de desempleo, sin horarios, sin días de fiesta. La misma identidad del trabajador se va debilitando, en la medida en que la mayoría de ellos debe responder a varias actividades a la vez para poder subsistir, o para poder componer el presupuesto familiar. Muchos de ellos cambian de actividad de un mes a otro, o de empresa, o de ciudad, o de domicilio. La inestabilidad de sus vidas es brutal. Están presionados por el desempleo, por la precaridad, por el exilio, por la satisfacción de sus más elementales necesidades: emancipación, vivienda, alimentación, salud, transporte, etc. Y así, la aspiración a una vida mínimamente digna se convierte en un reto de plena supervivencia. 

 

¿Sabrá el señor Jeff Bezos algo de estas cosas mundanas? ¿Le preocuparán? Pues parece que no, a tenor de las barbaridades que suelta a sus empleados y empleadas. Bezos les habla desde una tribuna absolutamente inalcanzable para ellos, les habla desde otra dimensión, desde otro mundo. Porque Bezos demuestra ignorar no ya sólo el funcionamiento, sino hasta la propia esencia del capitalismo, que es la que genera esta arquitectura de la desigualdad, proyectada en este caso en el mundo laboral. Quizá haya que explicarle al señor Jeff Bezos que en la sociedad capitalista, el trabajador o la trabajadora no son dueños de su trabajo, sino que lo arriendan para poder sobrevivir, no tienen poder sobre lo que producen, ni controlan a qué precio se produce, para quién se produce, cómo se produce, hasta cuándo se produce, para cuándo se produce, e incluso no se reconocen en los productos de su propio trabajo. Bajo el capitalismo, el empleado/a es un/a trabajador/a alienado/a, que aliena su capacidad de trabajo y es alienado por el proceso de producción. Y a estas personas, Jeff Bezos les habla desde su tribuna privilegiada, desde su púlpito de Dios de las empresas, e intenta inculcarles, casi de tú a tú (pues dice que son consejos que se aplica a sí mismo) unas "recomendaciones" para que se olviden de la conciliación entre la vida laboral y la familiar, que eso es un camelo, que eso no existe. No es el único gran empresario que va de sobrado por la vida, regalando consejos a diestro y siniestro, ni es el único asunto del que hablan. Por desgracia, bajo esta arquitectura de la desigualdad, y tal como contábamos en nuestro primer bloque temático dedicado a los ricos y a su poder, tales personajes se han convertido en auténticos referentes y espejos a los que hay que parecerse. Y así nos va. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Viñeta: Malagón

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