El abolicionismo feminista como coartada para la legalización de la prostitución

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Son muchos los grupos feministas que hoy claman por la abolición de la prostitución, y para ello, la mayoría de estos grupos, al menos los más mediáticos, han decidido utilizar una misma estrategia: la criminalización de las personas que recurren a ella y la victimización de la prostituta. Esta estrategia es tan o más reaccionaria que tratar de abolir la prostitución persiguiendo a las prostitutas, como se hacía hace tiempo, y por lo tanto, sólo puede tener el mismo resultado: la pervivencia de la prostitución, o, incluso, su legalización definitiva como explicaré a continuación.

Mientras la perspectiva clásica situaba la culpa del problema en las mujeres prostitutas, el feminismo moderno lo hace en los hombres que recurren a ellas. Ambas perspectivas son erróneas, pues depositan la responsabilidad en el individuo, obviando por completo el contexto social en el que se desenvuelve dicho individuo y, por lo tanto, la influencia que, sobre éste, ejerce aquél. Es decir, se trata de un análisis del problema totalmente idealista y completamente acientífico.

Perseguir a las prostitutas no tenía como objetivo solucionar el problema, sino tan sólo esconderlo en una sociedad profundamente puritana. En las actuales sociedades laicas y liberales, ya no es necesario esconder la prostitución, y el objetivo que se busca es regularizarla y convertirla en un negocio libre, de tal modo que no sólo sean unos pocos proxenetas quienes consigan beneficios económicos, sino un mayor número de individuos, convirtiendo así la prostitución en una industria altamente rentable para el capitalismo. Se trata de hacer lo mismo que se ha hecho con el tema de las apuestas, independientemente de las nefastas consecuencias que éstas actividades puedan tener sobre los individuos.

En este sentido, la criminalización de las personas que recurren a las prostitutas y la victimización de éstas, tal y como hacen los grupos feministas que hoy dicen clamar por la abolición de la prostitución, es ideal para tal fin.

En el actual clima de victimización de la mujer mediante la criminalización de la masculinidad, resulta fácil criminalizar a aquellas personas que recurren a la prostitución, pues en su inmensa mayoría son hombres, pasando por alto las diferentes circunstancias que les impulsan a ello, entre ellas, la desestructuración humana a la que nos aboca el capitalismo y que conduce a muchos a una adicción a la prostitución como una forma de escapismo, lo que acaba teniendo unas consecuencias no muy diferentes a las de recurrir al juego o a las drogas. La criminalización exclusivamente del "cliente" es ideal para blanquear y naturalizar la "práctica profesional" de la prostitución, lo que a su vez será muy útil para justificar una futura intervención estatal que acabe legalizándola con la excusa de mejorar la seguridad de quienes se dedican a ella, que en su inmensa mayoría son mujeres [1].


La legalización de la prostitución tendrá como consecuencia la misma que ha tenido la legalización total de las apuestas y juegos de azar: un aumento de este nuevo "mercado". Una vez legalizada, el capitalismo no dudará lo más mínimo en publicitar y promover masivamente este nuevo negocio con el fin de que el número de profesionales y clientes aumente de forma significativa, tal y como ya ocurre con otra actividad igual de degradante, tanto para los "profesionales" (mujeres y hombres) como para los "clientes" (mujeres y hombres), como es la pornografía. Esto naturalizará una miserable práctica profesional que se basa en explotar los más bajos instintos del ser humano para hacer dinero, como ya se hace con los juegos de azar, contribuyendo con ello a deshumanizar aún más a la población de las sociedades capitalistas y sentando las bases para la futura legalización de prácticas aún más perniciosas, como la legalización del consumo de estupefacientes.

La manera de abolir definitivamente la prostitución no será nunca persiguiendo a las prostitutas, como hacía antiguamente el puritanismo, o, como propone hoy el feminismo, persiguiendo a los hombres que recurren a ellas, sino destruyendo el capitalismo, pues éste, al mercantilizar absolutamente todos los aspectos de la vida, deshumaniza las relaciones humanas, favoreciendo así la aparición de fenómenos como la prostitución. Mientras no se abola el capitalismo, el cuerpo humano seguirá siendo visto como una simple mercancía, susceptible de ser vendida o comprada como un mero objeto; con lo que no sólo no desaparecerá la prostitución, sino que la voracidad capitalista hará todo lo posible por regularizar ésta y otras actividades similares si eso le permite extraer cuantiosas ganancias (otro ejemplo muy similar es la conocida como gestación subrogada). Tratar de abolir las consecuencias sin abolir primero las causas, como hizo en su día el abolicionismo puritano o como hace hoy el abolicionismo feminista, es la mejor forma de perpetuar un problema, o incluso de empeorarlo, como ocurriría en el caso de legalizar la prostitución, pues el número de profesionales y de clientes aumentaría de forma significativa. En las actuales sociedades laicas y capitalistas, el revuelo armado por los abolicionistas feministas será utilizado por los liberales como la coartada perfecta para regularizar la prostitución con la excusa de la seguridad y el derecho a la libre empresa, pues, debido al espíritu puramente economicista que reina tanto en feministas como liberales, la degradación humana a la que conduce la prostitución (tanto a profesionales como a clientes) es lo de menos, por lo que no les acabará resultando difícil llegar a acuerdos que satisfagan a ambas partes.
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[1] La estrategia de usar el discurso abolicionista como estrategia para justificar la futuro legalización de la prostitución, se pone de manifiesto al observar como, a pesar de la línea general abolicionista del PSOE y Podemos, muchos de sus principales altos cargos se muestran partidarios de la regularización:
La actual Secretaria de Estado de Empleo del gobierno del PSOE (partido abanderado del feminismo en España), Yolanda Valdeolivas, se ha mostrado una firme partidaria de la legalización de la prostitución, poniendo como excusa la seguridad de las prostitutas
https://m.publico.es/politica/2058114/la-secretaria-de-estado-de-empleo-a-favor-de-legalizar-la-prostitucion-es-una-actividad-mercantil
Del mismo modo, Ada Colau, alcaldesa de Barcelona por Podemos (cuyo feminismo es aún más radical que el del PSOE), se ha manifestado en repetidas ocasiones a favor de la legalización de la prostitución
https://www.lasexta.com/programas/al-rojo-vivo/entrevistas/colau-apoya-el-sindicato-de-prostitutas-la-prostitucion-es-legal-porque-no-es-ilegal-es-una-hipocresia-lo-de-sanchez_201809035b8d28770cf2be22cab5a422.html

 

https://criticamarxistadelfeminismo.blogspot.com/2019/01/el-abolicionismo-feminista-como.html

http://asturbulla.org/index.php/politica/neoliberalismo/38747-el-abolicionismo-feminista-como-coartada-para-la-legalizacion-de-la-prostitucion