El juez Baltasar Garzón y la Ley de la Memoria

Si algo podía dejar al descubierto las impudicias de la llamada Ley de la Memoria

es la admisión a trámite de la querella que el sindicato protofascista denominado “Manos Limpias” ha presentado contra el juez Baltasar Garzón. 

Es indudable que Garzón, con una posición que podemos considerar como voluntarista, ha intentado suplir aquello que la ley no cumple en absoluto, la denominada Ley de la Memoria es una ley de punto final que consagra la impunidad de los delitos de lesa humanidad cometidos por el franquismo, cuestión que Garzón intentó superar por la vía judicial iniciando un proceso por dichos crímenes.  

Si la ley hubiese recogido las tres reivindicaciones básicas que hacemos en FAMYR, que son “Verdad, Justicia y Reparación”, ni Garzón ni ningún otro juez hubieran tenido que comenzar ningún nuevo camino procesal, solo habrían tenido que ocuparse de aplicar dicha ley. 

Por ese motivo las asociaciones memorialistas agrupadas en FAMYR (Federación Asturiana Memoria y República), que junto con el grupo de asociaciones memorialistas de toda España unidas en torno al llamado informe del Equipo Nizkor representan el núcleo más combativo en cuanto a la recuperación de la memoria republicana, rechazamos de plano la redacción de esta ley. 

Esta ley no recoge los principios que la legislación del derecho internacional dictamina para los crímenes de lesa humanidad, acuerdos que España a subscrito aunque no los cumpla; En una declaración de los primeros años de la ONU se declaró el carácter fascista del régimen franquista y que por ello le son aplicables las leyes de Nuremberg. 

Por mucho que algunas organizaciones políticas, a las que pertenecen los diputados votantes de la ley lo intenten justificar, como ocurre con el sector de IU más afín a Gaspar Llamazares, que intenta por todos los medios patrocinar plataformas y eventos donde pueda defender sus posiciones sobre las bondades de esta ley, la triste realidad hace que acciones como las de “Manos Limpias” les deje al descubierto sin ninguna argumentación para cubrir sus vergüenzas en este tema. 

El devenir de la historia y de los hechos, la incontrovertible “Demagogia de los Hechos” que escribió Julio Cerón allá por los primeros años sesenta, ponen a cada uno en su sitio, y esta ley tarde o temprano acabará en la papelera, arrojada allí por el derecho internacional que algún día, por fin, se tendrá que aplicar en nuestro país.

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