Un Primero de Mayo confinados

Militarización del Comité Técnico del coronavirus y, también, de la rueda de prensa.

 

Confinados y para seguir, así comenzamos el 1º de mayo, y con una caída del 5,2% del PIB en el primer trimestre de este año. Todo indica que es debido, más o menos, al parón de la segunda quincena de marzo, fecha en que comenzó el confinamiento. A 5 puntos por quincena, fácil es hacer números de lo que todavía queda y hasta dónde puede llegar.

Si la economía ya apunta a la debacle, más lo será para multitud de parados, nuevos parados y precarios en general. Sí, celebramos -es un decir- un primero de mayo, pero no sabemos cuándo terminará esta celebración. Las cosas estaban mal, y a peor, a mucho peor se están poniendo y más y más que se van a poner. No se ve medida alguna que no sea más de lo mismo. Más de un sistema que si ya estaba a punto de reventar, bastó un virus para que el mundo entero se desplomara.

No se están ofreciendo más medidas que las que pueden propiciar el sistema, un sistema financiero -privado por supuesto- que hará negocio con la crisis, ya lo está haciendo. Las medidas de ayuda que el Gobierno progresista ha programado no están yendo más allá del aplazamiento de pagos -pagos que mañana habrá que efectuar- y créditos de la banca privada, la que hay, no otra.

Sí, un sistema financiero privado para las ganancias, pero público para las pérdidas. Basta con recordar el 2008 y los 60 mil millones que volaron y los cientos de miles de millones que siguen volando, solo para pagar los intereses de la deuda pública que no deja de crecer. Todo porque los patriotas han vendido el alma y las entrañas al Banco Central Europeo y a la (in)solidaria Unión Europea, es decir a la mafia financiera organizada que es la que nos gobierna.

Nadie sabe qué va a pasar. La crisis que se están cociendo con tanto confinamiento amenaza con una pandemia de pobreza y de precariedad tremenda. Y no se ven soluciones, no se dan soluciones. Llevamos mes y medio mareados con tantas ruedas de prensa de los responsables del virus en la que hoy dicen una cosa y mañana o la repiten o dicen la contraria, siempre con las mismas historias. Lo que está muy claro es la militarización del orden público, y lo malo, es que parece que ha venido para quedarse. En esto sí parece que hay previsiones bien hechas, miran a lo que pueda pasar después de, sí, después de la epidemia, cuando la gente vuelva al trabajo que no hay, ni pinta de que haya. ¿Habrá manifestaciones, movilizaciones, reivindicaciones, ...? ¿Podrá haberlas? No se sabe, sí se sabe que intentarán impedirlas.

Queda por ver cómo se resolverán los primeros de mayo que comenzarán justo el dos de mayo, seguirán el tres, y continuarán cada día que pase para tantos y tantos encerrados en su ruina, en la miseria, dentro de una sociedad cada vez más opulenta para algunos. La crisis anterior se saldó con una mayor brecha social, con pobres cada vez más pobres y con ricos cada vez más ricos, y esta, una crisis infinitamente mayor, se saldará del mismo modo, es decir, con peores resultados todavía.

Y así algunas cosas comienzan a esclarecerse, no hay tanta negligencia como parece. La lucha contra la epidemia se ha centrado en el confinamiento y en el control de la gente, no en la lucha directa contra el virus. De modo que la falta de medios, la falta de EPIs de protección para ciudadanos y, sobre todo, para el personal sanitario, se ha suplido con el confinamiento, algo que tiene mucho que ver con el recorte de libertades para que nos vayamos acostumbrando. El resultado deseado ha sido el adoctrinamiento de los ciudadanos, esto era y es lo prioritario. No tiene otra explicación, y menos la tiene el cierre y confinamiento de laboratorios con equipos, con máquinas y especialistas capaces de realizar test masivos para detectar a los infectados y, sobre todo, a los asintomáticos, sin olvidar los test preventivos a cualquiera que haya de trabajar o de estar en contacto cercano con otras personas a las que puede infectar. La política seguida y premeditada ha sido presionar a los ciudadadanos con medidas cohercitivas y no luchar contra el virus en su terreno con equipos de protección y con test con los que poder cortar los contagios.

La pandemia está ahí, pero después o al mismo tiempo amenaza otra pandemia no menos dura, el desplome de la economía y con ello el paro y la precariedad generalizada. La respuesta esperada es y será la militarización de los problemas laborales, se les ve venir.

Foto: informativos de la rtve

 

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