Arquitectura de la Desigualdad (111)

 

Viñeta: Lifeder

 

"Con la teorización de la abolición del trabajo asalariado no se pretende la abolición de las ideologías y la apología del individualismo liberal, sino, muy al contrario, el ataque a la raíz del propio sistema y la liberación de los trabajadores. ¿Por qué no abolir el trabajo asalariado para crear otro paradigma en que se dedique el tiempo y saber necesarios para la aportación social, y que no sea la base del enriquecimiento de los capitalistas y esclavitud de los trabajadores?"

Carlos G. Osto

 

Podemos unirnos a la expresión "Trabajador uberizado", creada por el investigador francés Andrè Lamarche (y expuesta en esta entrevista para el medio argentino Pagina 12 en un artículo de Javier Lewkowicz), que define a la perfección los nuevos rasgos laborales creados por estas plataformas digitales, imperantes en muchos nuevos modelos de negocio, nacidos al albur y al desarrollo de las nuevas tecnologías. Son modelos de negocio que buscan también desregular los modelos de negocio anteriores, amparados en una regulación pública, para poder competir con ellos, de tal manera que instan a los poderes públicos a desregular dichas actividades, a debilitar dichas restricciones organizativas, y a dejar hueco a la competencia privada a la que estos sectores aspiran. Mediante este proceso de "uberización" nos quieren hacer creer que sólo obedecen a los cambios tecnológicos, pero por debajo existe un fuerte componente de desregulación neoliberal. Existe una fuerte apuesta por reformar el poder del mercado, que es el poder del capital, contra el poder del trabajo. Y la tendencia de este proceso es hacia la expansión a otros ámbitos laborales, cuantos más mejor. En palabras de Andrè Lamarche: "Hay una transformación de lo que es una empresa. Hasta ahora, la empresa ha sido una unidad con trabajo, capital y un aparato de transformación, una gran construcción social. Y esta lógica de Uber es una gran reconstrucción a partir de una empresa que es un intermediario entre trabajadores autónomos. Tal vez el día de mañana suceda con las enfermeras en un hospital o con los profesores universitarios, que se transformarían en "emprendedores". Por tanto, la propia evolución del trabajo, pivotando sobre las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (las famosas TIC), se está convirtiendo en un asunto a abordar, si queremos llegar hasta las entrañas de esta arquitectura de la desigualdad laboral. 

 

En base a esto, se rumorea que los tiempos que se avecinan van a ser tiempos muy difíciles para el empleo, porque desaparecerán muchos puestos de trabajo, como consecuencia de los procesos de automatización y robotización, aplicados a multitud de tareas que ahora necesitan el concurso humano. Comienzan a surgir conceptos como "determinismo laboral tecnológico" o "parado tecnológico", que ligan la evolución y características del empleo a la propia evolución tecnológica de la sociedad. De hecho, buena parte de nuestras actividades han entrado directamente en la etapa de la robotización, y en la sustitución del trabajo humano por máquinas. Pero todo depende del tipo de civilización al que realmente aspiremos, porque aún poseemos multitud de necesidades humanas insatisfechas en el ámbito de los cuidados, donde existe un gran componente de trabajo humano insustituible. Ahora bien, si vamos hacia un tipo de producción de bienes automatizados, con demanda cada vez más escasa porque no hay ingresos, acabaremos en una sociedad de personal sobrante. Pero si pensamos que el trabajo humano no es una mercancía, como señala la Declaración de Filadelfia, que han suscrito los países más importantes del mundo (como siempre, salvo EE.UU.), entonces nos daremos cuenta de que existen muchos servicios personales, en los campos de la educación y la formación, la sanidad, la atención a la dependencia o la cultura, donde se necesitan muchas horas de trabajo, que tienen que ser retribuidas con el excedente que se cree en otras. No debemos perder de vista el situar siempre en la base de la pirámide a la política, es decir, a la voluntad política de emplear la tecnología (aplicada a cualquier campo) bajo criterios humanos, éticos y morales, en vez de abandonar la política en favor de una serie de avances científicos y tecnológicos, despojados de toda ética social. Las Nuevas Tecnologías siempre deben estar al servicio del ser humano, y no al contrario, y el mundo laboral no es una excepción a ello. 

 

A propósito de la publicación del libro "Inventar el futuro. Poscapitalismo y un mundo sin trabajo", la Revista Ctxt entrevistó a uno de sus autores, Nick Srninicek (el otro es Alex Williams), entrevista llevada a cabo por Álvaro Guzmán Bastida, y que vamos a tomar como referencia a continuación. Recomiendo a mis seguidores y seguidoras la lectura completa de dicha entrevista. De entrada, hemos de observar el doble discurso que se emite ante los avances tecnológicos: mientras aduladores reportajes nos cuentan las características de los últimos modelos de coches, de robots, de la casa del futuro y del "Internet de las cosas", otros artículos echan la culpa a los robots del descenso en la calidad de vida, y del desempleo y la miseria que vendrán. El pensamiento dominante repite que los avances tecnológicos amenazan con llevarse por delante puestos de trabajo, y lo presentan casi como un futuro inexorable. Para estos autores, lo que se presenta como crisis es, en realidad, una oportunidad. Las nuevas tecnologías ofrecen posibilidades nunca antes vistas para alcanzar metas emancipadoras. Pero lo que hace falta es un programa desde la izquierda que explote y democratice los beneficios de este progreso tecnológico que estamos propiciando. Y ello básicamente pasa por dos medidas esenciales, que nosotros venimos defendiendo: por un lado, la reducción y el reparto del trabajo. Por otro, la creación de una Renta Básica Universal (RBU). El capitalismo globalizado ha provocado, entre otras cosas, que perdamos la capacidad colectiva de siquiera imaginarnos un mundo mejor. Se ha esfumado la sensación de que las cosas pueden mejorar, porque la fuerza del pensamiento dominante ha barrido al resto de posibilidades. Son los efectos del deterioro de los movimientos sociales, del sindicalismo de la clase obrera, y de los últimos 40 años de neoliberalismo globalizado. Pero como decimos, hay que ver a la tecnología como una aliada, no como una enemiga. 

 

De entrada, se podría y debería automatizar todo un abanico de tareas y trabajos aburridos y sin sentido. Las máquinas lo harán mejor, en menos tiempo y sin equivocarse. Además, serán una inversión más rentable para la empresa, sea ésta pública o privada. Las computadoras no necesitan descansos, ni vacaciones, ni han de conciliar la vida laboral con la personal. Pero todo ello debe redundar en una reducción y reparto del trabajo, intentando acercarse al modelo de las 30 horas semanales, incluso 20, lo cual debe incidir en la rebaja de la tasa de desempleo. Otra buena aplicación de las tecnologías reside en el campo de la democracia participativa, pudiendo realizarse votaciones online, de forma sencilla, rápida y directa, lo cual debe redundar en proporcionar la voz al conjunto de la población, para que se pronuncie (con más frecuencia y para mayor número de temas) sobre los asuntos que les conciernen (para profundizar más en este asunto, los lectores y lectoras interesadas pueden consultar la serie de articulos titulada "Objetivo: Democracia" publicada en este mismo Blog). Bien, la consecuencia de toda esta ingente entrada de tecnología en las operaciones, controles, creaciones, tareas y trabajos humanos es una reducción del mismo, pero como decimos, esto no ha de verse como un inconveniente, por los dos siguientes motivos: por una parte, los trabajos humanos se irán especializando con el tiempo, y a medida que las tareas arduas, pesadas y repetitivas se van dejando a las máquinas, los seres humanos se dedicarán a tareas y trabajos de más alto nivel. Por otra parte, hemos de tender hacia un modelo de sociedad donde la tecnología nos libere del trabajo. Es decir, podríamos vivir en una sociedad en la que la gente no tuviera la necesidad imperiosa de trabajar para poder vivir. Tenemos la tecnología disponible para ello. Pero todavía funcionamos bajo los paradigmas mentales y sociales que exigen que la gente tenga que trabajar para sobrevivir. Los autores del texto de referencia aseguran que "Librarse de esas relaciones sociales debería ser el gran proyecto de la izquierda y es alcanzable en las próximas décadas". 

 

Y continúan explicándolo de la siguiente forma: "Tradicionalmente, esto hubiera supuesto grandes recortes en calidad de vida. Hoy tenemos la capacidad de mantener nuestro nivel de vida, reducir la huella ecológica y librarnos del trabajo asalariado. Lo más difícil no son las posibilidades materiales, sino construir la capacidad colectiva, especialmente bajo la presión devastadora a la que nos ha sometido el neoliberalismo". Hay que tener en cuenta que cuando estos autores hablan de "librarnos del trabajo asalariado" no están queriendo decir que deje de existir (que dejen de existir las empresas, ni los autónomos, ni los asalariados, ni los puestos de trabajo en sí), sino que deje de existir la concepción basada en el paradigma de que las personas hemos de sobrevivir a costa de nuestro trabajo asalariado, precisamente porque éste es uno de los paradigmas fundamentales donde descansa el capitalismo. Y cuando estos autores hablan en estos términos, están pensando en el mecanismo de la Renta Básica Universal (RBU, que desarrollaremos a fondo próximamente) para desligar el trabajo asalariado de nuestra fuente de ingresos. Pero insistamos en la idea: nuestro discurso no va contra el trabajo humano en sí mismo, que seguimos considerando una actividad creativa, inherente y enriquecedora para el ser humano. Pero sí vamos contra el concepto político, social y moral de que todas las personas tenemos que estar sujetas a un trabajo asalariado para poder vivir de él y dignificar nuestra existencia. Los trabajos asalariados seguirán existiendo, así como las empresas que los sustenten y organicen, pero el modelo social al que pretendemos llegar es aquél que no obliga a todo ser humano a volcar su existencia material en los ingresos proporcionados por uno (o varios) trabajo(s) asalariado(s). Queremos romper, necesitamos romper con esa dependencia funcional, que como hemos dicho, es parte del discurso histórico que se nos ha venido imponiendo, a mayor gloria del capitalismo globalizado. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Viñeta: Lifeder

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