Virus, crisis económica, materialismo

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En la nota sobre la posibilidad de que la economía global se sumerja en una depresión (aquí), dediqué unas líneas a reivindicar la validez del enfoque materialista. Posiblemente a algunos lectores les haya llamado la atención esa digresión, pero lo cierto es que al escribir la nota tenía presente varios mensajes que había recibido, de personas progresistas o de izquierda, que afirmaban que todo era un invento del imperialismo, del neoliberalismo, o incluso del capitalismo a secas. De entre esos mensajes, el que más me impactó rezaba:

“El coronavirus es lo propio de la globalización; se fundamenta en la incertidumbre y en el potencial carácter peligroso del otro. Es el individualismo global inventando catástrofes” Tweet que venía con la firma de UBA.Sociales. Traducido, el virus es un invento “del individualismo global”; y de naturaleza psicológica (se fundamenta en la incertidumbre y el miedo paranoico al otro). Me llamó la atención, también, que nadie dijera palabra sobre el mensaje (al menos, hasta donde conozco).

Pero, como es conocido, la tesis de que todo es producto de una campaña también fue asumida por cabezas de Estado. Entre ellas, López Obrador, Bolsonaro y Trump, entre otros. Así, ya en marzo, López Obrador decía que “hay que abrazarse, no pasa nada”, y su subsecretario de Salud, López Gatell agregaba que “la fuerza del presidente es moral, no es contagiosa”. En la misma veta Bolsonaro, dijo que la preocupación “es una histeria”, y saludó y se tomó selfies con cientos de simpatizantes. En sus últimas declaraciones dijo que los que alarman a la población buscan “paralizar a la economía para acabar con su gobierno”.  En cuanto a Trump, se burló del “virus extranjero”, y sentenció que no era un problema grave. Naturalmente, se preocupó cuando se derrumbó Wall Street. Sin embargo, con el virus expandiéndose en EEUU a mucha velocidad, acaba de anunciar que, en un corto plazo, levantará toda medida de aislamiento.

Idealismo reaccionario y reivindicaciones obreras

El punto en común de todas estas posturas es que el virus no representa un peligro objetivo, material. Según este enfoque, que abarca de progres a completos reaccionarios, todo sería construcción política, o político-discursiva.

Pienso que estamos ante posturas reaccionarias, incluso cuando se expresan con palabrerío “anti-neoliberal”, o “anti-globalización”. Para ver por qué, repasemos las demandas que por estos días hacen muchos sectores del trabajo: que se paren las actividades no esenciales; que se mantengan los ingresos de los trabajadores; que se aseguren los ingresos a los precarizados o desempleados; que se adopten medidas de seguridad para los trabajadores de la salud, limpieza, transportes esenciales. Pero si el peligro del virus es solo paranoia individualista, o histeria, creadas por el imperialismo, el capital financiero, los medios o los políticos opositores, ¿qué fundamento le queda a las reivindicaciones de las masas trabajadoras? Sencillamente, ninguno. Como también pierde sentido alertar sobre los peligros que anidan en la entrada del virus a las decenas de miles de suburbios carenciados del Tercer Mundo, con sus miles de millones de personas privadas de lo más elemental. En otros términos, si todo es “histeria mediática neoliberal”, ¿para qué preocuparse por las condiciones materiales, objetivas, en que viven o trabajan las masas?

Lo más grave es que estas concepciones idealistas han arraigado en sectores del progresismo y la izquierda. Aunque a veces se expresan de manera más atenuada. En este último respecto, me ha llamado la atención que alguna gente de izquierda haya planteado que la irrupción del virus solo “disparó” la crisis económica. Un disparador en el mismo sentido en que el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria encendió la Primera Guerra. De ahí que me viera obligado a explicar –en Comentarios del blog- la diferencia entre “disparar” y “agravar” (el asesinato del archiduque disparó, pero no agravó la guerra; la aparición del virus dispara y agrava la crisis económica).

Materialismo,  naturaleza y relativismo epistemológico

En contra de las concepciones idealistas, vuelvo a destacar el enfoque materialista del marxismo. Su punto de partida: somos parte de la naturaleza, y estamos sometidos a sus leyes. En consecuencia, estas no se pueden desconocer impunemente. En 1846 Marx y Engels escribían:

“Un hombre listo dio una vez en pensar que los hombres se hundían en el agua y se ahogaban simplemente porque se dejaban llevar por la idea de la gravedad [hoy algunos dirán “la idea del virus”]. Tan pronto como se quitasen esta idea de la cabeza, considerándola por ejemplo como una idea nacida de la superstición, como una idea religiosa, quedarían sustraídos al peligro de ahogarse [actualidad del consejo: el virus no te ahoga si te sacas la idea del virus]. Ese hombre se pasó la vida luchando contra la ilusión de la gravedad, de cuyas nocivas consecuencias le aportaban nuevas y abundantes pruebas todas las estadísticas”. (La ideología alemana, p. 12). .

Dos años antes, en los Manuscritos económico-filosóficos Marx decía: “La vida genérica, tanto en el hombre como en el animal, consiste físicamente, de una parte, en que el hombre (como el animal) viva de la naturaleza inorgánica, y cuando más universal es el hombre como animal, tanto más universal es el campo de la naturaleza inorgánica en que vive”. Más adelante: “la naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre” (…) Decir que el hombre vive de la naturaleza significa que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe mantenerse en proceso constante, para no morir” (pp. 599-600 Escritos de juventud de Marx, FCE).

También Engels: “Mas si se sigue preguntando qué son el pensamiento y la conciencia y de dónde vienen, se halla que son productos del cerebro humano y que el hombre mismo es un producto de la naturaleza, que se ha desarrollado junto con su medio; con lo que  se entiende sin más que los productos del cerebro humano, que son en última instancia precisamente productos de la naturaleza no contradigan, sino correspondan al resto de la conexión natural” (p. 85, Anti-Dühring, ed. Fundación Federico Engels).

Lo central es que el pensamiento humano no está por fuera y por encima de la naturaleza. Una cuestión que, entre otras cosas, es el fundamento de la crítica materialista al relativismo epistemológico. Esto es, a la idea de que la verdad o falsedad de una afirmación es relativa a un individuo o grupo social. Es el criterio que guía a gente para la cual la existencia, o no, del virus parece depender de quién dice que el virus existe, o no existe. Como no puede ser de otra manera, el idealismo, la superstición y la negación de que existen hechos y circunstancias que son externas a nuestra mente, y ocurren por fuera de ella, se dan la mano para conformar un indigesto guiso sumamente reaccionario. El marxismo, en oposición a estas corrientes oscurantistas, defiende las tradiciones científicas, esto es, la validez del razonamiento lógico y de la evidencia empírica (más sobre esto, aquí).

Materialismo y socialismo

Por último, sostengo que una futura sociedad socialista, o una sociedad que pretenda construir el socialismo, tampoco podrán desconocer que formamos parte de la naturaleza, y que sus leyes no dependen de nuestras construcciones mentales, sino al revés. Una cuestión que parecieron pasar por alto los líderes de los “socialismos reales”, imponiendo a los trabajadores objetivos irrealizables, que llevaron al agotamiento de la propia fuerza laboral, y de los recursos naturales. Piénsese, por  ejemplo, lo que significaron la colectivización forzosa en la URSS; el Gran Salto Adelante, en China; o la zafra de los 10 millones de toneladas, en Cuba. En todos esos episodios se pretendió avanzar desconociendo las restricciones productivas objetivas, e incluso las leyes de la naturaleza. Más en general, el programa de construir el socialismo en un solo país estuvo teñido de un voluntarismo idealista que terminó siendo muy perjudicial para las masas trabajadoras.

Lo dicho no niega, por supuesto, que el socialismo podrá acabar con el imperio de la lógica de la ganancia capitalista; poner el acento en el desarrollo productivo, eliminando incontables gastos improductivos (por caso, lo que gastan las potencias capitalistas solo en gasto armamentista); incorporar a las masas a la toma de decisiones en beneficio de todos; revertir la abismal desigualdad social; y organizar el trabajo en función de los intereses colectivos. Medidas que, con toda seguridad, mejorarán las condiciones para que la humanidad enfrente catástrofes naturales como la desatada en estos tiempos. Pero eso no significa que las mismas dejarán de ocurrir, dado el actual grado de desarrollo de las fuerzas productivas y la ciencia. En otros términos, la restricción natural no se eliminará, al menos en un horizonte de tiempo previsible. Por eso no hay que vender humo, ni espejitos de colores. Necesitamos desarrollar la crítica del capitalismo, evitando empero toda forma  de idealismo y subjetivismo voluntarista, que solo favorecen a la reacción.

https://rolandoastarita.blog/

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