Arquitectura de la Desigualdad (110)

Arquitectura de la Desigualdad (110)

 

"En Derecho del Trabajo no se analizan los nombres de los contratos, ni la intención que tuvieron los contratantes, ni siquiera el régimen de Seguridad Social en que están registrados. Lo que importa en Derecho del Trabajo, español y europeo, es la realidad de los hechos . Así que da lo mismo que las partes se llamen o se consideren trabajadores o freelancers , porque serán lo que a la postre se derive de los hechos que envuelven su relación, esto es, de la forma y el modo en que realmente una presta sus servicios para la otra. O mejor dicho, de si esa forma o modo responde o no a lo que los laboralistas denominamos ajeneidad y dependencia"

Luz Rodríguez (Profesora de Derecho del Trabajo en la UCLM)

 

En nuestra última entrega comenzamos a exponer la peligrosa deriva expresada en las apps que gestionan la última hornada de la falsamente denominada "economía colaborativa", falacia que ya desmontamos en el artículo anterior. Insistimos en que la importancia de la plataforma propiamente dicha, que es el elemento del capital que predomina en las relaciones laborales, es que da instrucciones, marca los horarios, delimita las agendas, reparte los turnos, asigna las zonas, y otra serie de factores que la hacen aparecer como un auténtico y verdadero "Jefe". Concluimos entonces que la app digital es el medio de producción en sí mismo, y de ahí que los supuestos "colaboradores" no se puedan considerar como tales, es decir como autónomos, sino como trabajadores con una relación de laboralidad que debiera ser asalariada. De hecho, esa es la tendencia. En el caso de Uber, por ejemplo, el servicio que opera en España lo hace mediante empresas de flotas de conductores que tienen licencias VTC (Alquiler de Vehículos con Conductor), y que tienen a la mayoría de sus trabajadores dados de alta como asalariados. Como afirman Belén Carreño y Sergi Pitarch en su artículo de referencia: "La libertad para trabajar puntualmente es una de las cuestiones, precisamente, que defienden los que creen que deben existir estas plataformas. Y es que está en el origen de la prestación de servicios P2P. Pero las sentencias vienen a decir que estas grandes plataformas han desnaturalizado la raíz de la economía colaborativa (...) y que ahora se han convertido simplemente en modelos de negocio rupturistas pero capitalistas al uso". Nada nuevo bajo el sol, por tanto. El 70% de las personas que generan ingresos mediante estos servicios no poseen protección social, lo cual, como venimos insistiendo, favorece la arquitectura de la desigualdad. 

 

Porque es el mismo concepto de "economía colaborativa" el que ha sido prostituido por este tipo de empresas, ya que este concepto obedece originalmente al hecho de poner bienes y servicios en el mercado de forma voluntaria y altruista. En este sentido, el intercambio o trueque, o los modelos de compartición desinteresada de productos o servicios responden perfectamente a este modelo. Pero en estos casos de lo que estamos hablando es de empresas que adoptan la forma de una plataforma online (gestionada a través de un dispositivo móvil) cuyo negocio, muy lucrativo por cierto, consiste en conectar la demanda de bienes y servicios con la oferta de ellos mediante la propia plataforma. Pero habrá que analizar en cada caso, como muy bien nos indica la Profesora Luz Rodríguez en su cita de entradilla, la relación laboral concreta que en cada caso se practique. Luz Rodríguez, en este fantástico artículo para el medio Infolibre, lo explica en los siguientes términos: "Estar en un lado de la frontera (porque los hechos confirman que existen la ajeneidad y la dependencia en la forma en que una persona presta un servicio para otra) significa ser trabajador; estar en el otro lado de la frontera (porque los hechos confirman que no existe ajeneidad o no existe dependencia) significa ser autónomo, o en terminología más moderna, freelancer. Los derechos que tienen las personas prestadoras de trabajo en un lado y otro de la frontera son diferentes; los costes económicos para el empleador de una u otra figura también; y también distintas, muy distintas, las prestaciones de Seguridad Social". Y más abajo continúa: "...la finalidad de aquélla frontera era la de equilibrar o compensar mediante el reconocimiento de una serie de derechos, procedimientos y garantías la desigualdad o debilidad de las personas dentro de la relación de trabajo". Todo ello nos lleva a concluir que existen derechos que deben situarse (y por tanto garantizarse) por encima del estatuto jurídico que tenga la persona que realiza la prestación laboral, ya sea ésta un trabajador o un freelancer. 

 

La Profesora Luz Rodríguez establece una conclusión justa y clara: "Elaboremos un común de derechos aplicables al trabajo en cuanto género, especialmente en relación con la protección social que deban tener los prestadores de servicios, y el combate en la frontera será menos trascendente, porque, se sea trabajador o autónomo, se tendrá un mínimo de derechos, procedimientos y garantías que compensen la desigualdad o debilidad en su relación con el empleador, incluido cuando el empleador es una plataforma online". En una palabra, la expresión de la desigualdad bajo esta nueva forma de explotación laboral del siglo XXI ha trasladado el debate a la forma de relación laboral con la empresa, para desviar el foco de atención de lo verdaderamente importante. Y así, normalmente, los trabajadores suelen ser falsos autónomos, como en el caso de Deliveroo (una plataforma británica creada en 2013 que se dedica al reparto de comida a domicilio entre clientes y restaurantes a través de repartidores en bici o moto, que llaman ciclomensajeros o riders), un negocio sin apenas instalaciones y con un ejército de personal joven y migrante...sin relación laboral con la empresa (sólo la mercantil, que sale mucho más barata que soportar toda una plantilla de asalariados). Nos lo cuenta con meridiana claridad Gema Delgado en este artículo para el medio Mundo Obrero, que seguiremos a continuación. Un exclusivo joven emprendedor extranjero se convierte en multimillonario montando un negocio donde los repartidores asumen los riesgos laborales, ponen sus propias herramientas de trabajo, su bici o moto, su móvil, su propio cuerpo, y abonan de su bolsillo la Seguridad Social y demás impuestos. Así de fácil. Dinero rápido a cambio de fuerza de trabajo, sin mayor infraestructura. Sin oficinas, sin fábricas, sin almacenes, sin personal, sin papeles. Todo a través de una app. Sin más complicaciones ni responsabilidades para el empresario. Vamos, todo un negocio redondo. 

 

Gema Delgado nos cuenta con detalle cómo funciona dicho modelo laboral: "Las relaciones laborales en estas empresas como Deliveroo son muy parecidas a las del siglo XIX. Pero ahora, en el siglo XXI, la dirección y gestión de esa explotación, con el neolenguaje perversamente aséptico de la industria 4.0, la hace un "algoritmo", forma peculiar de desligar formalmente a la empresa, que en definitiva es la que gestiona la aplicación, y que les sirve para camuflar la relación como mercantil. La aplicación es la herramienta a través de la que los "riders" ciclo/moto-repartidores, solicitan horarios de trabajo y a través de la cual les es concedido o no. La empresa, que está al mando de la aplicación del móvil, es finalmente la que reparte, ahora como entonces lo hacía el capataz, precariedad, flexibilidad, competitividad y premios a la docilidad, esfuerzo y entrega. El algoritmo es el que asigna los horarios, las direcciones de recogida y de entrega y la que les tiene geolocalizados en todo momento. También es el que penaliza al trabajador con peor o mejor zona, distancia y número de repartos". Y así, al igual que se puede jugar al ajedrez con una máquina, una simple app se convierte en nuestro "jefe", que controla absolutamente nuestro trabajo, y obedece al algoritmo que simula las decisiones empresariales. Hasta el despido tiene otro nombre en la jerga de la plataforma, simplemente te desconectan, lo que significa que no puedes utilizar tu perfil en la plataforma. Todo muy tecnológico, como vemos. Se abre todo un mundo de posibilidades, que estaría muy bien si no fuera porque, como siempre, se continúa jugando en el terreno de la desigualdad. La expansión de la "compañía" ha sido enorme desde su creación, según informa su Consejera Delegada para España (que seguro que no cobra como los repartidores). En Deliveroo el fomento de la competitividad es feroz, la disputa por los turnos, la acumulación de puntos, el ser el más rápido...y también el más fiel a la empresa. Todo puntúa, todo vale para ser el primero. 

 

Las movilizaciones de los riders de Deliveroo comenzaron cuando la empresa comenzó a desdecirse de sus compromisos. Al principio se abonaba una cantidad por pedido a cada repartidor, asegurando siempre que habría dos pedidos por hora, y que se trabajaría un mínimo de 20 horas semanales. Cuando la empresa suprimió estos dos compromisos fue cuando comenzaron las huelgas, protestas y movilizaciones del personal, lo que ocurrió a partir de junio de 2017. Desde entonces acá ha habido varias sentencias de las Inspecciones de Trabajo y de los Tribunales de Valencia, Madrid y Barcelona, fallando en contra de la compañía, y reconociendo que los riders son, en realidad, falsos autónomos. En fin, creemos que hemos expuesto en estas dos últimas entregas una realidad laboral preocupante (pero desgraciadamente en expansión), en la cual la arquitectura de la desigualdad se alía con las Nuevas Tecnologías para que el papel y las decisiones empresariales sean tamizadas a través de una plataforma digital. No nos engañemos: las apps son únicamente, como ya afirmábamos en el artículo anterior, mero capitalismo digital. Hay que continuar luchando contra todos sus trucos, quizá el principal de los cuales sea presentarse como adalides de la "economía colaborativa", cuando en realidad disponen de los servicios y de los trabajadores a su antojo, tal como hace cualquier otra corporación física. La verdadera economía colaborativa se basa en el libre intercambio o compartición, de común interés por ambas partes, en igualdad de condiciones, de forma altruista y bajo un objetivo de bien común. Ninguno de estos valores son compartidos por estos nuevos modelos laborales de las plataformas digitales. Son, digámoslo claramente, otra nueva modalidad para seguir consagrando, expandiendo y difundiendo la arquitectura de la desigualdad laboral. Continuaremos en siguientes entregas.

 

http://rafaelsilva.over-blog.es/2018/09/arquitectura-de-la-desigualdad-110.html?utm_source=_ob_email&utm_medium=_ob_notification&utm_campaign=_ob_pushmail

Top