El Estado discrimina a las víctimas del mayor atentado del GAL

Este martes se cumplen 33 años del asesinato de cuatro refugiados vascos en el Hotel Monbar. El gobierno de Rajoy impidió que sus familiares fuesen tratados de la misma forma que las víctimas de ETA

Asesinados Hotel Monbar.

Iñaki Astiazunzarra, Sabin Etxaide, José María Etxaniz y Agustín Irazustabarrena, los cuatro asesinados en el Hotel Monbar

 

La vida de Marijo Etxaide se divide en dos partes radicalmente distintas. La primera, marcada por una relativa normalidad, transcurrió hasta el 25 de septiembre de 1985. La segunda, significada por un profundo dolor, arrancó entonces y se prolonga hasta hoy. Aquel día de otoño en el que se quebró todo, el GAL mató a su hermano. Ahora el Estado le dice que ni ella ni su familia merecen ser reconocidas como víctimas del terrorismo. Al menos no de primera categoría.

 

“Ya nada fue igual, ni nosotros tampoco fuimos los mismos”. Marijo Etxaide habla con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. Su hermano Sabin fue uno de los cuatro ciudadanos vascos asesinados en el bar Hotel Monbar de la localidad vascofrancesa de Baiona en plena campaña del GAL. “Sabin no llevaba mucho tiempo en Iparralde (País Vasco bajo jurisdicción francesa) —relata—. Era muy feliz y optimista. Tenía trabajo, pareja, proyectos de vida… Nosotros nos conformábamos porque le veíamos bien, pero de repente pasa esto…”.

 

Los hechos se desencadenaron a las 21.15h. Dentro del Monbar había varias personas, entre las que se encontraban cuatro vascos perseguidos en España y refugiados en Francia: Sabin Etxaide, José María Etxaniz, Agustín Irazustabarrena e Iñaki Astiazunzarra. Justo el día anterior Irazustabarrena había conseguido que las autoridades francesas le renovasen el estatus de refugiado otros diez años, y lo estaba celebrando junto a sus amigos. En la televisión estaba el partido España-Islandia, clasificatorio para el Mundial de México.

 

Según Amedo, el atentado fue pagado directamente por el ex gobernador civil del PSOE Julián Sancristóbal, quien “desembolsó de los fondos reservados del ministerio del Interior la suma total de 1.200.000 francos”

 

De repente, los mercenarios franceses Lucien Mattei y Pierre Frugoli se acercaron a la puerta del establecimiento y empezaron a disparar. El ex policía José Amedo, condenado por su vinculación con otros atentados del GAL, señala en Cal Viva: un relato estremecedor (La Esfera de los Libros, 2013) que “los pistoleros hicieron gala de una profesionalidad matemática. A cada uno de los objetivos le dispararon inicialmente en el pecho y, al caer, lo remataban en la cabeza”.

 

“Han vuelto a sonar campanadas a la muerte / En el hotel Monbar / Campanadas a la muerte /
Cuatro charcos rojos / Campanadas a la muerte”, escribió poco después Fermín Muguruza e inmortalizó a modo de canción el grupo Kortatu. De hecho, Muguruza estaba aquel dramático día en Baiona y conocía a las víctimas.

 

Fondos reservados

Según Amedo, el atentado fue pagado directamente por el ex gobernador civil del PSOE Julián Sancristóbal, quien “desembolsó de los fondos reservados del ministerio del Interior la suma total de 1.200.000 francos”. Frugoli, que fue detenido por la gendarmería francesa junto a Mattei a pocos metros del lugar del atentado, admitió ante la Policía que les iban a pagar dos millones de pesetas por cada refugiado muerto. Ambos terroristas fueron condenados a cadena perpetua. Frugoli, que había sido amenazado en la cárcel por Mattei, apareció colgado en su celda algunos meses más tarde. De Mattei nunca se supo más nada.

 

“Tengo una laguna de todos aquellos días. Recuerdo que la gente salió a la calle a protestar, y también que hubo muchos controles policiales. Fueron momentos muy duros”, resume Marijo Etxaide tras secarse las lágrimas. En efecto, el mayor atentado del GAL fue respondido con amplias movilizaciones que, a su vez, fueron contestadas por las Fuerzas de Seguridad del Estado con cargas indiscriminadas. Incluso hubo burlas policiales hacia las familias de los fallecidos, como ocurrió frente a casa de los Etxaide en Zestoa (Gipuzkoa). “Cuando llegaban justo a la altura de la casa del refugiado muerto, los agentes policiales hacían sonar, una y otra vez, las sirenas y bocinas de tanquetas y vehículos”, informaba en aquellos aciagos días el diario Egin.

 

“Víctimas de segunda”

El dolor se amplificó con el paso del tiempo. En 2014, el gobierno de Mariano Rajoy impidió que accedieran a las nuevas reparaciones dirigidas a víctimas del terrorismo —lo que suponía equipararlas en materia de indemnizaciones con las causadas por ETA—, alegando que tanto ellos como otros 42 ejecutados por grupos parapoliciales no merecían tal distinción, ya que eran miembros de ETA. Curiosamente, en la práctica totalidad de los casos no existe ninguna sentencia judicial que establezca legalmente su pertenencia a dicha organización.

 

“Somos víctimas de segunda categoría”, afirma Etxaide a El Salto. De hecho, su caso es uno de los elevados al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en Estrasburgo con el objetivo de poner fin a la “discriminación” que sufren por parte de la administración española. “Todas las víctimas somos iguales, pero debe quedar claro que el terrorismo de estado no tiene justificación ninguna”, señala la hermana del asesinado en el Hotel Monbar.

 

¿Quién ordenó el atentado?

A la discriminación se suma la impunidad. Si bien Mattei y Frugoli fueron condenados como autores materiales del atentado, los responsables intelectuales jamás fueron juzgados. Hace unos seis años, un agente secreto francés, ya jubilado, que trabajó como reclutador de los GAL aseguró en un programa de la televisión gala que el ex subcomisario José Amedo estuvo implicado en la organización de aquel salvaje crimen.

 

Por su parte, el ex policía aprovechó su libro Cal viva para señalar a Sancristóbal, quien “había recibido órdenes de sus superiores políticos para que los GAL llevasen a cabo una gran operación que conmocionase a la comunidad etarra, pero que sobre todo impactara al gobierno francés que, según creía (el ex ministro de Interior) José Barrionuevo, estaba a punto de claudicar para empezar a colaborar con el español en la persecución de ETA”.

 

“Me he estremecido / ¿Quién pagaría esto? / Un escalofrío me recorre el cuerpo / Cuatro claveles rojos quedan en el recuerdo / y un sudor frío cada vez que lo cuento”, escribió Fermín Muguruza. Las campanadas a la muerte siguen estremeciendo.

https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/estado-discrimina-victimas-mayor-atentado-gal-hotel-monbar-baiona

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