Desmontando el ‘Guernica’ de Pérez-Reverte

- Lejos de las dudas arrojadas por el académico de la Lengua Arturo Pérez Reverte, las motivaciones y el proceso de encargo del 'Guernica' están bien documentadas y son fácilmente accesibles. 

- Unos 80.000 euros es el precio que se hubiera pagado, en 2018, a Picasso ya encumbrado como genio universal de la pintura, una ganga difícil de valorar como “una millonada”, según lo descrito por Pérez-Reverte

Dora Maar Guernica

 

Al mundo del arte ha llegado ese revisionismo propio del siglo XXI poco centrado en conocer la verdad para crear telarañas de mentiras. El último símbolo artístico denostado ha sido el ‘Guernica’ de Pablo Picasso. El académico, escritor, periodista y ahora experto en la vida y obra de Picasso según parece, Arturo Pérez-Reverte, lanzó un órdago el pasado miércoles en el diario El País afirmando que el artista andaluz había creado el famoso cuadro que hoy está expuesto en el Museo Reina Sofía “por una millonada” y “no por patriotismo”. La falsedad es fácil de destapar, aunque no tanto lo es frenar su avance viral en forma de falsa noticia. Decía el divulgador científico Isaac Asimov que muchas personas creen que la democracia significa equiparar al mismo nivel el derecho a la ignorancia con el conocimiento. La frase de Reverte es una mueca más dentro de la nebulosa espiral en la que ha entrado la revisión parcial e ideológica de parte de la historia en España.

 

Porque de Picasso, al que se le pueden atribuir muchos defectos relacionados con su carácter tosco y poco elegante, no se debe olvidar su compromiso con la Segunda República española y la lucha contra cualquier acto de barbarie y sumisión al débil. De ahí muchos de sus cuadros, tanto sobre acontecimientos internacionales como del conflicto bélico español o la posterior dictadura franquista. ‘Masacre de Corea’, haciendo un símil magistral histórico desde el siglo XIX con la obra de los fusilamientos del 3 de mayo de Francisco de Goya hasta llegar a la guerra de Corea, es un ejemplo del primer grupo. ‘Sueño y mentira de Franco’ está encuadrado dentro del segundo nivel junto al citado ‘Guernica’.

 

Para atajar el debate lanzado por el académico sobre las intenciones en la genialidad de Picasso es mejor empezar en su prehistoria. Cuando el 26 de abril de 1937, a partir de las seis de la tarde, comienzan los bombardeos más intensos sobre uno de los símbolos de los fueros vascos como es la localidad de Guernica, la noticia llega pocas horas después hasta más allá de los Pirineos. En concreto, a algunos delegados culturales del gobierno legítimo republicano desplazados a París para encontrar artistas dispuestos a colaborar con el pabellón de España en la Exposición Internacional de la capital francesa. El hombre clave de la historia es el ensayista bilbaíno Juan Larrea que junto a Josep Renau, José Bergamín y Max Aub, entre otros, será uno de los que más dolor siente por la Operación Rügen de la Legión Cóndor alemana.

 

En una carta fechada el 28 de mayo de 1937 el escritor Max Aub comenta a Luis Araquistáin que ha llegado a un acuerdo con Picasso para la realización del ‘Guernica’ “a pesar de su resistencia a aceptar subvención alguna"

 

El escritor vasco primero se dirigirá al pintor expresionista alemán Paul Klee, que amablemente rechaza la oferta republicana al no encontrarse en condiciones para reflejar lo que le piden. Entonces Larrea, estando en la estación de metro ‘Campos Elíseos’, decidió coger un taxi y marcharse hacia el taller del pintor malagueño. En ese momento, según relata José María Ucelay, quien fuera director general de Bellas Artes del Gobierno vasco durante la contienda civil, el ensayista bilbaíno tiene claro que es Picasso el que debe hacer el cuadro que refleje la crueldad del bando fascista. Empero, el artista, pasado unos días, solo tiene una idea superficial de lo acaecido y es una mezcla de pasión ideológica e indignación tras leer los hechos en el periódico que le traían cada mañana a casa, ‘L’Humanité’ [diario editado por el Partido Comunista Francés, N. del E]. Por ello, según palabras de Ucelay en una entrevista al diario El País en 1979, es Larrea el que decide “dictarle” cómo debe enfocar la temática del cuadro. Le explica con una metáfora muy española la motivación que debe servir de inspiración: “Imagínate -comenta Larrea a Picasso-, a un toro en mitad de una plaza al que han estado hiriendo sin piedad. El dolor del toro es tan intenso que logra escapar del ruedo y entra, furioso, en una tienda de porcelanas, done hay delicadas figuras de todo tipo, personas, animales… el toro se desahoga en el interior. Cuando se haya marchado, ¿te imaginas cómo habrá quedado la tienda? Pues así, más o menos, está ahora la villa de Guernica”.

 

El proceso de creación después de esta escena mental recreada por el literato está documentado fotográficamente por una de las mujeres en la vida del creador del cubismo, Dora Maar, permitiendo hacer una valoración aún más profunda. Sobre todo en aquello relacionado con el dinero que cobró Picasso al G obierno republicano o a quién pertenecería dicha obra de arte una vez fallecido el artista. Las respuestas son igualmente fáciles de responder investigando solo un poco en la intrahistoria del ‘Guernica’.  

 

El deseo del Gobierno republicano es reembolsarle al menos los gastos y de ahí que se le extendiera una cifra total de 200.000 francos de la época en dos partes

 

En el archivo del museo Reina Sofía se encuentran para su descarga y consulta varios escritos alrededor de la obra como un telegrama enviado por el dramaturgo nacido en Francia y miembro del PSOE republicano Max Aub a Luis Araquistain, también representante del partido socialista español y miembro destacado de la denominada generación del 14. En dicha misiva, fechada el 28 de mayo de 1937, Aub comenta a su compañero que ha llegado a un acuerdo con Picasso para la realización del ‘Guernica’, “a pesar de su resistencia a aceptar subvención alguna de la Embajada”. Y remarca el escritor francés: “(Picasso) hace donación de este cuadro a la República española”.

 

Aun así, según se describe en el despacho, el deseo del Gobierno republicano es reembolsarle al menos los gastos y de ahí que se le extendiera una cifra total de 200.000 francos de la época en dos partes; primero 50.000 unas semanas antes de José Gaos y luego los 150.000 restantes que aparecen en el documento de Aub. Para hacerse una idea de cuánto sería al cambio actual, se estaría hablando a día de hoy de unos 80.000 euros. Ese es el precio que se hubiera pagado en 2018 por un cuadro de Picasso, y no uno cualquiera, con el pintor cercano a los 60 años y en la cima de su proyección artística ya encumbrado como genio universal de la pintura. Una ganga difícil de valorar como “una millonada”, según lo descrito por Pérez-Reverte, teniendo en cuenta que el mismo Picasso se negaba a firmar una simple servilleta en los restaurantes a cambio de no pagar la comida, porque sabía que su rúbrica estaba incluso más cotizada que su arte por el frenesí comercial en el que estaba inmerso.

carta picasso moma

La única condición que puso el malagueño para regalar una de sus obras más brillantes a su patria natal fue que dicha creación artística solo podría volver a España cuando en esta hubiera una democracia. Bien es cierto que el término exacto que usó primero fue el de legitimidad republicana, pero tres años antes de su muerte cambió ese testamento artístico para sustituir la palabra “República” por la expresión “libertades públicas” en una carta -en francés- enviada al MoMa de Nueva York -que era el que tenía en su poder el ‘Guernica’- el 14 de noviembre de 1970. El motivo de este cambio en el último momento se debió a la influencia de su amigo José Luis Galicia, también pintor y responsable de los frescos de la catedral de la Almudena de Madrid. Le comentó que la relación entre su obra de arte y su odio al franquismo era equiparable a la Capilla Sixtina y el enfrentamiento de Miguel Ángel con los papas. “Nadie se acuerda de esos problemas, ven la Capilla Sixtina, la disfrutan y punto”, dijo a Picasso y lo convenció de que, como muchos creían en esa época, a los pocos meses de morir Franco se reestablecería no solo la democracia sino también un estado en forma republicana. Entonces el genio andaluz avisó a su última pareja, Jacqueline, para que llamara a Roland Dumas, abogado francés, con el motivo de quitar la palabra “República” de la cláusula.

Cuando el marchante de cuadros Petrus Mañach contrató en 1900 por un año al joven Picasso de 19 años por 150 francos mensuales es de suponer que sería difícil de imaginar que más de cien años después, entrado el siglo XXI, se estuviera debatiendo si el compromiso del genio español de la pintura era real o no en base a 150.000 francos siendo ya un reconocido artista en el cénit de su carrera. La realidad es que Picasso fue un hombre de carácter fuerte y de temperamento complicado como también lo era el de su coetáneo Salvador Dalí. Pero, a diferencia del catalán, el andaluz sí supo mantener con firmeza su razón de ser republicana, democrática y sin vacilar en ningún momento. Cualquier intento de manchar esta realidad picassiana no es más que tratar de hacerlo con un mal pincel por parte de un pésimo imitador.

 

Imagen: Las primeras fases de la composición del Guernica fueron retratadas por la artista francesa Dora Maar

https://www.elsaltodiario.com/arte/desmontando-el-guernica-de-perez-reverte

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