Arquitectura de la Desigualdad (97)

Viñeta: Malagón

 

"Las empresas transnacionales representan la síntesis más perfecta, la expresión más desarrollada, de capitalismo monopolista en la fase de su crisis general. Por tanto, las empresas trasnacionales son las portadoras internacionales de todas las leyes que rigen el modo de producción capitalista en su fase imperialista actual, de todas sus contradicciones, y son el mecanismo más eficiente con que cuenta el imperialismo para el desarrollo e intensificación del proceso de supeditación del trabajo al capital, a escala mundial"

Fidel Castro

 

Los paradigmas del comportamiento empresarial, los modos y maneras, estrategias y argucias legales que las empresas ponen en marcha representan por tanto uno de los grandes puntales donde descansa la arquitectura de la desigualdad. Lo venimos contando. El saqueo empresarial, las mermas laborales, la pérdida de derechos, las cadenas de subcontratación, las deslocalizaciones, los recortes de plantilla, los cierres de oficinas y sucursales...y todo ello mientras se aumentan los beneficios, y se reparte todo entre los accionistas. Y todo esto sin contar con las perversas prácticas de extractivismo, contaminación, emisiones de gases, uso de plásticos, fabricación de elementos químicos y otras prácticas que deterioran el medio ambiente. Y mientras, como decimos, la precariedad viene instalándose, sin prisa pero sin pausa, desde la década de los años 90 del siglo pasado, en todo el tejido laboral de nuestro país. El objetivo final, como muy bien indica Antonio Maestre en este artículo para el medio La Marea, es debilitar al máximo la fuerza del trabajo. Instalar la incertidumbre laboral, destruir la fuerza colectiva de los trabajadores, eliminar todas las garantías laborales y acosar todos los derechos de la clase trabajadora, son hoy día la moneda corriente de cambio, cuando de relaciones laborales se trata. La estabilidad, el salario, la protección social...todos los factores que antes garantizaban unas relaciones laborales decentes, han sido aniquilados. Por su parte, la inclusión de la temporalidad ha llegado a su cénit con el uso de las llamadas "Empresas de Trabajo Temporal" (ETT), que desde la Reforma Laboral de 2012 han adquirido un control y un protagonismo especiales en el proceso de búsqueda de empleo. 

 

Pero como nos recuerda Antonio Maestre en el artículo de referencia, hasta la Reforma Laboral del PSOE de 1994, suprimir la estabilidad laboral de un trabajador o trabajadora constituía un delito. Maestre añade: "Un tipo penal que los "socialistas" se encargaron de finiquitar para poder crear las Empresas de Trabajo Temporal y establecer así que la estabilidad laboral sería un privilegio al alcance de unos pocos" (las comillas son nuestras). Y como la colonización mental juega un papel tan importante para asumir los nuevos postulados empresariales como algo natural y justificado, se vienen encargando desde entonces de que comprendamos que lo normal es la inestabilidad, la precariedad, la incertidumbre vital. Montserrat Avilés, histórica abogada laboralista, definió de forma sucinta lo que suponían las ETT: "Son las antiguas empresas de prestamismo laboral legalizadas. Contribuyen, sin duda, a la precarización del mercado de trabajo". Como hemos indicado, una de las clásicas funciones encargadas a las Administraciones Públicas de Empleo era la relativa a la búsqueda de trabajo para las personas desempleadas, labor que fue retirada a partir de la Reforma Laboral de 2012, y encargada a las ETT, evidentemente privadas. ¿Y quién fue en nuestro país la principal impulsora de las ETT? Los lectores y lectoras que hayan intuido que fue la gran patronal (CEOE) han acertado. ¿Cuál fue el siguiente paso? Pues que incluso algunas grandes empresas (caso de Eulen, por ejemplo) crearon su propia ETT para abaratar las condiciones laborales, librarse de tener que aplicar el salario fijado en Convenio Colectivo, y poder subcontratar con precios más bajos. Al final, por tanto, las ETT no son más que un instrumento para conseguir empleo más barato e inestable, es decir, empleo indigno. 

 

Pero aún tenemos una función más en el proceso de debilitamiento de la fuerza laboral. Un elemento como ningún otro. Decíamos más arriba que también se ataca a la propia organización colectiva de la clase trabajadora, es decir, se ataca su unión, su fuerza y su conciencia obrera. Se persigue su disgregación, su debilitamiento, su desunión, su aislamiento, su atomización, su indefensión. ¿Cómo? A través, entre otros factores, de la propia incertidumbre laboral. Antonio Maestre lo ha explicado en los siguientes términos: "Las ETT son una pieza más en el engranaje estructural que busca atomizar la fuerza de los trabajadores y destruir todas las redes de solidaridad y organización sindical y laboral. Así, cada trabajador será un solo individuo aislado sin fuerza alguna para exigir mejoras de sus condiciones laborales". Antes, hace décadas (incluso siglos), la conciencia obrera de los colectivos trabajadores era enorme. Cada sector laboral constituía un frente de lucha obrera con total unión, solidaridad y decisión. Se tenía plena conciencia de que es precisamente la unión la que hace la fuerza. Y se ponía en práctica si se necesitaba. Luchaban con el pleno conocimiento de que un sólo despido suponía el paro indefinido y sin concesiones de sus compañeros, hasta la readmisión. Hoy día, mediante toda la arquitectura para la desigualdad laboral proyectada, la fuerza de dichos colectivos obreros se ha visto minada y la inestabilidad laboral estructural ha desintegrado completamente las redes de organización obrera que permitían exigir derechos con una fuerza arrolladora sobre el capital. Para revertir esta arquitectura de la desigualdad hay que poner fuertemente en cuestión los paradigmas del pensamiento dominante, recuperando la conciencia obrera y volviendo a conquistar objetivos que ya se creían alcanzados, pero que han sido objeto de acoso y derribo por parte del capital, aprovechando la última crisis.

 

Es preciso, por tanto, en esa línea, combatir el individualismo, abandonar la competencia y reinstaurar en la conciencia colectiva que la lucha obrera es una realidad que vivimos día a día, por más difusos y extravagantes que sean los modelos de negocio que podamos observar. En este artículo publicado para el medio El Salmón Contracorriente, la Red de Colectivos Autogestionados afirma lo siguiente: "Uno de los grandes logros propagandísticos del capitalismo es haber esparcido con éxito el bulo de la abolición de la esclavitud. La esclavitud es una forma clásica de explotación laboral que en su desenvolvimiento histórico estrictamente económico ha adoptado la forma optimizada de trabajo asalariado, una esclavitud a tiempo parcial mucho más rentable para el amo (o señor o empresario) porque el esclavo (o siervo o empleado) pasa a hacerse cargo de su propia manutención y la de su familia. En las fases más sofisticadas del capitalismo, un nuevo tipo de esclavo llamado "autónomo dependiente" tiene que correr incluso con los costes del medio de producción (por ejemplo, mantenimiento del vehículo, combustible, seguros, etc.)". La clásica figura del autónomo se ha pervertido, se ha transfigurado, se ha deformado hasta pasar a definir, en una gran parte de las ocasiones, a personas que antes dependían de una empresa como asalariados/as, pero que a partir de un momento determinado, dicha empresa le planteó la papeleta al empleado/a en cuestión: debía abandonar la plantilla de la misma, pero continuaría trabajando para ella en forma de autónomo, lo que significaba que entraba a cotizar en otro Régimen de la Seguridad Social (más perjudicial para los/as trabajadores/as), y además aumentaría los gastos derivados de sus actividades, y la inestabilidad laboral. Son los llamados "falsos autónomos", una figura laboral engañosa y lamentable, creada ad hoc para que las empresas puedan desprenderse de ciertos gastos laborales y sus respectivas cotizaciones sociales, a costa de precarizar aún más la vida laboral de la gente. 

 

Bien, para finalizar esta entrega, veamos entonces cómo es posible que aún hoy nos continúen informando sobre estadísticas "positivas" de empleo, es decir, de la creación de nuevos puestos de trabajo. Todo obedece a una simple pero preocupante manipulación. Retomemos lo que hemos indicado en entregas anteriores, y seremos capaces de entenderlo perfectamente. Para una Empresa E determinada, con un número N de trabajadores en plantilla, con carácter estable y con derechos, el trabajo disponible se va a trocear. Esto significa lo siguiente: de entrada, un número D de trabajadores despedidos (mediante ERE, planes de jubilación anticipada, etc.) se irán a la calle. Son personas que engrosarán las listas del paro, pero hemos de ver la cantidad absoluta de cara a las estadísticas, es decir, la resta de las que se van más la suma de las que llegan, durante un período de tiempo. Pues bien, cuando la Empresa E se ha desprendido del número D de trabajadores/as (su plantilla es ahora N - D), el trabajo anterior ha de seguir desempeñándose. Entonces, lo que hace es volver a contratar progresivamente un número similar al de personas despedidas D, son los nuevos contratados precarios P. Pero para que la estadística del paro resulte positiva, P debería ser mayor que D. Lo que hace en realidad la Empresa E es contratar directamente y a través de sus empresas subcontratadas S, una cifra que en cómputo total es mayor que la las personas despedidas inicialmente. De esta forma, la estadística laboral nos podrá decir, por ejemplo: 80.000 nuevos contratos. La realidad es que esas 80.000 personas no están haciendo nuevos trabajos, no se están creando puestos de trabajo nuevos, y por tanto no está creciendo la producción y la riqueza (sólo para los propietarios y accionistas), simplemente se está reconvirtiendo el mercado, una peligrosa, retrógrada e injusta reconversión, que se salda en la destrucción del empleo digno y con derechos, y la sustitución por empleo precario. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Viñeta: Malagón

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