G7: una reunión de piratas disputándose una parte del botín

 

Algunos se extrañan del silencio que reina a propósito del contenido político, por lo menos en los medios españoles, que servirá de base a la discusión en la cumbre del G7 que se celebrará en Biarritz, y que únicamente se hable, desde hace varios días, del enorme dispositivo policial para asegurar el buen desarrollo de dicha cumbre. Al parecer –sumando el conjunto de las fuerzas policiales, sin contar guardaespaldas y miembros de las cloacas estatales de cada país acompañando a sus líderes–, serían aproximadamente entre unos 17.000 o 18.000 agentes de diferentes fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, principalmente francés y español.

 

Claro, es que incluso los periodistas más obtusos o pro sistema tienen dificultades para creer y por lo tanto hacerse eco del supuesto propósito oficial para el que serviría esta cumbre: la lucha en contra de las desigualdades. La propaganda que expanden los servicios de comunicación del Eliseo, quienes, ellos, no tienen la mínima duda en cuanto al hecho de que el programa oficial de la cumbre será la lucha en contra las desigualdades, van más lejos y se atreven a subrayar las más flagrantes de entre ellas: la desigualdad que existe entre los hombres y las mujeres, la que no ofrece las mismas garantías de acceso a la sanidad y la educación, la que nos expone al riesgo ecológico o amenazas de guerra. ¡Nada menos!

 

Qué los líderes y representantes de los Estados más poderosos, –entre los cuales la mitad de la riqueza global está en manos del 10% de la población más rica–, después de haber declarado en sus países respectivos una guerra social sin cuartel al conjunto de la clase trabajadora que arrojó a millones de personas al paro y condenó otros tantos a la precariedad, sean ellos precisamente quienes hoy nos hablen de lucha en contra de la desigualdad es el colmo del cinismo y la desvergüenza. El mismo cinismo y desvergüenza que, por ejemplo, después de haber alentado –cuando no protagonizado–, guerras destructoras, en cualquiera que sea la región del mundo, vengan hablarnos de paz.

 

A los siete países reunidos en Biarritz (EEUU, Canadá, Francia, Italia, Reino Unido, Alemania y Japón), países imperialistas, patrias respectivas de gigantes multinacionales y bancos internacionales, explotadores del planeta, les mueve únicamente la defensa de sus intereses comunes frente al resto del mundo. Su principal objetivo es asegurar la perennidad, la continuidad y la estabilidad del orden social que ellos mismos han establecido; esto siempre y cuando se lo permitan los posibles escollos ocasionados por la competencia entre sus propios grupos capitalistas, competencia debida principalmente a la recesión económica mundial.

 

Lejos, muy lejos de la supuesta lucha en contra de la desigualdad, que según algunos sería el objeto del debate, el verdadero debate entre dichos representantes, si debate hay, se hará a puertas cerradas lejos del alcance auditivo no solo del público sino también de los medios de comunicación, que nos obsequiarán con lo que los portavoces de unos y otros querrán bien comunicarles. Es de temer que en realidad, como suele ser habitual en estos casos, el finiquito de dicha cumbre no sea nada más que algunos remiendos entre ladrones que inevitablemente acabarán incrementando las desigualdades.

 

Como lo vienen demostrando los nueve lustros de cumbres anuales del G7, aunque realmente lo quisieran, esta gente ha hecho la demostración de su ineptitud para gestionar y organizar su propio sistema económico evitando así a sus poblaciones respectivas una desoladora situación, provocada ésta por las crisis sucesivas debidas a la intensa búsqueda de  beneficios. La completa ausencia de resultados de las precedentes 44 cumbres del G7, lo demuestran ampliamente y sin discusión posible.

 

 

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