Arquitectura de la Desigualdad (102)

Fuente Viñeta: http://oficinaprecaria.org/

 

"En los últimos meses el discurso dominante de la clase política tradicional de este país es que ya pasamos lo peor de la crisis e iniciamos la remontada. Volvemos a ser un país en crecimiento, en pleno desarrollo y, además, “no vamos a dejar a nadie atrás”. Bueno, igual se nos quedan algunos cientos de miles; aquellos y aquellas que siguen en el desempleo, quienes encuentran trabajo precario y temporal que no les permite llegar a fin de mes, otras a quienes habrá que desahuciar por impagos varios, muchos a quienes se cierran las fronteras pese a huir de la guerra o la miseria, mujeres que seguirán haciendo el invisible trabajo de cuidados y jóvenes que tendrán que emigrar en busca de un futuro laboral y proyecto de vida que aquí no tienen. Pero a estos miles de hombres y mujeres los invisibilizamos, los hacemos desaparecer de los informativos y reportajes de interés periodístico y volvemos a dibujar una irreal sociedad de individualismo, confort y consumo, en crecimiento continuo y constante"

Jesús González Pazos


En nuestra última entrega nos quedamos comentando todas las falacias asociadas a la difusión del paradigma sobre el "emprendimiento" que intentan extender desde la clase dominante. Algo que por supuesto no es bueno ni malo en sí mismo, pero bastante malo si se hace denigrando lo público, y extendiendo un manto de insostenibilidad de los servicios públicos, así como una mala imagen de los funcionarios públicos. El mantra del emprendimiento se nos presenta como una forma de interiorizar que en la sociedad capitalista en la que vivimos el hecho de ser empresario es, por definición, bueno para la misma: crea empleo (empezando por nosotros mismos), genera riqueza, ayuda al crecimiento económico...en fin, toda una panacea. Como norma general se omite en qué condiciones podemos hacer todo eso, y quién gana y quién pierde bajo este modelo del ¡Todos empresarios! Se barren las clases sociales bajo esta filosofía, ya todos somos iguales (la falacia de la inexistente "clase media"), y además quien no lo consiga, será un fracasado, y de él/ella será únicamente la culpa. Bajo el discurso de la emprendeduría se oculta la más terrible ideología neoliberal, dispuesta a difundir todos sus peligrosos valores, hasta conseguir hacerlos universales. En el fondo, lo peor de este maquiavélico discurso es que pretende que asumamos que la culpa del desempleo, del trabajo precario y temporal, de que al final de nuestra vida laboral no tengamos pensiones o de que la juventud tenga que exiliarse para poder desarrollar una carrera profesional, entre otras consecuencias, radica en nosotras y nosotros mismos. Es decir, se pretende ocultar precisamente la existencia de una arquitectura de la desigualdad perfectamente planificada. La responsabilidad se traslada al propio individuo, que asume que si la sociedad es desigual es porque existen inútiles, vagos y fracasados por un lado, y gente brillante, trabajadora y exitosa por otro. 

 

Remito a mis queridos lectores y lectoras a las primeras entregas de la serie, donde ya pudimos desmontar este despiadado discurso desde varios puntos de vista. Jesús González Pazos lo resume en este artículo de forma brillante: "El sistema neoliberal dominante no tiene la culpa, la ambición desenfrenada del empresariado y los mercados por aumentar sus beneficios tampoco, ni las enormemente favorables condiciones para el despido, la precarización del trabajo o los recortes en derechos, como no la tienen esas élites económicas que hoy marcan los dictados de la política local, regional o internacional; la culpa de la situación de las grandes mayorías pareciera que está mayormente en su incapacidad por ser emprendedoras". Este modelo imperante, por tanto, ha de ser abolido, rescatando no sólo la fuerza laboral de la clase obrera, sino volviendo a recuperar los valores de la igualdad, de la unión, de la solidaridad, de la cooperación y del bien común, en vez del egoísmo exacerbado y del individualismo propio de los "empresarios" del momento. Porque lo cierto es que una sociedad donde todos y todas seamos emprendedores/as es materialmente imposible, pero sí es posible una sociedad donde todos/as podamos ser parte activa y solidaria en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Las instituciones de carácter y tipología neoliberal nos bombardean con publicidad sobre este discurso dominante: "Oportunidades de negocio para emprendedores", "El Gobierno aprobará ayudas para los jóvenes emprendedores", "Premios a las instituciones que apoyen el emprendimiento", "Los escolares serán formados en las posibilidades del emprendimiento", "Más del xx% de los jóvenes desean ser empresarios"...y un largo etcétera, pero al final se impone la realidad: "La mayor parte de los emprendedores fracasa ante de 3 años", "El 70% de los autónomos preferiría ser asalariado/a", y otros titulares que desenmascaran el bulo y la propaganda que nos ofrece el pensamiento dominante.

 

Por ejemplo, este reciente artículo de Eduardo Bayona para el medio Publico pone de manifiesto unas cifras muy claras al respecto: "420.000 autonómos comenzaron contra su voluntad y 650.000 quieren ser asalariados".  No parece por tanto que sea una vía muy exitosa ni garantista. El autor complementa los datos con otras cifras: más de 40.000 autónomos comenzaron como trabajadores por cuenta propia porque se lo impuso su empleador (figura muy típica durante los últimos años), y otros 413.000 lo son porque es la práctica habitual en la actividad a la que se dedican, que no parece por tanto que sea una razón de peso, o bien que obedezca a una decisión propia. Todos estos datos están basados en el Módulo sobre la Actividad por Cuenta Propia de la EPA (Encuesta de Población Activa). Casi 340.000 autónomos operan integrados en estructuras de empresa, disfrazando la figura del falso autónomo, surgida al albur del crecimiento de las cadenas de subcontratación llevadas a cabo por las grandes empresas, que de esta forma se liberan de personal veterano con trabajo digno, y desvían sus tareas a terceras empresas o a falsos autónomos que resultan más baratos. Esto además engorda ficticiamente los datos de afiliación a la Seguridad Social, ya que lo que aparenta ser un aumento de la afiliación encubre en realidad un relevo de trabajadores veteranos por falsos autónomos. En el fondo volvemos a llegar por enésima vez a la misma conclusión: se fomenta conscientemente la desigualdad. A todo ello hay que sumarle las rebajas propias de las coberturas del Régimen Especial de Autónomos, que ofrece menor protección ante accidentes de trabajo y enfermedades laborales. El sistema es, por tanto, además de desigual, tremendamente injusto. Todo lo cual nos lleva a concluir que el famoso y tan cacareado paradigma del emprendimiento no es más que un bulo de la clase dominante para continuar consagrando la arquitectura de la desigualdad. 

 

Por el contrario, quien tiene que convertirse en emprendedor es el propio Estado, ya que dejar el protagonismo y la iniciativa al sector privado es un craso error. Lo que hace este "Estado emprendedor" es establecer una especie de relación simbiótica entre el sector público y el privado, sin excluir ninguno de los dos, pero cumpliendo su misión principal, que no es otra que garantizar los puestos de trabajo a las personas cualificadas que lo deseen, para que cubran las necesidades que la comunidad establece, atendiendo no sólo a la rentabilidad económica, sino a la rentabilidad social. Esta idea es la que hemos denominado Plan de Trabajo Garantizado (PTG), plasmándose en un conjunto necesario de puestos de trabajo a cubrir, de todas las profesiones, tareas y cualificaciones posibles que la comunidad necesite (típicamente, un Ayuntamiento o una Comunidad), y que ésta ofrecerá a su población, asegurando que se trata de necesidades que la comunidad precisa cubrir, y que las personas seleccionadas disfrutarán de un trabajo digno, estable y con derechos. Los PTG también nos llevan al debate político y social sobre la naturaleza del trabajo, que dejaremos para un poco más adelante, porque antes de entrar en el debate sobre los tipos de trabajo (formal e informal, papel de las tecnologías, trabajos reproductivos y de cuidados, etc.), vamos a dedicar algunos párrafos a exponer lo que pudiéramos denominar como la "gestión neoliberal de la pobreza", lo que a su vez nos conectará en su momento con las medidas de Renta Básica Universal (RBU) y los ya citados Planes de Trabajo Garantizado (PTG). Bien, hemos de partir de un análisis previo de la actual gestión que nuestras Administraciones Públicas realizan en torno a las personas desempleadas, un aspecto fundamental de nuestras políticas sociales, plasmadas sobre todo en las medidas de Rentas Mínimas de Inserción y en los Planes de Formación. En este sentido, Juan Ramón Rodríguez Fernández es uno de los autores que lo ha expuesto con profundidad, y voy a tomar a continuación la reseña que sobre su libro "Entreteniendo a los pobres" realiza Enrique Javier Díez Gutiérrez en este artículo para el medio digital Rebelion.org.

 

Las características principales de dicha gestión son las siguientes, a grosso modo: su escasa financiación pública, su pobre alcance y cobertura social, la estigmatización social que estos programas imprimen en las personas beneficiarias de los mismos, su carácter burocrático (lo tomaremos como un argumento fundamental a la hora de defender la RBU), y su papel cómplice a la hora de contribuir al mantenimiento y legitimación del sistema capitalista y del injusto orden social que éste promueve. Hablamos de "gestión neoliberal de la pobreza" en el sentido en que este triste hecho social deriva también en nuevos nichos de negocio, expresados por ejemplo en la existencia de numerosas entidades privadas nacidas para gestionar el negocio de los cursos de formación para pobres. Aquí tendríamos un buen ejemplo para los profesionales que se dedican a estas tareas en los PTG, ya que en vez de ser las entidades privadas las encargadas de gestionar la labor de estos profesionales y de estos cursos, serían directamente las Administraciones Públicas implicadas. Así, a través del mito de la "empleabilidad" de los pobres y de los "itinerarios formativos" a que se les somete, se diseña todo un conjunto de empresas y actividades que surgen precisamente...porque hay pobres. Enrique Javier Díez Gutiérrez, basándose en el magnífico texto de Juan Ramón Rodríguez Fernández lo resume con cierta ironía en los siguientes términos: "Las acciones de formación en los Itinerarios Personalizados de Incorporación Social pueden considerarse como una pedagogía del déficit, en donde las personas pobres tienen una serie de lagunas, carencias, déficits formativos, actitudinales, personales, etc., que dificultan su inserción en la sociedad salarial. Por ello, la formación en estos programas se tiene que centrar exclusivamente en fomentar competencias y habilidades profesionales que potencien la empleabilidad de estos colectivos: cursos de formación prelaboral, cursos de formación profesional específica, cursos sobre cómo elaborar un currículum vitae, cómo afrontar las entrevistas de trabajo, cómo buscar empleo por Internet, cursos sobre cómo emprender y crear tu propio negocio y un largo etcétera de acciones que se orientan a favorecer la empleabilidad de este colectivo. Así mismo, en esta misma lógica se podrían encuadrar todos los cursos dirigidos a dotar de habilidades sociales, personales y actitudinales: cursos de mejora de la autoestima, cursos de habilidades sociales, cursos de inteligencia emocional, etc. Porque, como todo el mundo sabe, lo que las personas pobres necesitan son cursos de autoestima y de inteligencia emocional para poder gestionar su situación de exclusión". Continuaremos en siguientes entregas.

 

Fuente Viñeta: http://oficinaprecaria.org/

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