Arquitectura de la Desigualdad (98)

Arquitectura de la Desigualdad (98)

 

"El proceso de precarización laboral que la clase obrera española ha sufrido desde los años 90 ha sido constante, continuo y agresivo con el objetivo de destruir la fuerza de los trabajadores e individualizarlos para desposeerlos del poder del colectivo. Estos ataques se han dirigido a derrocar los pilares de los derechos básicos y condiciones laborales, la estabilidad, el salario y la protección social"

Antonio Maestre

 

El poder de las corporaciones y su grado de influencia es tan elevado, que hasta se permiten proponer medidas en lo que a mercado laboral se refiere. De hecho, en prácticamente todos los países de orientación política neoliberal (la mayoría del globo, en la actualidad) son los grandes promotores de las contrarreformas laborales que se ponen en marcha, así como de la mayoría del conjunto de medidas que en materia laboral se aplican. Y lógicamente, a tenor de todo lo que venimos contando, ya podemos intuir por dónde van los tiros. Sin ir más lejos, este artículo del medio Infolibre nos contaba cómo el BBVA llegó a proponer que los desempleados/as cobraran menos cuando los indicadores económicos fuesen positivos. En su afán por vincularlo todo (salarios, pensiones, desempleo, etc.) a la marcha de la economía, es decir, en mercantilizar todos los derechos y servicios, la idea que proponía la entidad presidida por Francisco González es que los parados cobren el paro durante más tiempo cuando la economía esté en crisis, a cambio de una duración menor de sus prestaciones durante las fases expansivas, es decir, de crecimiento económico. Según su nefasta y aberrante lógica, parece que cuando la economía va mal podemos dejar de comer, de pagar facturas, de vestirnos, y no pasa nada. El BBVA propuso un conjunto de medidas alllá por mayo de 2016, y este nuevo sistema planteado por la entidad sería obligatorio para los nuevos contratos laborales, y requeriría un acuerdo expreso entre empleador y empleado en el caso de contratos laborales ya en vigor. También propuso la simplificación de las variantes de contratos laborales, así como modificaciones en el sistema de las indemnizaciones a los trabajadores/as. Asímismo, propuso una rebaja de las cotizaciones sociales. 

 

Pero no quedan aquí las medidas propuestas dentro del contexto de la reforma integral del mercado de trabajo que propuso el BBVA Research (nombre del think tank del gigante bancario). También sugirió cambios en el sistema de negociación colectiva, apostando por articularlo en el ámbito de cada empresa, reduciendo el poder de los representantes de la clase obrera. Siguen insistiendo en la idea (falaz) de que reduciendo los costes laborales para las empresas, esto incidirá en una mayor creación de puestos de trabajo, cuando ya está demostrado con creces que esto no es así. Porque como hemos explicado en anteriores entregas, el volumen de empleo no depende de lo barato que sea éste, ni de lo caro que resulte despedir, ni de que las empresas tengan diseñado un buen sistema de cotizaciones sociales, ni de que los parados participen en "programas activos", ni de mil estupideces más que se han ido proponiendo en las diversas contrarreformas laborales que se han implantado durante las últimas décadas. Los puestos de trabajo en el contexto de la iniciativa privada dependen de la capacidad de consumo de la población, así que mientras ésta continúe en su devaluación salarial y en la reducción de sus prestaciones (así como en un endurecimiento del acceso a las mismas), las personas no podrán disfrutar de acceso al consumo, y los productos y servicios que fabrican o proveen las empresas no podrán ser adquiridos. Es así de simple. Todo lo demás es marear la perdiz, perderse en disquisiciones inútiles, y pretender favorecer a las empresas, en detrimento de la clase obrera, fomentando, como venimos asegurando, la arquitectura de la desigualdad. Eso en cuanto a la iniciativa privada. Porque en el ámbito de la iniciativa pública, los puestos de trabajo dependen de que el Estado se lo tome en serio, reforzando los servicios públicos (sanidad, educación, servicios sociales, dependencia, cuerpos de seguridad, administraciones públicas...), y diseñando Planes de Empleo Garantizado que analicen las necesidades de las comunidades, y pongan el foco en la rentabilidad social, en vez de en la rentabilidad económica. 

 

El mercado laboral hoy día se encuentra casi absolutamente desregulado. Prueba de ello es que, como nos cuenta este artículo del medio Publico basado en un informe del sindicato Comisiones Obreras, las empresas despidieron a ocho millones de trabajadores/as desde el año 2006 y hasta 2015. En nuestro país, a partir de las últimas Reformas Laborales llevadas a cabo por los sucesivos gobiernos bipartidistas, se despide mucho y mal, por causa de las facilidades legislativas aplicadas a las empresas. En el año 2015, por ejemplo, se dieron casi 9 despidos por cada 10 asalariados/as fijos/as. El despido no es caro ni difícil, sino fácil y barato. Miles de factorías de nuestro país han ido de esta forma despidiendo a gran parte de su plantilla, y todo ello sin incluir los ceses por finalización de contrato o por conclusión del período de prueba. La protección por desempleo, por su parte, ha sufrido también un grave deterioro, ya que la tasa de cobertura (cociente entre los parados que cobran prestación y el total de parados con derecho a acceder a ella) finalizó en 2015 en el 55% (hoy día no llega ni al 45%), lo que implica que alrededor de la mitad de los desempleados/as en este país se queda fuera del sistema de protección. En su momento trataremos a fondo la propuesta de la Renta Básica Universal (RBU) para solucionar éste (y otros) problemas, pero de momento nos limitamos a describir la tremenda situación que vivimos. Durante los últimos años, la tasa de cobertura se ha reducido en más de 25 puntos, debido a la duración e intensidad de la crisis-estafa que estamos padeciendo, que ha funcionado como un magnífico pretexto para ahondar en las desigualdades sociales. Y así, el aumento de parados/as de larga duración que agotan todo el itinerario de prestaciones, la precariedad de los nuevos empleos (que no dan lugar a períodos de cotización suficientes para generar derecho a nuevas prestaciones), y los nuevos condicionantes que han endurecido los requisitos de acceso, dibujan un panorama ciertamente desolador. 

 

Como consecuencia de todo ello, el gasto en prestaciones por desempleo baja, pero no porque haya menos parados, sino porque se expulsa deliberadamente a muchos desempleados del sistema de protección social, y la cuantía y duración de las prestaciones que se perciben es menor debido a los recortes y al hecho de que cada vez pesan más las prestaciones asistenciales que las contributivas. Y mientras que éstas dependen del sueldo del trabajador cuando estaba en activo, aquéllas no pasan de unos míseros 400 euros mensuales, con los cuales no es posible desarrollar una vida digna. Las cifras demuestran la perversa evolución del sistema: entre 2009 y 2015 el número de parados/as creció un 4,3%, el de perceptores de prestaciones bajó un 30%, y el de personas excluidas del sistema de protección social aumentó un 120%. Saquen los lectores y lectoras sus propias conclusiones. Pero mientras todo esto ocurría, el indecente Gobierno de la derecha nos lanzaba sus autocomplacientes y engañosos mensajes, centrados en el "crecimiento económico" (desigual) y en la "creación de empleo" (falsa), que caracterizaba a nuestra economía. Perversión, manipulación e indecencia. En una palabra: arquitectura de la desigualdad. El citado informe de CC.OO. describe nuestro mercado laboral con acertadas palabras: "El mercado laboral español es insuficiente y muy desequilibrado, porque excluye a demasiadas personas, está muy masculinizado, se pagan bajos salarios, la rotación laboral es muy elevada, hay mucha desigualdad, pobreza y precariedad, muchos despidos, la protección frente al paro es débil y la población ocupada envejece de forma preocupante". Pero frente a este deprimente retrato, nuestros políticos continúan en sus trece, mirando para otro lado, y asegurando, al igual que el empresariado, que estamos "en una buena tendencia". Evidentemente, si la tendencia hacia la que se pretende ir es la arquitectura de la desigualdad, estamos caminando hacia ella.

 

Hablábamos sobre las Empresas de Trabajo Temporal (ETT) en una entrega anterior, y retomamos el asunto porque este artículo del medio El Captor nos informa de su escalamiento de posiciones en el ránking de empresas españolas. Concretamente, nos informa de que tres de las ETT se ubicaban en verano de 2016 (probablemente ya sean más) en el top 25 del ránking de empresas españolas por número de empleados. Se trata de Randstad, Adecco y Manpower, y un número de trabajadores/as cercano a 60.000 se encuentra diariamente contratado por ellas. La primera de ellas, Randstad, se integra en el puesto número 7 de la clasificación de empresas por empleo en España, con casi 30.000 trabajadores/as puestos a disposición de empresas usuarias, tan sólo por detrás, y no a excesiva distancia, de ejemplos paradigmáticos como Mercadona o El Corte Inglés (con alrededor de 50.000 empleados/as). En segundo lugar se sitúa Adecco (en torno a los 20.000 empleos puestos a disposición de terceras empresas), y finaliza el poderoso trío la ETT Manpower, que contabiliza una cifra situada aproximadamente en los 11.000 trabajadores/as. Los datos son tremendamente significativos, ya que son fiel testigo de una tendencia en la cual las ETT toman el control del mercado de trabajo, asimilan las funciones de búsqueda activa de empleo para los/as demandantes (función asignada antes a las oficinas de los Servicios Públicos de Empleo), e integran un menú de selección en cuanto a cargos, funciones y tipologías de empleos ciertamente variado. Otro dato que aporta el artículo de referencia se refiere al volumen de facturación, ya que las tres principales ETT en conjunto superan los 1.500 millones de euros de facturación anual, una cifra que no sólo se ha consolidado sino que ha ido en claro aumento, precisamente a lo largo de los años en los que la mal llamada "crisis" de la economía española ha alcanzado una mayor contundencia. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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