Sector del juego: Vivir fuera de juego, antes de que sea demasiado tarde

Las casas de apuestas continúan creciendo al mismo tiempo que se incrementan los casos de ludopatía

Juego maquinas tragaperras

 

Los dos clubes deportivos más importantes de la capital alavesa podrían ser un claro ejemplo de la dimensión que está tomando el negocio de las apuestas. El Baskonia, a comienzos del año 2018, conseguía un nuevo patrocinador que también sería el nombre del equipo en las competiciones oficiales: KirolBet. El Deportivo Alavés, una vez finalizada la temporada, anunciaba un nuevo patrocinador: Betway. Dos casas de apuestas, una con nombre en euskera, la otra en inglés, pero con más de un punto en común. Entre otros, comparten sede fiscal: Malta.

 

Sería iluso centrarnos en un equipo de fútbol y en otro de baloncesto para darnos cuenta que la realidad de las apuestas, mucho más allá de lo deportivo, se ha convertido parte de nuestra realidad. Gasteiz, es un claro ejemplo de ello. La mayoría de las veces escondido, pero la preocupación se extiende entre las más jóvenes… Y no tan jóvenes. 

 

Esta ciudad tiene, a día de hoy, un total de 27 salones de juego abiertos, pero a finales de año serán 32. Todo ello, en una ciudad en la que apenas viven 250.000 personas. Dos salones de juego por cada barrio, un salón de juego por cada 8.000 habitantes. En el año 2017, la Asociación de Jugadores en Rehabilitación de Araba atendió a 146 personas, el 2% menores. Un dato más: el 89% de las personas atendidas eran hombres. 

 

En el año 2017, la Asociación de Jugadores en Rehabilitación de Araba atendió a 146 personas, el 2% menores

 

Históricamente, uno de los grandes retos del movimiento juvenil de Euskal Herria ha sido analizar -y si es necesario, darle la vuelta- donde y de que manera pasan su tiempo libre las personas más jóvenes. Un reto que también ha querido abordar la asamblea de jóvenes de Judimendi, un barrio de Gasteiz ahora preocupado por la irrupción de los salones ya mencionados. Tras más de un año de trabajos de inspección, entrevistas o encuestas, han publicado un libro para concienciar sobre los riesgos de estos espacios. El Salto ha querido conocer de cerca ese trabajo.

 

Las palabras ‘Salón de Juego’ con luces de colores, una puerta triple y parpadéos de las máquinas dan la bienvenida al nuevo local de Judimendi. A pocos metros, nos reunimos con dos de las jóvenes que conocen muy de cerca lo que nos podemos encontrar dentro. “Observamos que mucha gente joven de nuestro alrededor pasaba mucho tiempo en estos salones. Esa fue una de las razones principales para comenzar esta campaña”, explica Virginia Gomez (Gasteiz, 1996). 

 

Junto a ella está Igor Serna (Gasteiz, 1995), otro joven de la asamblea que recuerda las llamadas recibidas por padres y madres de otros barrios preocupadas por los locales que pretenden abrir en más barrios. Y es que, a pesar de que hayan empezado un trabajo centrándose en el edificio situado en la calle Olagibel, en palabras de las jóvenes del barrio “estamos ante un problema de toda la ciudad”.

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Trabajos de observación dentro y fuera del salón

El primer paso de la asamblea fue comenzar una discusión y formación interna dentro del colectivo: “Viendo la necesidad de formación, hicimos una lectura conjunta sobre el juego y las consecuencias de éste”. Una vez sacadas las primeras conclusiones, empezaron los trabajos de observación dentro del local, identificando los diferentes usuarios que acudían al salón de forma habitual. En el libro han querido destacar tres, los más habituales. Hombres de edad avanzada que están solos en el salón de juegos, hombres más jóvenes con una pareja -mujer mayoritariamente- y por último, chicos jóvenes que apenas superan los 18 años de edad. Estos últimos, sin embargo, no van solos: frecuentan los locales los fines de semana y en cuadrilla. “¿Por qué lo poco que tienen para el fin de semana, la paga que les dan sus padres o madres en muchos casos, son capaces de gastárselo en apenas unas horas?”, se preguntan.

 

Viendo anuncios en internet o en diferentes soportes, no es difícil sacar otra de las conclusiones que la asamblea pudo analizar: “La mujer está totalmente hipersexualizada”. Se refieren a la decoración que nos podemos encontrar en las máquinas de juegos. Un aliciente más para entender los perfiles ya descritos. 

 

Pero la “inspección” no se limitó a trabajos de observación. Para conocer con más profundidad el funcionamiento interno, consiguieron entrevistar a dos antiguas trabajadoras del mencionado salón de juegos. Las dos denuncian “controles exhaustivos”, siendo controladas por un empresario que tiene varias cámaras en el interior: “Las cámaras sirven para controlar a las empleadas, pero también los roles de la gente que se acerca a apostar”. 

 

Un problema extendido a los comercios vecinos

Máquinas, ruletas al más puro estilo Las Vegas, tragaperras… Pero estos salones tienen también servicio de bar, con precios demasiado bajos según denuncian los bares de alrededor. Es más, desde que se abrió el local, dos bares colindantes centrados en desayunos han tenido que cerrar la persiana. “Un horario más amplio que el resto -el salón los fines de semana cierra poco más de tres horas al día-, puede generar más cierres de comercios locales a medio plazo”, lamentan las jóvenes.

 

Mediante diferentes encuestas recogidas en el libro, varias vecinas denuncian el aumento de los disturbios mientras que, paralelamente, aumenta la presencia policial. “El consumo de droga crece, el tráfico se da incluso dentro del local”, denuncia Gómez. Una de las conclusiones que sacan en este apartado es que “tras la excusa de las drogas y los disturbios quieren establecer un control social”.

 

A pesar de todo lo explicado, desde la asamblea reconocen que hay vecinas que no piensan lo mismo. “Nos han dicho estar contra los salones de juego, pero ven el edificio como un bar más”, lamenta Serna. Es más, en otros casos, las respuestas recogidas por el vecindario han sido más simples: “Es opción de cada cual hacer apuestas”, les han insistido.

 

Más testimonios, esta vez más allá de las vecinas, también les han sorprendido: “Nos hemos encontrado apostando con personas que han estado atendidas por educadoras sociales”. En el momento en el que describen lo dentro visto, les vienen a la cabeza luchas de otras ciudades: “Estos salones no los colocan en en el centro de Madrid o Burgos; buscan abrir los negocios en barrios obreros como Fuenlabrada o Gamonal. Son muy capaces de jugar con las necesidades socioeconómicas”.

 

No queremos terminar la tertulia en Judimendi sin lanzarles una pregunta: ¿Por qué no acercarse a este salón siquiera a tomar un café? Nos responden con otras cuantas: “Si unos pocos ganan dinero, ¿quién lo pierde? Si una gran empresa tienen grandes beneficios, ¿qué comercios pierden clientela? ¿Queremos construir una comunidad de estas características?” Para sus propias preguntas, tienen una sola respuesta: “Pierde el barrio”.

 

Una campaña acompañada de un libro para los más jóvenes

“Un problema más que normalizado”. Así definen las invitadas el juego y las apuestas. Sin necesidad de ningún tipo de investigación, concluyen que son las personas jóvenes las más vulnerables: “El juego quiere controlar a las personas. Y en cuanto a las jóvenes, todo dueño sabe como actuar, sabiendo que muchas veces necesitamos o queremos el dinero para un momento concreto, sin necesidad de mirar a largo plazo”. Para trabajarlo desde un punto de vista juvenil comienza en Judimendi una campaña encaminada a las personas más jóvenes, concienciando sobre la ludopatía y advirtiendo sobre los riesgos de entrar en uno de éstos, sea como usuario o para trabajar.

Mientras observan de que manera nacen más locales de este tipo en diferentes puntos de la ciudad, confían en que el libro sirva para el resto de barrios, también para todas esas madres y padres que les llamaron algún día. Mientras tanto, y tras más de un año de trabajo, el libro Fuera de juego en el barrio. Unas cuantas observaciones sobre los salones de juego producido por la asamblea de jóvenes, ya está disponible en diferentes puntos de Judimendi. En palabras de Serna, “habría que hacer algo desde las instituciones, pero ya que no tenemos muchas esperanzas, esperemos que se cree una red para hacerles frente”.

 

Foto: Mikel Buruaga

https://www.elsaltodiario.com/sector-del-juego/vivir-fuera-de-juego-antes-de-que-sea-demasiado-tarde

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