Un Supremo que huele a Franquismo

Era de esperar, a mi no me ha sorprendido nada de nada, esperaba esta suspensión cautelar de la exhumación del criminal de lesa humanidad del Valle de los Caídos, estos jueces que “supuestamente” simpatizan claramente con las ideas del sanguinario dictador, son de ideología ultraconservadora y jamás permitirían que al asesino se le saque de su tumba, les importa un bledo el dolor de cientos de miles de familias que seguimos abandonadas por el estado, desamparadas, queriendo sacar los huesos de nuestros muertos, sufriendo la humillación de quienes ejercen el poder más podrido para bloquear la memoria, la verdad, la justicia y la reparación.
 
Francisco Franco encabezó un golpe de estado fascista contra una democracia legítima, estuvo respaldado por la oligarquía española, por organizaciones neonazis como Falange o Acción Ciudadana, por una Iglesia Católica que aún hoy en día no ha podido limpiar la sangre de las sotanas de sus curas, un militar sedicioso que coordinó las múltiples ejecuciones extrajudiciales, las masivas violaciones de mujeres republicanas, el robo de niños y propiedades, los tiros en la nuca, los cientos de centros de tortura, por donde pasaron miles de mujeres y hombres que fueron destrozados por el salvaje maltrato.

Pero ninguno de estos hechos hace reflexionar a los señores jueces que por unanimidad paralizaron lo que ya el gobierno había decidido, trasladando el próximo 10 de junio los restos del fascista al cementerio de Mingorubio-El Pardo.
 
Ni siquiera las decenas de crímenes cometidos en su inmensa mayoría durante la dictadura, después de la llamada Guerra Civil, hace reaccionar a los togados del Supremo, más bien todo lo contrario, agarrándose a cualquier artificio legal para seguir humillando a las familias de los asesinados, exaltando la figura de un personaje que ha entrado en la historia como lo peor de la especie humana.
 
La Justicia española ha demostrado sobradamente su incapacidad para perseguir los crímenes de la dictadura y reparar a las víctimas, resultando surrealista la protección cautelar y urgente de la familia del dictador, pasando por encima y desentendiéndose de las familias de las víctimas, burlándose de nuestro dolor añejo, de las heridas abiertas que no cerrarán mientras no se haga justicia, mientras no se exhume cada fosa, cada cuneta, cada sima, cada espacio para el exterminio, del que está sembrado cada rincón de un estado  español que ahora mismo es la vergüenza del mundo democrático.
 
 
 

De la ocultación de un genocidio

 

Cuando presentamos en la Embajada Argentina en 2015 como denuncia a incorporar a la "Querella argentina" más de 1.800 asesinatos franquistas con nombres, apellidos y lugar de asesinato en Canarias, en un trabajo titánico de investigación realizado por dos abogados en apenas mes y medio, un inmenso esfuerzo y sin cobrar un céntimo, que de haber tenido más tiempo y tener más medios se hubiera llegado a muchos más crímenes fascistas en las islas, se demostró que fueron muchas las personas desaparecidas, que los datos de algunos historiadores a sueldo del régimen borbónico actual están falseados, basados en datos que dulcifican el genocidio, encubriendo a los criminales. 

 

Evidentemente la "Historia oficial" prevalece sobre las investigaciones que se salen del tiesto de lo políticamente correcto, que provocan que los acomodados al estatus quo con buenos sueldos y plazas fijas en la administración pública se echen las manos a la cabeza, justo en el momento en que se produce cualquier "desvío" de lo que se dejó "atado y bien atado" en la farsa de Transición hecha a la medida de los asesinos, de sus herederos encubridores, y no digamos de los partidos actuales defensores a ultranza del régimen monarcofranquista español.

 

Cuando hay personas desaparecidas en una dictadura siempre sucede lo mismo, en Argentina también se cuestiona y se dice desde los sectores cercanos al fascismo que son cifras desproporcionadas, que solo fueron unos pocos miles los que fueron torturados y asesinados salvajemente. 

 

En Canarias y resto del estado ha pasado exactamente lo mismo, más en estas islas desafortunadas, que por el enquistamiento oligarquico en cada estamento se ha ido ocultando, encubriendo, falsificando, edulcorando lo que fue un genocidio salvaje, en una zona sin frente bélico, con una programación premeditada meses antes del golpe de estado del asesinato de miles de personas vinculadas directa o indirectamente a la democracia republicana. 

 

La verdad absoluta no existe, es muy difícil cuantificar la cantidad exacta de asesinatos, a las familias se le decía en los campos de concentración, centros de detención y comisarías cuando iban a buscar a sus familiares que ya los habían liberado, cuando en realidad ya estaban en el fondo de pozos, simas volcánicas, fosas, cunetas o el propio mar.

 

Si en un trabajo a toda prisa para enviar a la jueza Servini llegamos a 1.800 crímenes, si solo en San Andrés (Tenerife) hay 300 cruces de cemento en el fondo del mar, puestas por los familiares de los desaparecidos en ese pueblito pescador.

 

¿De cuántos desaparecidos podemos estar hablando solo en Canarias? 

 

La historia, la memoria, no es patrimonio exclusivo de nadie y jamás absolverá a quien la manipula o tergiversa.
 
Imagen: Soldados franquistas frente a los hombres de un pueblo. El asesinato y la desaparición masiva de opositores, algo usual durante la dictadura fascista española. (foto: Ansa)
 
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