Muere por coronabirus Billy el Niño, torturador del régimen dictatorial franquista y etc.

 
Resulta que es y se hace noticia el que haya muerto un sádico y un asesino. Pero sobre todo se hace más noticia porque el torturador lo ha sido del franquismo, sí, del franquismo a secas. Vaya, no le pongamos ni apellidos ni adjetivos al franquismo como si éste no estuviera más que emparentado con lo peor del fascismo, del nazismo y de cualquier régimen dictatorial. Así lavamos -lavan- la cara del franquismo, es decir, aquí paz y después gloria, como si no hubiera pasado nada.
 
Pero sí ha pasado y mucho, porque no se pueden cargar -ni un poco siquiera- las tintas al franquismo, porque de él hemos heredado por aclamación -aclamanción impuesta- la transición del 78 y con ella el nombramiento fantasmal de los borbones, más el borrón y cuenta nueva de todos los crímenes del régimen nazi-fascista, crímenes que no prescriben, según cualquier lectura que se haga de lo que Naciones Unidas considera como crímenes de lesa humanidad, como lo son, especialmente, la tortura y las detenciones arbitrarias, especialidad de Billy el Niño.
Ahora, el establishment, necesita sacudirse cualquier posible relación con el torturador porque lo encasilla como perteneciente al franquismo, mientras que este siniestro personaje, disfrutó de sus ensangrentadas condecoraciones y de sus correspondientes pagas extra como si nada hubiera pasado. Todo ello con la venia y la complicidad de los sucesivos gobiernos, parlamentos y demás autoridades. Solo les faltó ponerle el nombre de alguna calle o plaza. Posiblemente no se les ocurrió.
 
Ni hay ni valen disculpas, y menos de tipo legal, porque para cualquier otra cosa sí hay voluntad y ganas, y sobran, de legislar y de aplicar lo que haga falta, desde recortes de las prestaciones sociales hasta limitaciones o supresión de libertades y derechos cuando están supeditados al sagrado modelo económico neoliberal o lo ponen en peligro.
 
Más allá del contenido mismo de hechos de este tipo y de pretender eludirlos mirando para otro lado, no deja de ser inquietante constatar que el franquismo, de modo descarado y de otras muchas maneras, sigue conservando su esencia en la cultura política de cada día y en cantidad de tics. Basta observar a qué dirigentes políticos y de qué paises tienen como colegas y como refenretes nuestros líderes y dirigenes políticos, comenzando por la monarquía.
Como amigos, a los mismos, a los equivalentes de los tiempos del franquismo y, como enemigos, a los de siempre. Es decir, el franquismo (no) ha muerto, viva el franquismo.
 
 
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