Mirada geopolítica desde Venezuela el 23 de enero 2019

La farsa, repetitiva y fastidiosa, como cínica y cruel, montada por Estados Unidos y sus marionetas criollas, que vocifera mitos de la “democracia representativa” como la separación de poderes, se cae a pedazos cuando el personajillo de marras se autoproclama “presidente” de gobierno

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I

Este mundo anda todo enredado. Y no es por culpa de la “luna de sangre” ni por el eclipse de luna. Es por la crisis capitalista que como tsunami emerge de las entrañas de la lucha global por la apropiación de las ganancias y el consecuente recrudecimiento de la lucha de clases, tanto la clásica entre el pueblo trabajador y las corporaciones, como la extraordinaria entre diferentes sectores del capital. Estas últimas, en la etapa imperialista decadente que vivimos, pueden arrastrarnos a escenarios bélicos que pondrían a la humanidad en el umbral de su desaparición.

 

El despelote es tanto, que hasta los lores ingleses han faltado al té vespertino, mareados por los vaivenes del tal “brexit”; mientras la glamorosa París arde en protestas proletarias trajeadas de amarillo, como tratando de bajar al sol en la ensombrecida “ciudad luz”. Porque peor que un Macri puede ser un Macron.

 

Trump con la administración pública paralizada, al tiempo que le cocinan una probable destitución. En Madrid, gobiernos desechables caen como juego de naipes, y el presidente de turno –para desperezarse- llama “Bolsonaros” a sus oponentes derechistas. La verdad, no hacía falta apelar a un “sudaca” para graficar al franquismo.

 

Al oriente, allá en las lejuras del sol naciente, el gran competidor teje con seda la joya de un mercado que guardan dragones de aceros afilados y pólvoras milenarias. También las balalaikas suenan polcas con aroma a vodka en la anchura de un mundo que parece estirarse para evitar ser pisado por la bota mercenaria del Tío Sam.

 

Miro todo eso desde Venezuela y, contrastando con la matriz mediática impuesta, siento que estoy en el centro del Universo, aunque sé que es en Davos donde el poder fáctico bate el cobre.

 

II

En la región, las múltiples problemáticas tienden a agravarse sin recibir respuestas concretas de los gobiernos, con la excusa (inexcusable) de estar dedicados a inmiscuirse en “Venezuela”. Pasemos revista.

 

Colombia. El gobierno, siempre siguiendo los pasos del patrón gringo, está paralizado. El señor Duque ha cumplido con una sola de sus consignas electorales: hizo trizas la paz. Los más de quinientos asesinatos de líderes sociales le son indiferentes. El paramilitarismo mutante se enseñorea ante la complicidad (¿o debería decir coautoría?) del Estado. El pueblo humilde, incluidos los agentes policiales y militares, terminan siendo las víctimas de un sistema opresor dedicado a complacer oligarquías. Una sociedad criminal dominante, entre envenenamientos y narcotráfico, sumisa al imperialismo y agresiva con sus ciudadanos y vecinos. Así es la sub doctrina Santander.

 

Ecuador. País hermano muy querido por Venezuela, hoy dirigido, en mala hora, por un maligno espíritu destructor. Un “Caballo de Troya”, agente de Estados Unidos infiltrado que se valió del éxito de Rafael Correa para ascender al poder. En pocas semanas, destruyó la Revolución Ciudadana, al partido Alianza País, retrogradó al pueblo ecuatoriano a etapas de inestabilidad y pobreza que eran cosa superada, entregó las instituciones a los grupos económicos corruptos y la derecha. Para rematar, ha incurrido en violaciones graves de los derechos humanos, entrega de la soberanía y en el delito de lesa humanidad calificado como xenofobia, específicamente contra Venezuela. En política el verbo más desgraciado y peligroso es el verbo escoger.

 

Perú. País donde la oligarquía sembró históricamente un odio antibolivariano basado en falsedades, hoy gobernado por el vice de un corrupto confeso que se declaró ser “perrito que mueve la colita” al amo gringo. Nostalgias del virreinato de la corrupción y la ignominia.

 

Panamá. Lavandería gigante de dineros ensangrentados. Patria mancillada por la bota yanqui con políticos que se las besan. País de papel: Panamá papers.

 

Honduras. Base militar de EEUU para todas las canalladas. Su democracia secuestrada desde el golpe de Estado contra Zelaya. Sus ciudadanos van en marcha de pobres al norte donde son despreciados.

 

Brasil. Tumbaron a Dilma, encarcelaron a Lula y crearon las condiciones para imponer un fascista. Represión y pérdida de derechos es la marca de esta etapa tenebrosa que será volteada por las fuerzas democráticas progresistas del Brasil profundo.

 

Guyana. Un gobierno hostil se ha empeñado en violar la soberanía venezolana aliado con la transnacional Exxon Movil. El pueblo guyanés es nuestro amigo y Venezuela siempre ha promovido el diálogo para dirimir las diferencias territoriales. Prestarse a la “Operación Tenaza” y a las patrañas del “Cartel de Lima”, no ayudará a ese país vecino como lo ha hecho solidariamente la Revolución Bolivariana. Habrá cambios pronto.

 

Paraguay. Luego de tumbar a Lugo, engendros de la dictadura de Stroessner forzaron la salida de facto de Venezuela en Mercosur y se sumaron muy activos a la Mafia de Lima, para evadir el pago de millones de dólares que nos adeudan. Maulas, represores y cipayos gobiernan la patria del gran Francisco Solano López.

 

El plan de restauración neoliberal ha tenido éxito –por ahora- y el discurso de su vocería lacaya ha tratado de reinstaurar el culto al pasado colonial y el presente imperialista.

 

Pero la fuerza de la historia no cesa de parir dignidad. El México de López Obrador nos ilusiona.

 

III

Todo cuanto la derecha venezolana y sus tutores foráneos han hecho en los días previos y posteriores a este 23 de enero de 2019 es inconstitucional y violatorio del Derecho Internacional.

 

En la República Bolivariana de Venezuela existe un gobierno legítimamente constituido que emana de la intransferible soberanía popular (Art. 5° de la CRBV) y otras instituciones de Estado previstas en la Carta Magna de 1999 que prevé cinco poderes, a saber: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Ciudadano (Moral) y Electoral, cada uno con sus competencias exclusivas y concurrentes, pero obligados a la corresponsabilidad y la cooperación entre sí.

 

Y, por encima de todos, el Poder Constituyente, que es el pueblo movilizado en defensa de la autodeterminación y el Estado de Derecho y de Justicia que se viabiliza a través de la Democracia Participativa y Protagónica. Esta ecuación republicana, está en plena construcción y es a lo que apuntan con perversa vocación destructiva, los enemigos del Proyecto Bolivariano.

 

La farsa, repetitiva y fastidiosa, como cínica y cruel, montada por Estados Unidos y sus marionetas criollas, que vocifera mitos de la “democracia representativa” como la separación de poderes, se cae a pedazos cuando el personajillo de marras, el nuevo Pedro Carmona, se autoproclama “presidente” de gobierno mientras se supone que ocupa desde el 5 de enero la presidencia del Poder Legislativo (actualmente en írrita situación por confrontación con decisiones del Poder Judicial).

 

Estos parlamentarios escasos de saber y de parlamento, incursos en el pleonasmo de ser reincidentes de la necedad, se han pasado por el fondillo hasta la técnica legislativa y el Reglamento que regula sus funciones. A la orden de Trump o de Pence o del primer gringo que salte a fanfarronear; o también de los “perritos” mueve la cola del Club de Lima, sin proceder a debates en comisiones y elaboración de informes, sin reunir siquiera el quórum de ley, se lanzan al fango en una especie de éxtasis megalómano. Una vergüenza.

 

IV

Conclusión. El Proyecto Bolivariano no ha tenido un momento de respiro desde 1999. Ni en la bonanza que alcanzó para irradiar solidaridad a esos países hoy gobernados por enemigos de los pueblos. Estamos claros que nuestra grave crisis económica es el mayor reto, complicado de resolver en paralelo a la defensa irrenunciable de nuestra independencia amenazada por los imperialismos. Más, no tenemos intenciones de renunciar a la más hermosa herencia, la mayor riqueza que nos legaron nuestros ancestros originarios y la generación fundadora de la república: la dignidad bolivariana.

 

Yldefonso Finol

Constituyente de 1999

https://www.alainet.org/es/articulo/197807
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