Mis deseos para Gijón del alma

- Resulta chocante, que precisamente cuando más se necesita la reducción de la jornada laboral, esté tan olvidada


- Por algo Miren Etxezarreta dice que el sistema capitalista es un sistema fracasado

 

En mi anterior escrito, hablaba de la lucha contra la desmantelación industrial de Gijón y de algunos hitos que me parecían resaltables en esa pelea: La primera comisión obrera de España nació en mina la Camocha, el encierro de las trabajadoras  de IKE y de los astilleros, la creación de la Plataforma de Empresas en crisis, la huelga de la Construcción, la toma de una Magistratura de Trabajo y la oposición a los Pactos de la Moncloa.

 

Es decir, hablaba de aquella resistencia ejemplar, de su inestimable experiencia, del pasado. Ahora nos toca hablar del futuro.

 

Gijón está en el mundo, pero no es su ombligo, ni Asturias, ni España, ni siquiera Europa. Los problemas fundamentales de la sociedad y de la clase trabajadora solo podrán solucionarse internacionalmente. Las fronteras solo “existen” para controlar la emigración y fomentar la discriminación y el enfrentamiento de unos trabajadores con otros. Pero el capital financiero, se mueve sin cortapisa alguna, como dueño por su casa.

 

El sistema capitalista, en su accidentado y violento desarrollo, nos trajo hasta aquí. Hoy nos encontramos con problemas de tal envergadura que ya no tienen solución, dentro del mismo: cambio climático, hambre, guerras de rapiña, amenaza de una tercera guerra mundial, emigración forzada por el hambre y las guerras, desigualdad, violencia y desigualdad de género, desempleo, etc. Es decir, la lucha por mejorar o solucionar dichos problemas será forzosamente internacional.

 

 Ya existe una honda preocupación por el cambio climático, así como un incipiente y esperanzador movimiento ciudadano a nivel mundial. Solo éste podrá salvar el planeta. Pues lo único que hacen las instituciones internacionales y los gobiernos, con este tema, es demagogia y, con algún pretexto, seguir inyectando millones de dinero público a los grandes bancos y a las empresas multinacionales.

 

También es muy importante el movimiento feminista, que crece cada año  y se extiende por todo el mundo.

 

Pero los demás problemas señalados (el hambre, las guerras y el desempleo), son ignorados, como si no existieran.

 

El desempleo es endémico en el sistema capitalista. Además, en sus irremediables crisis económicas se incrementa enormemente. Por otro lado, el acelerado empleo de las nuevas tecnologías es una amenaza innegable para empleo, aunque haya algunos “primos” de Rajoy negándolo a pies juntitos. De él se derivan las relaciones labores en precario que padecemos, pues nadie las “aceptaría” si pudiera encontrar empleo fácilmente: También la enorme pérdida en derechos sociales: Seguridad Social, sanidad y enseñanza pública, atención pública a nuestros mayores, etc., etc. El estrés, el desosiego, la incertidumbre, y la impotencia, tan palpables en las sociedades “desarrolladas”, tampoco se escapan de esas consecuencias. Es decir, la solución a todos estos problemas dependerá de la que demos al desempleo.

 

Hay mucha gente que parten de que esta situación es irremediable e intentan buscar paliativos a la grave situación social, presente y futura, con subsidios o la Renta Básica Universal, por ejemplo. Parece como si no hubiese más salidas que la que nos impone el capitalismo, como si la lucha de clases hubiese desaparecido y que a la clase obrera no le quedase otra salida que aguantar lo que le echen y contentarse, en todo caso, con las migajas subsidiarias. (Mientras, en la India se sigue batiendo record de huelguistas. En la huelga general de Enero de este año, hubo más de 200 millones)

 

La clase trabajadora dio muestras de que es capaz de hacer lo que parecía imposible. Su lucha solidaria, por las conquistas sociales y de libertad está en su ADN. Ésta, en su desarrollo histórico, pasa por períodos álgidos, pero también de estancamientos o retrocesos. Es posible que sean estos dos último la causa de cierto desánimo.

 

De todas formas, resulta chocante, que precisamente cuando más se necesita la reducción de la jornada laboral (reivindicación constante y permanente, hasta no hace mucho, en la historia del movimiento obrero), esté tan olvidada. Keynes nos señalaba que a principios de este siglo trabajar 15 horas a la semana serían suficiente para cubrir las necesidades de la sociedad. Resulta que trabajamos más de cuarenta horas y cientos de millones de personas se mueren de hambre. ¿Cómo es posible?.

 

Por algo Miren Etxezarreta dice que el sistema capitalista es un sistema fracasado.

 

La reducción significativa de la jornada laboral (sobre las 25 horas semanales) es la única medida que puede reducir o eliminar el desempleo. Lo demás son parches, como si quisiéramos curar un cáncer con aspirinas. La clase trabajadora, romperá con su “letargo” y se pondrá  en marcha hacia esa inaplazable conquista, como en las dos veces anteriores, la de 48 y la de 40 horas semanales. ¿Por qué no otra vez? ¿Por qué no la tercera? Con ello no acabaremos con el sistema capitalista, pero seremos menos esclavos. Las experiencias anteriores nos señalan que es posible. Así que, a por ella.

 

Esa batalla empezará por algún sitio. Lo que espero y deseo es que sea la clase trabajadora de Gijón  quien la inicie.

 

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