En EEUU y el mundo, la crisis de 2020 será peor que 1929 o 2008

La crisis será profunda: pondrá en jaque la existencia del capitalismo, la explotación de los recursos naturales es finita, el esquema imperialista de control mundial, el sistema financiero mundial está en jaque, los grandes corporativos con ganancias tienden a la baja y una hegemonía en disputa

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-La gran depresión amenaza con desbaratar la hegemonía estadounidense

 

-Si Trump pretende desarticular el viejo modelo predominante, a punto está

 

-Cíclicas, las crisis del capitalismo están vigentes, como lo describió Marx

 

La guerra comercial y tecnológica es el detonante de una nueva depresión mundial”: Michael Roberts

 

La crisis que viene será a la gran depresión de 1929 del capitalismo de principios del siglo XX, solo 10 años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial (2ªGM).

 

Nada comparable a la debacle de 2008, la “crisis” que provocó el hundimiento del sistema hipotecario —sostén del sistema financiero/bancario con todo y los “rescates” promovidos por los bancos centrales (Reserva Federal y el BCE, etc.), de los fondos de inversión como Lehman Brothers o las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac—, de Estados Unidos de América y que afectó al mundo parecerá juego de niños.

 

Es decir, la crisis de 2020 será peor todavía para el capitalimperialismo estadounidense y el resto del mundo capitalista, porque asoma la crisis cíclica, la que según el académico Kondratieff —que tomarán posteriormente otros como Joseph Schumpeter— ocurre aproximadamente cada 52 años. El diagnóstico apunta a no fallar, pues también conforme a la teoría marxista la gran crisis es inminente.

 

Porque será más profunda que las anteriores y afectará tanto al sistema de producción de capital en sus entrañas, a la economía real —la industria, el comercio, los servicios, el campo, la economía tradicional—, como, sobre todo, derribará al mismísimo sistema financiero especulativo, el de las volátiles burbujas especulativas que ha creado riqueza ficticia a costa de las ganancias “futuras”, pero sostenida con alfileres.

 

La crisis será profunda porque irá más allá:

 

1) Pondrá en jaque la existencia misma del capitalismo como sistema de producción, ahora que se topó ya con que la explotación de los recursos naturales es finita;

 

2) Está en juego el esquema imperialista de control mundial, con la economía estadounidense a la cabeza;

 

3) El sistema financiero mundial está en jaque;

 

4) La subsistencia de los grandes corporativos con ganancias tienden inevitablemente a la baja;

 

5) Una hegemonía, la de los Estados Unidos de América, en disputa, nunca como ahora desde el fin de la 2ª GM.

 

Todo asoma a la vuelta de la esquina. No menos importante es que la crisis de 2020 puede terminar con el esquema de control heredado de la segunda posguerra; es decir, que suceda una recomposición del mundo, con China a la cabeza desde la influencia y poder conseguidos en las últimas décadas en la economía mundial, y con la hegemonía de Rusia en el terreno de la geopolítica, les guste o no al mundo Occidental de ahora.

 

El mundo, a partir de entonces, bien puede comenzar una etapa nueva; si bien dentro de una globalización de corte no muy distinto —las inversiones vigentes han apuntado siempre a la explotación y la ganancia (cual naturaleza del capital), las otras, a la inversión también pero con infraestructura en los países; las de EUA y las chinas, respectivamente—, sí sería con otros actores, porque la batuta cambiará de manos: de los EUA a China en la economía, de los EUA a Rusia en la geopolítica. La crisis profunda podrá cambiar, ahora sí y de manera pacífica, la hegemonía estadounidense sobre el mundo.

 

Quedará en juego todavía, el potencial nuclear, porque los estadounidenses son potencialmente tan fuertes como peligrosos. Pero por lo pronto los controles de mando de la Matrix estarán del otro lado del mundo. Y la crisis puede lograr eso y más, en tanto el principal país afectado por la misma será, precisamente, el estadounidense.

 

Como quiera que suceda —tan pronto como la caída de las bolsas que en tiempos de debacle suceden en pocas semanas—, el mundo podrá cambiar, primero desde el punto de vista comercial. Luego desde la geopolítica, donde a la vista Trump está perdiendo las batallas (¿deliberadamente para desarticular el viejo modelo depredador y de guerra del Estado profundo y el Pentágono, con todo lo que implica?).

 

Claro que, con resistencia a morir, el mundo anglosajón de EUA y Gran Bretaña, podrá desarticularse paulatinamente en tanto sea desplazado por otros jugadores internacionales, los instrumentos internacionales perderán su rol o de plano desaparecerán.

 

Sin la hegemonía estadounidense el mundo puede cambiar a paso firme. Por cierto, que el viejo continente europeo —como integrante del mundo occidental, con o sin Euro como moneda común—, saldrá más afectado de lo resquebrajado que está.

 

No queda claro cómo podrá retomar la recuperación económica, en un otro contexto y sin la ayuda estadunidense. Sin el amo de quien ha dependido en materia de inversiones y directrices, con los grilletes puestos desde el final de la 2ªGM a la fecha.

 

Trump, en campaña

 

Por lo pronto, las señales que aparecen tanto políticas como económicas son de cuidado. De un lado el presidente Donald Trump, por el otro —con la misma estrella hollywoodense en la frente— sus declaradas guerras comerciales, la más importante de ellas contra China, por un multimillonario déficit que no resolverá.

 

Hablando de política, en alusión a “aquellos que quieren afectar la reelección”, dice Trump: “Algunas personas que hacen previsión económica, grupo de elites que no saben nada de la economía real”, como a los medios de comunicación a quienes culpa de “provocar una recesión y afectar sus posibilidades de seguir en la Casa Blanca”.

 

Hace unos días el The Washington Post dijo que el mandatario está preocupado ante la posibilidad de que una recesión económica a nivel mundial golpee de lleno al mercado estadounidense y frustre su reelección (cuando el rio suena es porque agua lleva).

 

“Los medios de noticias falsas están haciendo todo lo posible para colapsar la economía porque piensan que eso será malo para mí y para mi reelección. El problema que tienen es que la economía es demasiado fuerte y pronto estaremos ganando mucho en comercio, ¡y todo el mundo lo sabe, incluso China!”, escribió, lo cual se duda.

 

Sin embargo, el inquilino de la Casa Blanca cree que los medios de comunicación se están confabulando en su contra para evitar su reelección, lo que bien puede suceder. Pero de ahí a considerar que sean los medios, quienes con el apoyo de las elites que nada saben de economía, están “provocando la recesión para impedir su reelección”, está de risa.

 

Cierto que son muchos los expertos que ven en la disputa comercial iniciada contra China y la Unión Europea (UE), por el propio Trump, como la razón principal de que la economía mundial haya entrado en una fase de deceleración a nivel global. Pero ese solo consenso pone en entredicho el supuesto de Trump. Pues lo que tenga que pagar por su responsabilidad en esa guerra comercial que le resultará fatal, será a su cuenta personal. No de los medios de comunicación ni de quienes hacen los diagnósticos.

 

Lo cierto es que, cuando Trump dice que la economía estadounidense goza de buena salud, se olvida que —si se topara con un buen contrincante de campaña—, bien le podría refrescar la memoria del publicista de Bill Clinton, James Carville, con aquella frase que le ganó a George Bush en 1992: “Es la economía, estúpido”.

 

Es la economía, claro, y solo una parte le corresponde a la guerra comercial, porque el fondo está marcado por los problemas estructurales de la economía estadounidense, que están en plena ebullición.

 

Por cierto, que los datos están ahí, y son nada alentadores. Antes de los indicadores de la economía real, veamos parte del impacto de la guerra comercial. Para empezar, el proteccionismo estadounidense, más que beneficios económicos está generando la desaceleración en la economía mundial. Las continuas alzas arancelarias impiden pactar los precios a futuro, que son el alimento de la especulación financiera y de las ganancias de las corporaciones estadounidenses.

 

Ni los aranceles le serán suficientes a Trump para desarmar a China —y los recursos que se quedan por ello tienen un impacto pírrico—, todo lo contrario, le está poniendo el escenario comercial mundial a sus pies.

 

Dos ejemplos claros. Así como con el gigante Huawei lo único que Trump logró al cerrarle las puertas del mercado estadounidense, fue posicionarlo afuera al desmarcarlo de la competencia interna, de igual manera la carrera por la tecnología ultramoderna del G5, que han desarrollado aceleradamente los chinos, la está ganando el país asiático por encima de las empresas de EUA.

 

En ambos terrenos quedó en claro que los perdedores son Trump y sus corporativos locales, en ganancias y competencia tecnológica. Por ejemplo, solo en junio pasado 141 asociaciones de empresarios y 520 compañías enviaron misiva al presidente, para explicarle que la escalada está afectando al consumidor y a sus negocios, además de pérdida de empleos y bajo crecimiento —del 1.8 por ciento, comparado con el 2.9 del año anterior. Trump envió contraindicación ordenando que las compañías “busquen inmediatamente alternativas” frente a China.

 

Es decir, la guerra está cambiando el flujo de bienes globales, y en general impactando a la economía que Trump tanto quiere proteger —su “América primero”—, pero consigue lo contrario: enfriar la economía para conducirla al colapso, como puede medirse en el mercado bursátil de Wall Street (índice Dow Jones, S&P y Nasdaq), los mercados de petróleo (Texas y Brent), las bolsas del mundo en (EUA y Europa) y la economía global a quien el FMI resta el 0.3 por ciento al crecimiento mundial para 2020.i Y en materia migratoria no le va mejor, porque está despidiendo mano de obra barata.

 

El pulso de las calificadoras

 

Volviendo a las señales de la crisis. La burbuja económica de hoy en EUA es peor que la del desplome del 2008. Para comenzar está el riesgo de estanflación: estancamiento crecimiento con inflación, una situación que Japón ha vivido durante décadas. La señal la daría la Fed, al recorte de las tasas de interés, para “evitar que el aire salga de la burbuja” como ha dicho Peter Schiff, director de Euro Pacific Capital.

 

El caso es que, si fuera cierto que la economía marcha bien, como twittea con frecuencia Trump, el responsable de la Fed, Jerome Powell, debería elevar las tasas en lugar de recortarlas. Pero lo cierto es que la economía estadounidense se encuentra peor que antes del colapso de 2008. Porque, afirma Schiff, EUA se dirige hacia una recesión, independientemente de lo que haga la Fed.

 

El especialista, quien predijo la última crisis económica global, aparte alerta que lo grave es que el colapso establecerá una estanflación; pero más allá, habrá una recesión acompañada de inflación, mucho mayor de la estanflación de los años 70.ii

 

De entrada, incluso la Fed establece en un 29.62 por ciento la posibilidad de que ocurra una recesión, un nivel no visto desde mayo de 2008 (la debacle ocurrió en septiembre cuando se llegó al 32 por ciento), anticipando mayores problemas para los 12 meses siguientes, mediados del 2020. (El reporte es de mediados de junio).iii

 

Y a la guerra comercial, la Fed agrega un menor crecimiento económico por no contar con el efecto positivo de los impuestos o un mayor gasto público como en 2018. A estas alturas, ni la estrategia keynesiana aplica para evitar la crisis: bajar en las tasas de interés e impresión de billetes para inundar el mercado, o un gobierno que crea demanda, como sugirió recientemente Paul Krugman, en Princeton.

 

En este contexto, el consenso es que una recesión ocurre cuando la actividad económica registra por lo menos tres trimestres consecutivos de variaciones negativas. En 2019 el PIB se espera en 2.5 por ciento —contra el 2.9 por ciento de 2018—, mientras para 2020 podrá caer al 2 por ciento —o un 1.9 según encuesta Bloomberg—.iv PIB a la baja.

 

También en encuestas, dos tercios de los economistas de empresas prevén en un 56 por ciento que la contracción ocurra en 2020, y solo un 33 por ciento de que se presente en 2021 (sondeo entre el 28 de agosto y el 17 de septiembre, de 2018, de la Asociación Nacional de Economía Empresarial).v

 

También directores de finanzas de EUA encuestados por la Universidad de Duke, el 82 por ciento opina que la recesión comenzará a finales de 2020. Un final cercano para el colapso del crecimiento económico global da casi una década de duración.vi Sin embargo, podría ser en 2019, si la Fed sube las tasas o si la guerra comercial entre EUA y China se “deteriora sustancialmente”, dijo el jefe de Ameriprise, Russell Price.

 

La administradora de fondos de inversión y capital de riesgo estadounidense KKR (Kohlberg, Kravis, Roberts) predijo en 2017 que la recesión para el 2019, acompañado de un ciclo masivo de desapalancamiento de los millennials luego de la expansión de crédito al consumo en forma de préstamos para alimento y automóviles.

 

El siguiente cuadro muestra las principales métricas del crecimiento económico y valoración de activos en EUA que dan señales de advertencia.

 

 

“Prácticamente todas las principales métricas de crecimiento económico y valoración de activos de los EUA están dando señales de advertencia rojas en relación con las normas históricas”.

 

Conclusiones de KKR: 1) los precios de los activos están entre razonables y caros; 2) estamos en medio o al final del ciclo, EUA incluido; 3) Casi 96 meses en la fase de expansión típica de 37 meses, el tercer periodo más grande de los EUA. Y en términos de rentabilidad de acciones, los retornos de S&P en los últimos 8 años sólo han sido superados por los retornos que precedieron a la gran depresión, el crack de 1987 y el tecnológico.

 

La propia extensión del ciclo expansivo empieza a poner nerviosos a muchos analistas económicos, que escudriñan los indicadores adelantados de actividad para calibrar en qué momento el país comienza a frenarse”, dijo entonces. El economista Henry H. McVey escribió en abril de ese año en el portal de KKR que las deudas del gobierno estadounidense y el sector corporativo crecieron 112 por ciento y 41 por ciento, respectivamente. E incluyó la idea de Tom Wolf: “Te dirá la verdad: Estás débil’”.vii

 

Para estos mismos consultores, las condiciones para la debacle en 2020 están puestas. 1) Volatilidad del mercado, 2) Impacto del proteccionismo que reduce el crecimiento, 3) Apalancamiento de la curva de rendimiento (cuando los rendimientos de los Bonos a 2 y 10 años se acercan al punto en que se revierten: que las de corto plazo son más altas que las de largo plazo).

 

Aparte, los niveles de apalancamiento corporativo podrían prolongar la desaceleración y conducir a muchas bancarrotas, pues los niveles de deuda son bastante altos, habría dicho la presidenta de la Fed, Janet Yellen, en diciembre de 2018.viii

 

Black Rock, la mayor gestora de activos del mundo, lleva la recesión en EUA hasta 2021. La economía global, dijo en diciembre de 2018, y las ganancias de las empresas frenarán su crecimiento el próximo año (2019), y las probabilidades aumentarán en más de 50 por ciento de que la recesión ataque a finales de 2021.ix

 

Hasta aquí la perorata de las calificadoras que negocian en el mercado especulando con el dinero de los inversionistas. Quisieran que la debacle no llegara, y no pocas veces aplican la política del avestruz.

 

La otra realidad

 

Si bien ya en 2008 se planteó que “la crisis no fue el resultado de una sobreacumulación de capital en sectores de punta, sino de la creciente desconexión entre la nueva economía financiera (colosal masa de sobreacumulación de capital-dinero especulativo en búsqueda de colocación lucrativa por cualquier medio), y de las dimensiones de la economía real, la demanda social y la inversión productiva en Estados Unidos y en la mayor parte del mundo.”x

 

La desproporción es tal que el capital financiero representa 160 mil billones de dólares, lo equivalente a tres o cuatro veces el PIB mundial, un capital ficticio que descansa en el sobreendeudamiento; es decir, las anticipaciones a futuro. La capitalización de estas anticipaciones alimenta la liquidez de la economía a través del reciclaje bancario de plusvalías ficticias, lo que permite a los EUA un crecimiento económico basado en el endeudamiento interno y externo, como motor principal del crecimiento mundial.

 

Ni lejos que la economía real, de la producción industrial, logre crecimientos sostenibles y significativos durante años, capaces de valorizar los capitales acumulados, por lo que corresponde al capital financiero que se mueve entre el sobreendeudamiento y los futuros.

 

Cabe aclarar, por cierto, que Marx con El Capital no ha perdido la guerra. Ignorado sí. Pero entregó importantes claves para entender el mundo en sus obras. Aún a contracorriente, sus leyes han sido probadas con el tiempo, a beneficio de la clase obrera y el cambio de este modelo explotador que es el capitalismo, en cualquiera de sus facetas, como la actual de hegemonía imperialista de los EUA.

 

Para él, las crisis son inherentes al capitalismo, en cualquiera de sus facetas —como la actual de corte imperialista y predominio estadounidense—, y por tanto inevitables.

 

Lo cierto es que la crisis en los EUA se encuentra a un tris del estallido. Y las condiciones internas así lo demuestran:

 

  1. Déficit presupuestal elevado;

 

  1. Endeudamiento interno y externo del sector privado desbordado;

 

  1. La rentabilidad y las ganancias a la baja;

 

  1. Dólar en declive por la relación adversa con el resto de monedas del mundo y su paulatino abandono como moneda de intercambio mundial;

 

  1. Tasas cero de interés, con impresión de billetes sin control desde la Fed;

 

  1. La guerra comercial declarada contra China que amenaza al mundo.

 

El propio Trump no se da cuenta, como el rey del cuento de Andersen, que va desnudo por el mundo. Pero sí alude, como veíamos, que posiblemente se retire de la contienda 2020 por el temor a la debacle, porque ciertamente la crisis está dando señales claras. Para ese año, es el consenso de las mayorías consultadas, de expertos y analistas.

 

Por consiguiente, con un crecimiento a la baja: En 2019 con un PIB de 2.5 por ciento —el 2.9 por ciento de 2018—, y un 2 para 2020, la caída es inminente. Y las condiciones ya están dadas.

 

Por ejemplo:

 

1.- El bajo crecimiento del PIB en 2018 trajo consigo una caída en los mercados de valores hacia finales del año, lo que alarmó a los mercados.

 

2.- Los precios del mercado de valores desde 2009 se ha sostenido sólo por el bajo nivel de los tipos de interés a largo plazo, cercano a cero, y por la flexibilización cuantitativa (compra de activos con crédito).

 

3.- Ese mismo año, los inversionistas captaron que el aumento de las tasas de interés vs. una tasa de rendimiento del capital tocó techo, lo cual devino en una caída en 2019.

 

4.- Todas las previsiones de crecimiento son más bajas en 2019 (FMI, OCDE, BM).

 

5.- un crecimiento más rápido viene acompañado de rentabilidad y ganancias, y la deuda global, la del sector privado que aumenta.

 

6.- Las condiciones de la deuda han comenzado se ha endurecido.

 

7.- Ante declaraciones como las de Jenet Yellen sobre los “gigantescos agujeros en el sistema financiero”, donde la regulación está sin terminar y el gobierno no hace lo debido.

 

8.- El endeudamiento corporativo sin respaldo (los préstamos apalancados) puede representar un “contagio financiero”.xi

 

La caída de la segunda semana de agosto de Wall Street, con el Dow Jones del 3 por ciento o 800 puntos, el S&P 500 que cayó un 2.9 por ciento y el Nasdaq de tecnología en 3 por ciento, es muestra de que las condiciones para la debacle están dadas.

 

Factores que contribuyeron a la caída del mercado: Signos claros de una contracción global; la continua caída de los rendimientos de los bonos; un reconocimiento creciente de que el estímulo monetario por parte de los bancos centrales del mundo no van a traer un repunte de la economía global; una crisis financiera en Argentina; la actual guerra comercial entre EUA y China; inestabilidad política en Europa como ejemplo de la crisis del Brexit y la ruptura del gobierno italiano; el crecimiento de la oposición social en la clase trabajadora, ejemplificada en las 10 semanas de protestas y manifestaciones en Hong Kong.xii

 

La teoría de Marx sobre las crisis

 

La tasa de ganancia. Marx se propuso desentrañar todo lo referente al capitalismo. Y lo logró, hasta donde la vida le alcanzó. Su ley para comprender las crisis del capitalismo está en El Capital, se basa en la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (Libro III), sustentada a su vez en la ley del valor (Libro I).

 

El capitalismo tiene crisis regulares y concurrentes, y crisis financieras. Las primeras son por la dinámica propia del capital, las segundas por una economía monetaria con fines de lucro.

 

La ley se sostiene en que el valor de los medios de producción (maquinaria, equipo, oficinas), con el tiempo aumenta en relación con el valor de la fuerza de trabajo; a eso Marx le llamó composición orgánica del capital. Como el valor solo se crea por la fuerza de trabajo, con el tiempo disminuye respecto de la inversión en medios de producción. Y la tasa de ganancia cae.

 

Por tanto, la ley se basa en dos supuestos: 1) La ley del valor implica, que el valor y la plusvalía son creados solo por el trabajo vivo; 2) La acumulación capitalista conduce a un aumento de la composición orgánica del capital.

 

En la práctica, este aumento implica que hay un incremento de la productividad del trabajo, como consecuencia de la mecanización. Al mismo tiempo que la máquina desplaza trabajadores, la modernización exige mano de obra especializada. En ambos casos deviene el desempleo. El capitalista invierte en máquinas porque cree que eso es lo que le da ganancias, dejando de lado que es la mano de obra explotada, pero a quien solo interesan las ganancias.

 

Sobre la crisis de 2008, en el periodo previo a la gran recesión de 2008-2009, se puede ver la causalidad visiblemente para las ganancias, la inversión y el PIB de los EUA.