Cavalieri y una lección de capitalismo

El chantaje de la huelga de inversiones, el mensaje es: “si no aceptas tales y cuales condiciones laborales y salariales, no tendrás trabajo porque los patrones no van a invertir” 

 

Armando Cavalieri es, desde 1986, el secretario general del Sindicato de Empleados de Comercio. Para un resumen del historial de este señor, véase aquí.

A comienzos de mayo el sindicato de Comercio firmó un acuerdo con las cámaras patronales de reducción en un 25% del salario de los empleados de comercio suspendidos por las restricciones de la cuarentena. Ahora Cavalieri acaba de declarar: “Tenemos que definir un nuevo país: sentarnos en una mesa y pensar qué les falta a los empresarios para decidir sus inversiones y qué costo laboral necesitan para la competitividad laboral”; programa “Toma y daca”, AM 750; La Nación el 26/05/20.

Pocas veces encontramos una expresión tan franca y abierta de lo que significa el poder del capital y el chantaje de la huelga de inversiones. El mensaje al obrero es: “si no aceptas tales y cuales condiciones laborales y salariales, no tendrás trabajo porque los patrones no van a invertir”. Es la base material para que el capitalista obligue al obrero a realizar plustrabajo gratuito. Es el punto nodal que la ideología burguesa del mercado, la libre empresa y el “Estado protector” disimula y oculta, pero que un Cavalieri expresa con destemplado cinismo. Es la admisión de que el cuento de los agentes libres negociando en el mercado es eso, un cuento.

Es que en el mercado laboral no se trata de una simple relación entre propietario de dinero, comprador, / propietario de fuerza de trabajo, vendedor. Aquí, el comprador es poseedor de los medios de producción. Los cuales conforman  las condiciones objetivas para que los vendedores de la fuerza de trabajo puedan trabajar. En palabras de Marx: “estos medios de producción se contraponen al poseedor de fuerza de trabajo como propiedad ajena. Por otra parte, el vendedor de trabajo se contrapone a su comprador como fuerza de trabajo ajena, que tiene que pasar a depender de este, que tiene que ser incorporada a su capital para que este actúe efectivamente como capital productivo” (El Capital, p. 37, t. 2; énfasis agregados).

Por eso, “... la relación de clase entre capitalista y asalariado ya existe, ya está presupuesta en el momento en que ambos se enfrentan en el acto dinero – fuerza de trabajo (del lado del obrero, fuerza de trabajo –dinero)”; compra y venta “presuponen el comprador como capitalista y el vendedor como asalariado” (ibid.). Es una relación de oposición, y de dominio que solo podrá romperse acabando con la propiedad privada del capital. En una nota anterior (aquí) recordábamos que el carácter capitalista de los medios de producción y subsistencia consiste en su cualidad económica de emplear obreros y hacerles producir plusvalía; tienen una propiedad social, que los convierte en capital (véase Marx, Capítulo VI Inédito, pp. 40-1). Por eso se establece “una nueva relación de hegemonía y subordinación, que a su vez produce sus expresiones políticas” (ibid., p. 62). “Expresiones políticas” como esta de Cavalieri, facilitador de los negocios del capital.

Agreguemos que al poder asociado a la propiedad privada de los medios de producción se suma el poder que deriva de la movilidad del capital, cada vez más globalizado. Además de la amenaza permanente del cambio tecnológico que reemplaza mano de obra por maquinaria.

Lo más importante que todo trabajador debiera retener: en tanto exista la propiedad privada del capital, se mantendrá esa amenaza-chantaje sobre la clase obrera. “Si no aceptas más explotación, no te doy trabajo”. Son las cadenas invisibles, pero poderosas, del sistema del trabajo asalariado, exhibidas en carne viva por el infame burócrata. Es también el hierro candente que todos los reformistas tratan de evitar con las más variadas e ingeniosas componendas. Por eso ya en El Manifiesto Comunista, Marx y Engels escribieron que “los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada”. Sencillo y va a la raíz del problema. ¿No es necesario que el marxismo vuelva a “lo básico” y radicalmente subversivo?

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