Sudáfrica: el sueño de Mandela se desvanece

Para los jóvenes negros, las cosas han empeorado, la corrupción en el gobierno y en el partido mayoritario es moneda corriente

Mandela pasó 27 años como preso político, y la gente libró una larga batalla para derrocar un régimen respaldado durante décadas por las potencias imperialistas, Estados Unidos y Gran Bretaña.

Sudáfrica acaba de celebrar sus elecciones generales, 25 años después del fin del apartheid y seis años desde la muerte de Nelson Mandela. En esos 25 años, las aspiraciones y las esperanzas de la mayoría de los sudafricanos negros (el 90% de los 58 millones de sudafricanos) y, para el caso, de muchos sudafricanos blancos, se han convertido en frustración. En esos 25 años, la mayoría no ha visto ninguna mejora significativa en su nivel de vida, educación, salud y servicios públicos. De hecho, para muchos, sobre todo para los jóvenes negros, las cosas han empeorado. La desigualdad de ingresos, riqueza y acceso a la tierra es extrema; la corrupción en el gobierno y en el partido mayoritario, el Congreso Nacional Africano (ANC), es moneda corriente.

La muerte de Nelson Mandela en 2013 fue un recordatorio de la gran victoria que las masas negras de Sudáfrica lograron contra el cruel y reaccionario sistema del apartheid, originariamente alentado por el imperialismo británico y luego adoptado por la clase dominante blanca sudafricana, reaccionaria y racista, para preservar sus privilegios de pequeña minoría. Mandela pasó 27 años como preso político, y la gente a la que representaba libró una larga y dura batalla para derrocar un régimen grotesco, que fue respaldado durante décadas por las grandes potencias imperialistas, incluyendo los Estados Unidos y Gran Bretaña.

Pero el fin del apartheid en la década de 1990 también se debió a un cambio de actitud de la clase dominante blanca en Sudáfrica y las clases dominantes de los principales estados capitalistas. Fue una decisión muy pensada de dejar de considerar a Mandela un terrorista y reconocer que era inevitable, e incluso necesario, la elección de un presidente negro.

En aquella época, a finales de 1980 y principios de 1990, la economía capitalista de Sudáfrica estaba arruinada. No sólo a causa del boicot global de sus exportaciones, pero también a que la productividad del trabajo negro en las minas y las fábricas había caído en buena medida. La calidad de las inversiones en la industria y la disponibilidad de la inversión exterior había caído en picado. Su expresión en la rentabilidad del capital fue caer a su mínimo tras la posguerra en la recesión mundial de la década de 1980. A diferencia de otras economías capitalistas, la de la Sudáfrica del apartheid no encontró la manera de salir de su crisis a través de una mayor explotación de la fuerza de trabajo negro.

La clase dominante tuvo que cambiar de estrategia. El gobierno bajo FW de Klerk revirtió décadas de política anterior, optó por liberar a Mandela y permitir un gobierno mayoritario negro que pudiese restablecer la disciplina en el trabajo y recuperar la rentabilidad del capital. Por sus esfuerzos, de Klerk compartió el Premio Nobel de la Paz con Mandela, que fue elegido presidente a la edad de setenta y seis años. Y la rentabilidad aumentó de manera espectacular bajo la primera administración de Mandela en la medida en que la inversión extranjera se multiplicó y la tasa de explotación de la fuerza de trabajo se disparó.

Como uno de los llamados BRIC, la economía de Sudáfrica se basaba tradicionalmente en los sectores primarios – gracias a una gran cantidad de recursos minerales y agrícolas en condiciones de explotación muy favorables. Bajo Mandela y, posteriormente, Thabo Mbeki, la mayoría negra tuvo algunas mejoras en su nivel de vida, que era  verdaderamente horrible, y en el acceso al saneamiento, la vivienda, la electricidad, la educación, la sanidad, y poniendo fin al control cruel y arbitrario de los movimientos de población, que era un elemento central de la desigualdad del régimen del apartheid.

Pero a pesar de su ideología supuestamente socialista, recogida en su constitución, los líderes del ANC pronto descartaron cualquier cambio radical de la economía y la estructura social. Los gobiernos del ANC optaron por el capitalismo y ni siquiera consideraron la posibilidad de ejercer algún control del estado sobre las minas, las industrias de recursos y las tierras en propiedad de los blancos. Por el contrario, los líderes del ANC se apropiaron de una parte de estos activos.

Así, la pequeña minoría blanca rica no se ha visto en lo fundamental afectada por el fin del apartheid. A los blancos ricos se les han unido unos negros ricos que dominan las empresas y ejercen una influencia abrumadora sobre el ANC. El partido ahora expresa las profundas divisiones entre la mayoría de los negros de clase obrera y la pequeña clase dominante negra que se ha desarrollado. Se producen fisuras con frecuencia, pero hasta ahora sin una ruptura decisiva.

A principios de la década del 2000, la recuperación relativa de la economía comenzó a desvanecerse y la Gran Recesión a nivel mundial supuso un duro golpe al capitalismo sudafricano del que no se ha recuperado. La rentabilidad del capital cayó y el crecimiento de la inversión, la productividad y la producción empezaron a disminuir, impidiendo cualquier progreso en la situación de la mayoría negra. La industria sudafricana atraviesa ahora por dificultades; el desempleo y la delincuencia se mantienen en niveles muy altos, y el crecimiento económico se está yendo a pique.

Se estanca la inversión (Zarm)

El producto interior bruto creció un 2,9% de media entre 1994 y 2000 bajo Mandela, después de que el apartheid destruyese la economía del país. Y bajo los sucesores de Mandela, el crecimiento se aceleró a un promedio del 4,2% anual hasta la crisis financiera de 2008. Sin embargo, la economía se ha estancado desde entonces, registrando un crecimiento promedio del 1,6%.  

De hecho, si se tiene en cuenta el crecimiento de la población, el PIB real per cápita se ha estancado en la Larga Depresión de los últimos diez años.

PIB per cápita ($ por persona)

El Banco Mundial califica a Sudáfrica “el país más desigual del mundo a todos los niveles”. La desigualdad en el consumo ha aumentado bajo el gobierno del ANC a un gran coeficiente de Gini de 0,63. La desigualdad de la riqueza es aún mayor: el 10% más rico de la población poseía alrededor del 71% de la riqueza neta en 2015, mientras que el 60% inferior sólo el 7%. Por otra parte, la movilidad intergeneracional es baja, lo que significa que las desigualdades se transmiten de generación en generación con escasos cambios. Ramaphosa ha encapsulado el fracaso del país, haciendo imposible hacer frente a la desigualdad en su raíz. Ramaphosa es un rico magnate, parte de una pequeña élite empresarial negra desarrollada gracias a las políticas del ANC.

El progreso en la reducción de la pobreza de los primeros años del gobierno del ANC a finales de 1990 también se ha frenado. Incluso con el discutible criterio del Banco Mundial de una tasa de pobreza situada en $ 1.90 diario, el 19% de los sudafricanos están por debajo de este nivel en comparación con el 17% en 2011. Según las cifras proporcionadas por Moeletsi Mbeki, hermano del ex presidente Thabo, solamente 37.000 negros sudafricanos ganan más de $ 4,300 al mes. Los que ganan más de $ 820 solo suponen 1.25 millones en un país de 58 millones de personas. 

Hay 8,3 millones de personas sin trabajo. El desempleo oficial es del 27,1% en el cuarto trimestre de 2018. La tasa de desempleo es aún mayor entre los jóvenes, en torno al 54,7%.

Tasa de desempleo %

La brecha racial y de clase sigue siendo extrema 15 años después del fin del apartheid. La brecha se afianza temprano en la vida de las personas: en el sistema educativo. Casi todos los alumnos blancos superan los exámenes de revalida tras la escuela secundaria para entrar en la universidad. Sólo dos tercios de sus homólogos negros son capaces de hacerlo. Los sudafricanos negros también se enfrentan a desventajas con el acceso a la atención médica y otros servicios. Los apagones de electricidad causados ​​por viejos problemas, consecuencia de la mala administración y la corrupción de la empresa de electricidad pública Eskom, suponen una plaga en las comunidades negras.

La corrupción en los niveles más altos del gobierno y las empresas públicas se ha incrementado. El índice de Transparencia Internacional sitúa a  Sudáfrica en el puesto 42 (cero es la corrupción total) y se ha reducido desde el 57, donde estaba cuando terminó el apartheid.

índice de corrupción (inferior significa más corrupción)

Hay un plan nacional para sacar a los millones de negros de Sudáfrica de la pobreza. El Plan Nacional de Desarrollo 2030 es la política oficial ANC, pero nunca se ha aplicado. Por otra parte, el plan supone un compromiso con las grandes empresas y los propietarios de tierras. Si los ricos pagasen más impuestos, el gobierno a su vez podría ofrecer mejores servicios (y ser menos corrupto), pero los salarios reales se reducirán, según el Plan, para que el empleo pueda aumentar. Esta fue la estrategia que los líderes del ANC bajo Ramaphosa ofrecieron en la reciente campaña electoral.

Pero el ANC tiene algunos problemas electorales. En agosto de 2016, el ANC perdió la mayoría en cuatro de las ciudades metropolitanas. Los partidos políticos de la oposición negociaron distintas coaliciones que desbancaron al ANC al frente de las ciudades de Johannesburgo, Pretoria y Nelson Mandela Bay. En estas elecciones, la mayoría del ANC (62,15%) se ha reducido al 57,50%.

Ramphosa asegura que quiere reducir la corrupción por arriba, pero el aparato del ANC todavía está controlado por los compinches del ex presidente Zuma. Ace Magashule, el poderoso secretario general del ANC, es conocido como el “señor diez por ciento” por saquear toda una provincia como dirigente supremo del ANC bajo Zuma.

La opositora Alianza Democrática (DA) ha obtenido el 20,77% de los votos. Antiguamente, era el partido de los liberales blancos sudafricanos, pero ahora tiene a su frente a un líder negro joven por primera vez, Mmusi Maimane. Maimane forma parte de la gran empresa en Sudáfrica y el partido defiende algunas reformas limitadas en relación con la propiedad de la tierra, la reducción de la corrupción y el crimen - propuestas que el ANC defiende también. La DA atrae a un pequeño grupo de hogares negros de clase media indignados con la corrupción del ANC.

El partido más radical que ha concurrido a estas elecciones son los ‘Combatientes por la libertad económica’ (EFF), una escisión del ANC dirigida por el ex líder de la juventud del ANC, Julius Malema. Los EFF defienden la nacionalización de la tierra sin compensación y el control del estado de las minas y el banco central. Ya tenía 25 escaños en el parlamento anterior y en estas elecciones y aumentar su representación con el respaldo de la juventud radical, situándose en el 10,79% y los 44 escaños.

El capitalismo de Sudáfrica en la era post-apartheid no ha sido capaz de mantener el ritmo de sus compañeros BRICs, especialmente China, Rusia e India, y ahora es parte de los '5 más frágiles' (India, Brasil, Indonesia, Turquía y Sudáfrica).  Ramaphosa debe hacer frente a una economía capitalista estancada, altos niveles de pobreza, la desigualdad, la corrupción y el crimen; y con una economía muy vulnerable a una crisis mundial que haga patente el déficit del comercio exterior que ha ido creciendo y que provocará la fuga de capitales y el aumento de las tasas de interés.

Ampliación del déficit de la cuenta corriente (% del PIB)

La verdadera perspectiva del nuevo gobierno del ANC es la posibilidad de una crisis económica profunda en los próximos cinco años.

 

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2019/05/07/south-africa-the-dashing-of-a-dream/

Traducción: G. Buster

http://www.sinpermiso.info/textos/sudafrica-el-sueno-de-mandela-se-desvanece

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