Feminismo y masculinismo, dos caras de una misma moral reaccionaria

Para el feminismo, bastaría con reeducar a los hombres para conseguir una sociedad más justa. Es decir, el feminismo deposita la responsabilidad de la opresión y de las injusticias sociales en los individuos aislados, concretamente, en los hombres y en su masculinidad, pasando por alto las condiciones materiales que determinan las relaciones sociales que conducen a la discriminación, la opresión y la violencia interpersonal. Es decir, las teorías feministas ignoran el sistema social al que se ven sometidos tanto hombres como mujeres y cómo éste determina su modo de relacionarse [1].

 

Esta forma de interpretar el mundo es más o menos la misma que ha venido utilizando históricamente la iglesia para alejar toda sospecha del orden social de dominados y dominadores (función para la cual fue creada), un orden brutal e inhumano que conduce a la cosificación y mercantilización de los individuos y a que entre ellos se traten como simples medios para alcanzar un fin, nunca como fines en sí mismos. El feminismo es una visión idealista que, como la religión, es muy útil para alejar toda responsabilidad del capitalismo, un orden social esclavista que enriquece a unos pocos a costa de embrutecer a la mayoría.

 

Como toda explicación idealista de la realidad, el feminismo ha ido perdiendo credibilidad con el paso del tiempo, al quedar probado por los hechos que, por más reeducación masculina que se haga, la opresión y la injusticia que sufren las mujeres, no sólo no se atenúa, sino que aumenta año tras año (nunca había sido tan elevado el número de mujeres que se dedican a la prostitución como en la actualidad), además de que dicha opresión no es muy diferente a la que sufre la inmensa mayoría de los hombres, simplemente se manifiesta de formas diferentes (el número de muertos por homicidio es mucho mayor entre hombres que entre mujeres).

 

Indudablemente esto está causando cada vez más malestar en la sociedad, especialmente entre los hombres, a quienes, desde hace tiempo, se les viene acusando de ser los responsables de todos los males que sufren las mujeres y la sociedad en su conjunto debido a su condición sexual (criminalización de la masculinidad). 

 

Ya sea porque este malestar podría hacer saltar por los aires, uno por uno, los cimientos de la sociedad divida en clases, pues podría llevar a muchos explotados, especialmente a los hombres -criminalizados por el mismo sistema que les oprime- a rebelarse violentamente contra el verdadero responsable de la barbarie social en la que nos encontramos sumidos, o porque, simplemente, la perdida de credibilidad del feminismo impide ya a la burguesía movilizar con la misma fuerza que antes a la clase obrera en favor de sus intereses, ha hecho que los intelectuales del régimen hayan tenido que idear una nueva cosmovisión idealista con la que ocultar de nuevo la responsabilidad del sistema capitalista en el actual malestar social (en este caso, el malestar de los hombres), de tal modo que se pueda movilizar a la clase obrera con la misma fuerza que antes; para lo cual, ha sido necesario volver a depositar la culpabilidad en los individuos aislados, pero esta vez en sentido inverso. Así aparece el antifeminismo, al que algunos prefieren denominar masculinismo.

 

Se podría decir que el feminismo fue creado con la intención de ocultar la responsabilidad del capitalismo en la situación que hoy sufren la mayoría de las mujeres, concretamente las mujeres pertenecientes a la clase obrera, acusando de un modo genérico a los hombres de su malestar; y el masculinismo surge con la intención de desviar el malestar que está creando entre los hombres de la clase obrera este aparato ideológico del capitalismo llamado feminismo, hacia un punto que sea de nuevo inofensivo para el sistema, responsabilizando de este malestar, no sólo al feminismo, sino también haciéndolo de un modo genérico con las mujeres. 

 

El masculinismo, aprovechando el malestar que está generando entre los hombres la creciente agresividad del feminismo (debido al deseo de sus principales representantes ideológicos por copar posiciones de poder en la gestión del sistema de explotación capitalista, que ha provocado un aumento del grado de ensañamiento contra los hombres), tiene la oportunidad de ganarse la simpatía de la mayoría de los hombres con argumentos misóginos que canalicen su ira y desvíen su atención del verdadero responsable (el capitalismo), sumiéndoles en una guerra de sexos contra las mujeres que garantizaría la supervivencia del capitalismo, permitiendo además a los defensores del masculinismo ascender hasta posiciones de poder dentro de aquél (como está siendo el caso de Vox, cuyo antifeminismo está inspirado por las teorías masculinistas) de un modo similar a cómo lo han hecho ya los partidarios del feminismo. 

 

El masculinismo, igual que el feminismo, niega que sean las condiciones materiales (la brutal explotación capitalista) las que determinan las relaciones sociales, y también, igual que el feminismo, deposita la responsabilidad en los individuos aislados, en este caso, en las mujeres, a quienes acusa de ser, en muchos casos, las responsables de los problemas de los que se queja el feminismo: "ellas eligen ir con hombres violentas o ellas son las que provocan reacciones violentas en los hombres, incluso a veces, ellas son las violentas"; el capitalismo y la psicosis social a la que éste nos aboca no son tenidas en cuenta según el argumentario masculinista. Además, para el masculinismo, los problemas que sufren los hombres son culpa de las mujeres: "es su egoísmo lo que lleva a muchos hombres a matarse a trabajar o a matarse en las guerras"; el capitalismo, con su competitividad y afán de lucro, vuelve a quedar excluido de sus análisis. 

 

En el caso del masculinismo, la forma de eximir de responsabilidad al capitalismo es doble, no sólo por depositar la culpabilidad en el individuo por cuestión de su sexo, como también hace el feminismo, sino por negar toda vinculación entre el feminismo y el capitalismo, pues, según los masculinistas, el feminismo no sería un aparato ideológico del capitalismo destinado a parchear los problemas que el mismo provoca, sino una herramienta de izquierdistas y marxistas (mayoritariamente mujeres) para auparse a posiciones de poder en el capitalismo.

 

Si el feminismo es la negación, el masculinismo sería la negación de la negación, es el parche del parche.

 

El feminismo diría a las mujeres (y al conjunto de los explotados) algo así como: "los problemas que sufren las mujeres son culpa de los hombres, no del capitalismo. Bastaría con reeducarles para que las mujeres sean felices en el capitalismo". Mientras el discurso masculinista estaría diciéndonos algo así como: "los problemas que sufren las mujeres se los buscan ellas mismas, además de que, muchas veces, son las culpables de los problemas que sufren los hombres. Por eso, la culpa es de las feministas, grupos de mujeres que se victimizan para presionar al Estado para que legisle a favor de sus intereses y en contra de los hombres, no del capitalismo. Basta con que el Estado desoiga sus reivindicaciones para que los hombres vuelvan a ser felices en el capitalismo".

 

Es decir, tanto unos como otros buscan con sus argumentos perpetuar un sistema social bárbaro, que, inevitablemente, acaba degenerando siempre en cosas como las que critican los feministas o como las que critican los masculinistas. Y es que el interés de unos y otros, como lo fue en su día el de la iglesia, no es acabar con la raíz del problema, sino suavizar el problema para que no se vea cuál es su raíz: un sistema basado en la brutal opresión de la mayoría (compuesta igualmente por hombres y mujeres) por una minoría, a la que también pertenecen, o aspiran a pertenecer, los ideólogos del feminismo y del masculinismo.

 

El feminismo y el masculinismo, como todo idealismo, carece de todo fundamento lógico. Y es que, ante la imposibilidad de justificar racionalmente la esclavitud, el cinismo es el recurso favorito de la burguesía. El feminismo busca abolir las desigualdades entre hombres y mujeres para que las mujeres tengan las mismas posibilidades que los hombres de participar en un sistema que se basa en la generación de desigualdades. Y el masculinismo denuncia el desequilibrio que provoca el feminismo en contra de los hombres y a favor de las mujeres a la hora de participar en igualdad de condiciones en un sistema donde el éxito depende de la capacidad para aprovecharse de las desigualdades ajenas. Tanto el uno como el otro no son más que simples ejercicios de hipocresía, destinados a posicionar a sus partidarios lo más alto posible en este irracional sistema llamado capitalismo, perpetuando así su sinrazón.

 

En una sociedad dominada por la mentalidad idealista (según la cual, la sociedad no influye para nada en el individuo y éste es responsable en exclusiva de sus actos), cuyo objetivo es ocultar la responsabilidad del sistema de explotación capitalista en el malestar social (ocultar que las relaciones humanas se hayan convertido en un infierno por el insaciable afán de lucro al que el capitalismo aboca a la humanidad), el masculinismo podría llegar a convertirse en los próximos años en un negocio muy parecido al que hoy representa el feminismo, acaparando subvenciones privadas y públicas, siendo ya hoy una lucrativa profesión para muchos debido a su carácter novedoso y a la escasez de competidores [2].
 
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[1] Las teorías del patriarcado, ideadas por el llamado feminismo de clase, analizan el capitalismo como un sistema esencialmente masculino, destinado a oprimir exclusivamente a las mujeres. Con lo que para el feminismo de clase bastaría con feminizar el capitalismo para que las mujeres puedan dejar de estar oprimidas. Unas teorías que, a pesar de su aparente radicalidad, en el fondo, acaban eximiendo también de toda responsabilidad al sistema social, al depositar la responsabilidad primaria en la condición sexual y no en la social.

 

[2] Hoy, muchos antifeministas y masculinistas ya son beneficiarios de subvenciones privadas a través de fundaciones o think tanks creados a tal efecto (como es el caso de la polémica y mediática asociación HazteOir), o través de sistemas de micromecenazgo cibernético como Patreon, que permite ya a muchos youtubers antifeministas dedicación exclusiva a sus vídeos (como es el caso del popular youtuber Un Tío Blanco Hetero).
 
https://criticamarxistadelfeminismo.blogspot.com/2019/04/feminismo-y-masculinismo-dos-caras-de.html
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